El frente occidental

Por Thomas L. Friedman, analista político estadounidense (EL PAIS, 25/03/03):

En esta guerra de Irak hay tres frentes: uno en Irak, otro entre Estados Unidos y sus aliados occidentales y el otro entre Estados Unidos y el mundo árabe. Todos se están viendo afectados por este alarde unilateral de poder por parte de Estados Unidos. De momento, me he integrado en el frente occidental, donde puedo informar, todo está tranquilo. Francia está escandalizada y sobrecogida. No, no hay un abandono masivo de la posición adoptada por el Gobierno y la opinión pública franceses en contra de la guerra en Irak.
Pero el airado cisma que esto ha abierto entre París y Londres y Washington ha horrorizado a muchos y ha llevado a algunos a preguntarse si Francia no habrá ido demasiado lejos. El título del último reportaje de portada de la revista francesa Le Point era de lo más indicativo: “¿Se han pasado de la raya?”, en referencia al presidente, Jacques Chirac, y a su ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin.

Chirac y De Villepin siguen insistiendo en que la suya ha sido una oposición basada en principios que finalmente se verá justificada. Pero algunas voces dentro de la élite de la política exterior francesa y de la comunidad empresarial -que depende enormemente de EE UU para el comercio y para la inversión- ahora dicen que Chirac y De Villepin han ido demasiado lejos. El término que más se oye es “intoxicados”. Estos dos se intoxicaron tanto por la popularidad que su actitud antiestadounidense y contra la guerra adquirió en toda Europa y en el mundo, que pasaron de exigir legítimamente el respaldo de la ONU a cualquier uso de la fuerza en Irak a bloquear cualquier aprobación por parte de Naciones Unidas del uso de la fuerza, convirtiendo de hecho a Francia en abogado y protector de Sadam Husein. “Ahora los ciudadanos están un poco perdidos”, ha declarado Alain Frachon, veterano periodista de Le Monde. “Les gusta que su país haya dado la cara por un principio, pero no les gusta la ruptura con Estados Unidos. Se sienten avergonzados por ello”.

Altos cargos franceses insisten en que su disputa con Estados Unidos se refería a los medios, no a los fines. Pero eso no es cierto. Se refería a la enorme disparidad de poder que ha surgido entre Estados Unidos y Europa desde el final de la guerra fría gracias a la enorme inyección de tecnología y dinero que ha recibido el Ejército estadounidense. Esa disparidad quedó enmascarada durante una década por el toque más suave del equipo de Clinton y por la cooperación en cuestiones de segundo orden, como Kosovo y Bosnia.
Pero el 11-S supuso una amenaza de primer orden contra Estados Unidos. Eso, combinado con los instintos unilateralistas del equipo de Bush, acabó empujando a Estados Unidos a desplegar su aumentado poder en Irak, sin preguntar a nadie. De ahí la conmoción y el sobrecogimiento actuales en Europa. Como señala Robert Kagan, cuyo libro Of Paradise and Power detalla este desfase de poder: “Hoy en día, nosotros y los europeos somos como dos que se despiertan un día, se miran y se dicen: “¡tú no eres la persona con la que me casé!”.

Sí, hemos cambiado. “Lo que Chirac no entendió era que entre la caída del muro de Berlín y la caída de las Torres Gemelas se había creado un nuevo mundo”, afirma Dominique Moisi, experto francés en política exterior. “En el pasado, los estadounidenses nos necesitaban contra los soviéticos y nunca habrían llegado hasta el extremo de castigar a Francia por descarriarse. Pero después del 11-S eso ha cambiado. Desde entonces, ustedes están en guerra y nosotros no, y no hemos integrado en nuestra forma de pensar esa realidad y la voluntad estadounidense de actuar por su cuenta. Ahora tenemos menos intereses en común y unas emociones más divididas”. De hecho, los franceses sostienen que esta guerra sólo traerá males: más terrorismo, un peligroso precedente de guerra preventiva y bajas civiles. El equipo de Bush sostiene que esta guerra cambiará las reglas del juego, que será la chispa de la reforma en todo el mundo árabe y que intimidará a otros tiranos que apoyan a los terroristas.

¿Puede esta guerra producir más lo que espera el equipo de Bush que lo que predicen los europeos? Sí. ¿Puede cerrarse la brecha abierta entre Europa y Estados Unidos? Sí. Pero ambos desenlaces dependen de una cosa: de cómo reconstruyamos Irak. Si organizamos un follón en el país, todo el mundo se aterrorizará aún más ante el poder sin trabas estadounidense. Si reconstruimos Irak convirtiéndolo en una sociedad respetable y democratizada -a lo que la gente justa diría: “Estados Unidos, lo habéis hecho bien”-, el abismo de poder entre Estados Unidos y Europa será salvable.

Sin embargo, por ahora, los europeos están demasiado atónitos ante este enorme alarde de poder unilateral estadounidense como para pensar con claridad de qué se trata. No consigo dar del todo en el clavo, pero aquí la gente parece sentir que se ha roto cierto contrato entre Estados Unidos y el mundo. Razón por la cual tantas cosas, aparte de Irak, dependen de lo que el equipo de Bush construya en Irak. Si lo construimos, cambiarán de opinión… Espero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *