El futuro de África depende de mejorar su educación

El futuro de África depende de mejorar su educación

Es el momento de una revolución empresarial y del conocimiento en África. Solo una clase emprendedora y una fuerza laboral que cuenten con la educación adecuada tendrán las habilidades y el impulso para prosperar cuando las nuevas tecnologías cambien la naturaleza del trabajo, el ocio, el medio ambiente y la sociedad, además de enfrentar los retos más urgentes de

Muchos africanos y extranjeros comparten esta visión. Cuando el Presidente francés Emmanuel Macron visitó Nigeria en julio de 2018, hizo una atrevida predicción: si los emprendedores africanos más jóvenes trabajaran duro e innovaran, cambiarían sus países y transformarían el mundo.

De manera similar, cuando Mark Zuckerberg de Facebok visitó un Centro de Co-Creación en Lagos en 2016, quedó impresionado por la “energía” de los innovadores jóvenes del país, es decir, los emprendedores sociales, las compañías tecnológicas y los inversionistas que colaboran para solucionar algunos de los retos más difíciles que afronta Nigeria.

Pero esa energía no puede ir mucho más allá sin educación. En efecto, si bien Macron y Zuckerberg hacen bien en inspirarse en la juventud africana, la revolución de emprendimiento y conocimientos que se precisa para asegurar un futuro próspero para el continente solo puede ocurrir acompañada de una revolución en la educación. En pocas palabras, tenemos que lograr que todos los niños africanos vayan a la escuela, de modo que la próxima generación de emprendedores tenga las habilidades necesarias para el éxito.

África se enfrenta a enormes retos en la reforma de su sector educativo. Si bien el acceso a la educación ha aumentado radicalmente en los últimos 25 años y hay más niños y niñas escolarizados que nunca antes, muchos de ellos todavía no aprenden lo que necesitarán para florecer hoy y en el futuro. De continuar la actual tendencia, para 2050 cerca de un tercio de los mil millones de jóvenes africanos carecerá de un dominio básico de materias como las matemáticas, comprensión de lectura y otros. Millones no podrán recibir un empleo ni producir.

Las insuficiencias actuales de África debilitan su capacidad de desarrollo. Según el Foro Económico Mundial, el continente necesita otro millón de profesionales graduados de la universidad para dar respuesta a sus retos de sanidad, energía y desarrollo más urgentes.

Pero la educación de esos científicos y potenciales emprendedores es una batalla cuesta arriba. La tecnología ha transformado los lugares de trabajo, pero los planes de estudio, los modos de aprender e instruir, y la calidad de los profesores siguen a la zaga. Incluso las escuelas de buena calidad muestran una brecha entre las habilidades que necesitan los estudiantes –como pensamiento crítico y resolución de problemas- y lo que se les enseña. A menos que se dé respuesta a estas insuficiencias, la fuerza de trabajo africana será incapaz de liderar el tipo de cambio que muchos esperan.

No hay duda de que África no es la única en enfrentarse a este desafío. De acuerdo a un informe publicado en 2016 por la Comisión Internacional sobre el Financiamiento de las Oportunidades de Educación Global (la Comisión de Educación), donde sirvo como uno de los comisionados, para 2030 más de 800 millones de niños (la mitad de la población en edad escolar del planeta) se graduará o abandonará la escuela sin poseer las habilidades necesarias para un empleo decente. Se trata de una crisis educativa global que precisa de una solución global.

La financiación es uno de los mayores obstáculos a la hora de mejorar la calidad de la educación. Hoy en día, solo un 10% de los fondos de asistencia oficiales para el desarrollo se destina a programas educativos en países pobres. Está claro que deben aumentar, pero incluso un aumento en los niveles de financiación no bastaría para asegurar que cada niño en cada escuela efectivamente esté aprendiendo. Para lograrlo, necesitamos nuevos enfoques de apoyo a la educación y nuevos mecanismos para solicitar y entregar financiación.

A lo largo de varios años he colaborado con colegas de todo el mundo procedentes del sector estatal, la sociedad civil y los privados para ayudar a la Comisión de Educación a estudiar soluciones de financiación. Llegamos a una idea buena y novedosa: la creación de una Entidad de Financiación Internacional para la Educación (IFFEd, por sus siglas en inglés), que agrupe fondos de donantes para facilitar la obtención de préstamos de instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo Africano. Además, busca ayudar a los países de ingresos medio-bajos a acceder al crédito con tasas favorables y evitar la trampa del endeudamiento de los préstamos con altos intereses. En último término, al reunir $2 mil millones de garantías de donantes, la IFFEd los convertirá en $10 mil millones en subvenciones y fondos de concesión disponibles para algunos de los países más necesitados del mundo.

Sin embargo, el cambio tiene que comenzar por casa. La entidad solo tendrá éxito si los países africanos aumentan su gasto interno en educación. En promedio, los países más pobres solamente destinan un 3% de sus presupuestos nacionales a la escolarización, frente al 4% de los países de ingresos medios. Nuestros datos indican que esas cifran deberán elevarse a un 5 o 6% para marcar una diferencia duradera. Si bien las inversiones en infraestructura física como caminos y ferrovías son esenciales, invertir en mentes jóvenes es igual de importante.

En África cuesta cerca de $400 educar a un menor en edad escolar, una fortuna para muchas familias que se esfuerzan por llegar a fin de mes. Pero para los gobiernos africanos y de todo el mundo, es un precio pequeño por capacitar a los creadores de la prosperidad futura. Después de todo, como dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más potente que tenemos para cambiar el mundo”.

Aliko Dangote, Founder and Chief Executive of the Dangote Group and Chairman of the Dangote Foundation, is the Co-Founder of the African Energy Leaders Group and a member of the Education Commission. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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