El futuro de Al Qaeda

Una silla de plástico se yergue en medio de edificios destruidos en Kobane (frontera entre Siria y Turquía), tras meses de guerra contra Estado Islámico. O. ORSAL / REUTERS
Una silla de plástico se yergue en medio de edificios destruidos en Kobane (frontera entre Siria y Turquía), tras meses de guerra contra Estado Islámico. O. ORSAL / REUTERS

Los estados árabes están comprobando cada vez más que el peor grupo terrorista del mundo se está transformando poco a poco en la mejor opción para la paz en Oriente Próximo.

En Washington y otras capitales occidentales parece haber una confusión generalizada sobre la condición actual y el futuro de Al Qaeda. Algunos representantes gubernamentales occidentales insisten en que Al Qaeda ya no es una amenaza terrorista importante y que ya ha sido derrotada por el más popular y brutal Estado Islámico (IS). Otros sostienen que se está expandiendo por Siria y Yemen, que sigue fuerte en Pakistán y Afganistán, y que aún constituye la más importante amenaza terrorista para Occidente.

Recientes acontecimientos en Oriente Próximo han generado crecientes contradicciones en la política occidental. En Siria, Estados Unidos ha estado bombardeando a Jabhat al Nusra, filial local de Al Qaeda y no sólo al IS. Sin embargo, los miembros árabes de la coalición encabezada por EEUU en contra del IS, incluidos Turquía, Qatar y Arabia Saudí, apoyan activamente a Al Nusra con armas y dinero. En Yemen, EEUU ha llevado a cabo contra Al Qaeda de la Península Arábiga (AQAP) una campaña de años de duración con drones. Sin embargo, gran parte del mundo árabe está ahora poniéndose del lado de AQAP en la guerra dirigida por los saudíes contra los hutíes.

El IS llama la atención por su capacidad para ganar y mantener territorios y atraer a miles de reclutas occidentales. Está operativo en más de una docena de países que se extienden desde Túnez a Pakistán y está llevando a cabo un proyecto de constitución de un Estado (el Califato) en Siria e Irak como el que sólo Al Qaeda pudo soñar. El IS también ha fusionado prácticamente Siria e Irak en un único campo de batalla, cambiando el mapa del mundo árabe. El IS ha organizado una campaña genocida contra todas las minorías musulmanas y no musulmanas dentro del mundo árabe. El impacto más peligroso que tendrá el IS a largo plazo es la guerra interminable que fomenta entre suníes y chiíes, que podría dividir el mundo musulmán durante décadas.

Sin embargo, Al Qaeda ha cambiado profundamente desde que Osama bin Laden fuera asesinado, surgiera el IS y el hundimiento de Oriente Próximo se convirtiera en una realidad. Así las cosas, la pregunta es aún más pertinente. Si Al Qaeda está cambiando, ¿es para mejor o para peor? ¿Será capaz de hacer frente al IS?

Es cierto que Al Qaeda está mucho más disminuida, con presencia sólo en Siria, Irak y Yemen a través de sus filiales y con sus santuarios en Afganistán y Pakistán, que mantienen vivo a Ayman al Zawahiri, el jefe de Al Qaeda. Asimismo se ha distanciado cada vez más de la estrategia del IS y de sus objetivos bélicos, tanto en Siria como en Yemen. Todo ello ha dado lugar a las diferentes percepciones que tienen EEUU y los países árabes sobre cómo debe llevarse a cabo la guerra contra el IS. De hecho, en medio del caos de los conflictos simultáneos en Siria, Irak, Yemen y Libia, en estos momentos se están librando dos superguerras que tienen poco que ver entre sí.

La primera guerra que está librando Estados Unidos y sus aliados occidentales es la que tiene por objetivo el IS, aunque también haya bombardeado a Jabhat al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, y a AQAP, en Yemen. Ambas organizaciones tienen actualmente en su poder un territorio considerable de sus respectivos estados. Es significativo que los estados árabes no estén tomando parte en esta guerra, ni estén dando Inteligencia ni apoyo a los estadounidenses en el bombardeo de estas dos organizaciones.

La segunda guerra es la que están librando los estados de la zona, principalmente Arabia Saudí, Turquía, Qatar, los Emiratos del Golfo, Jordania y Egipto. En esta guerra, los estados árabes evitan manifiestamente bombardear o atacar a Al-Nusra o a AQAP y, de hecho, en la actualidad les están proporcionando dinero y armas. Esto se debe a que ambos grupos han declarado unos objetivos propios que son compartidos por los estados árabes.

Al Nusra ha declarado que su objetivo principal es derrocar al régimen sirio de Asad, derrotando a la milicia proiraní de Hizbulá y cortando el apoyo iraní a Asad. AQAP está resistiendo el levantamiento chií de los hutíes y también quiere sacar a Irán de Yemen. Éstas son exactamente las mismas prioridades de Arabia Saudí y los estados árabes, por lo que Al Nusra y AQAP han pasado a ser aliados.

Los estados árabes han llegado a considerar a las dos facciones de Al Qaeda como las herramientas más eficaces para contener al IS y a Irán y para lograr una posible derrota de Asad. Todo esto choca con los objetivos e intenciones de EEUU. Obama insiste en que no hay diferencias entre el IS y los dos grupos de Al Qaeda. Es cierto que AQAP ha demostrado en los últimos años capacidad de planear ambiciosos ataques contra objetivos occidentales, pero es posible que ese período esté llegando a su fin.

Los árabes se justifican con el pretexto de que Al Qaeda podría estar cambiando. Véase el caso de Al Nusra. A diferencia del planteamiento extremista puesto en práctica por el IS (quien no se entrega al IS es sacrificado), Al Nusra está cooperando con otros grupos contrarios a Asad y recientemente se sumó al Ejército de la Conquista, formado por varios grupos que se han apoderado de territorios al norte de Siria. Además, frente al reclutamiento multinacional del IS, los combatientes de Al Nusra son sirios casi en su totalidad, lo que los hace más fiables y patriotas. Por si fuera poco, en entrevistas con Al Yazira, los jefes de Al Nusra se han comprometido a no atacar objetivos en Occidente, han rebajado el tono en la aplicación de su propia versión brutal de la ley islámica y han suspendido las ejecuciones de minorías. Más importante aún es que están aspirando a ser yihadistas nacionalistas, deseosos de centrarse en Siria en vez de en una yihad a escala mundial, y de renunciar a aplicar su versión implacable de la ley islámica.

Estos cambios son evidentes en AQAP, cuya toma de control de la provincia yemení de Hadramut se ha resuelto sin violencia. AQAP se apoderó de la capital, Mukalla, robó el banco y luego se retiró, no sin dejar constituido un consejo de ancianos para gobernar la provincia y renunciando a imponer sus leyes islámicas. AQAP ha instado a los ancianos a centrarse en la prestación de servicios a la población. Que los árabes juzguen si AQAP ha cambiado realmente o no dependerá de su actitud a largo plazo hacia los chiíes y las minorías no musulmanas, que ha exterminado en el pasado.

El acercamiento árabe a Al Qaeda se produce al mismo tiempo que parecen haber fracasado las políticas estadounidenses. Tanto el esfuerzo de EEUU por constituir un denominado frente moderado en Siria como por unir a suníes y chiíes en Irak recurriendo a la corrupta clase dirigente chií iraquí parece demostrarse ahora una estrategia condenada al fracaso. Mientras Estados Unidos bombardea a Al Nusra y AQAP parece que los estados árabes confían en ambas para hacerse cargo de Siria en el futuro. Con el dinero de los árabes, Al Nusra y AQAP están ganando capacidad para mejorar la gobernación, la responsabilidad pública y la estructuración de un Estado.

Desde Afganistán, el cabecilla de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, ha ordenado, según ciertas informaciones, que por el momento cesen los ataques sobre EEUU, de manera que AQ y sus afiliados no se distraigan de sus objetivos en Oriente Próximo. Nasir al Wuhayshi, que esta semana murió víctima de un ataque de EEUU, recibía órdenes de Zawahiri, al igual que Mohamed al Jawlani, líder de Al Nusra.

Con 230.000 muertos y 7,6 millones de personas desarraigadas sólo en Siria, los estados árabes desean un rápido final de Asad y una solución para Siria. Saben que la solución no vendrá de los débiles moderados a los que respalda EEUU sino de los poderosos y despiadados islamistas. Es sólo cuestión de tiempo que los estados árabes empiecen a negociar formalmente con Al Qaeda, Al Nusra y AQAP. En última instancia, para EEUU la opción más humillante será imitar a sus aliados árabes y abrir un diálogo con ellos con el fin de deshacerse de Asad en primer lugar y de estabilizar Siria después, incluyendo la protección de las minorías. Occidente, le guste o no, debe darse cuenta de que se está moviendo el terreno debajo de sus pies y que la Primavera Árabe está ahora a punto de derivar en una paz dominada por los fundamentalistas islámicos.

Ahmed Rashid es periodista y escritor. Autor de ‘Pakistán ante el abismo. El futuro de EEUU, Pakistán y Afganistán’.

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