El franquismo destituyó a Luca de Tena

La publicación en este periódico de los papeles secretos de la conspiración monárquica de 1948 da ocasión de reconstruir un episodio previo de la censura franquista contra ABC. Más de sesenta trabajadores de Prensa Española, la empresa editora del diario, habían perdido la vida durante la Guerra Civil, en la que su presidente, Juan Ignacio Luca de Tena, había combatido. Las instalaciones de ABC, donde se había confeccionado una rocambolesca edición republicana, fueron recuperadas llamativamente intactas en marzo de 1939. No se contaba con ello, pero mucho menos con la asfixia que se avecinaba por parte de unas autoridades que se presumían afines.

La militancia dinástica del diario pronto supuso un quebradero de cabeza para el otrora gentilhombre de cámara del Rey. El general Franco, caracterizado monárquico hasta la fecha, no tenía prisa por ceder paso a la Corona; y lo que era peor: había entregado el control de la prensa a Falange. El «partido» pocos miramientos iba a tener con la que calificaba de «peste borbónica». La censura estrechó su basta pezuña sobre ABC y el Gobierno nombró en noviembre de 1939 embajador en Chile al presidente de Prensa Española. Y no contento con evitar que el marqués pusiera el rotativo al servicio de la causa alfonsina, le impuso un director, José Losada de la Torre.

En febrero de 1941 falleció Alfonso XIII en Roma y, dos años después, el curso de la Segunda Guerra Mundial, adverso entonces para el Eje, brindaba una oportunidad a la causa monárquica. En la primavera de 1943 Luca de Tena regresó a España y retomó la presidencia efectiva de Prensa Española cuando se recrudecía la presión juanista contra el régimen. En junio y septiembre, Franco recibió sendas cartas en favor de la restauración de la «monarquía católica tradicional». Las firmaban, respectivamente, un grupo de procuradores en Cortes y de prestigiosos generales, preocupados todos por la grave situación internacional.

Don Juan de Borbón, por su parte, se lanzó a una estrategia de ruptura con el franquismo que culminó en enero de 1944. En la carta remitida al jefe del Estado, el Conde de Barcelona se desmarcaba de Falange y «el totalitarismo de V.E.». Temiendo lo que pudiera ocurrir en España ante una hipotética victoria aliada, se ofrecía como alternativa. El inspirador del cisma era José María Gil Robles, antiguo líder católico en la Segunda República y ahora consejero áulico en Estoril. Gil Robles encabezó en marzo de ese año un manifiesto en favor de Don Juan, también suscrito por los catedráticos Palacios, Pabón, García Valdecasas y López Ibor, sancionados los cuatro con breves deportaciones a la España rural.

Peor destino aguardaría al expolítico de la CEDA. El 4 de mayo, y ausente de Madrid Luca de Tena, la censura impuso a ABC la publicación de la pieza «El apuntalador de la República», donde se denunciaba cómo Gil Robles había ventilado su «traición» en declaraciones a diversos periódicos americanos. Entre otras injurias, se sugería que al estallar la Guerra Civil había abandonado unas fichas de militancia política para facilitar a los milicianos sus macabros «paseos».

Luca de Tena leyó el artículo de regreso a la capital y montó en cólera contra el director de ABC por permitir su publicación sin firma, que comprometía editorialmente al medio. Acto seguido, envió una carta de desagravio a Gil Robles que debió de circular mucho por los mentideros españoles. El 26 de mayo de 1944 las autoridades de la censura dictaron un oficio «muy urgente» para prohibir toda alusión en la prensa a Juan Ignacio Luca de Tena, Agustín de Foxá y José Vicente Puente. Es de suponer algún comentario inoportuno con el poder en un conversador deslenguado y montaraz como Foxá. Puente cometería algún desliz en una conferencia pronunciada en la Escuela Oficial de Periodismo. La presidió el jefe de los censores, un Juan Aparicio al que se atribuía la redacción de «El apuntalador de la República».

Poco después el ministro de la Gobernación cursaba una expeditiva orden a todos los periódicos: publicar la destitución del marqués de Luca de Tena como presidente del Consejo de Administración de Prensa Española. El ABC lo hizo, forzado, «en primera plana, en negrita y con recuadro». La severa medida se sustentaba en una ley de 1939 por la que el Ejecutivo se reservaba las «renovaciones» de los cargos directivos de las sociedades anónimas con capital superior a cinco millones de pesetas. Se estimaba ahora que Luca de Tena había dejado de reunir «las condiciones de moralidad pública y adhesión al Régimen indispensables».

No duró mucho la ley del silencio decretada contra el también autor teatral. En junio el rotativo familiar daba cuenta de la reposición de El huésped del sevillano, zarzuela basada en un libreto del aristócrata, que a finales de año estrenaba La escala rota. Más se demoró su rehabilitación como directivo. Luca de Tena fue repuesto en la presidencia de Prensa Española en enero de 1948, unas semanas después de ingresar en la Real Academia Española. Hacía casi dos años que había forzado la remoción del servil Losada de la Torre como director del ABC.

Álvaro de Diego González, profesor de Historia Contemporánea Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).

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