El futuro de China

En Pekín se especula estos días sobre si el presidente Xi Jinping va a seguir una línea dura como Yuri Andrópov, el exjefe del KGB que antecedió a Mijaíl Gorbachov, o si está señalando a la izquierda para girar a la derecha,es decir, endureciéndose ahora para ser más liberal después, porque “solo un líder fuerte puede hacer reformas”.

¿O quizá acabaremos viendo algo completamente distinto, la implantación firme, pero lenta y gradual, de reformas de compromiso durante la próxima década?

El nombre de Andrópov surge porque, para reforzar el poder del partido, el Gobierno ha tratado de reprimir Weibo, la web en la que 600 millones de internautas exponen en microblogs sus quejas sobre las expropiaciones ilegales de tierras, la contaminación ambiental o la leche estropeada. Las nuevas reglas castigan a cualquiera que reenvíe “informaciones falsas” a más de 500 personas. También ha habido medidas represivas contra los llamados “grandes blogueros”, con millones de seguidores, a pesar de que se limitan a repetir los llamamientos oficiales a luchar contra la corrupción y defender la Constitución. En su día, Andrópov intentó acabar con la corrupción y la afición de la nomenclatura al vodka reforzando la disciplina de partido y reprimiendo la libertad de expresión.

Lo de señalar a la izquierda para girar a la derecha se refiere a que el presidente Xi afirmó en diciembre su propósito de “cumplir la Constitución”, que garantiza la libertad de expresión y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Estos días he intentado discernir cuál de las hipótesis mencionadas se acerca más a la verdad, durante una serie de reuniones con los máximos dirigentes chinos, incluidos el presidente Xi y el primer ministro, Li Keqiang, que recibieron, en vísperas del esperado Tercer Plenario, a los treinta y pico miembros del Consejo del Siglo XXI del Instituto Berggruen.

El grupo habló también con generales del Ejército Popular de Liberación, altos funcionarios que han elaborado las propuestas de reformas para el Plenario, y gobernadores y secretarios locales de Zhejiang, Guangdong y Yunan.

En las conversaciones sobresalieron dos temas: que las reformas que se van a anunciar en el Plenario serán “de gran alcance” y que China está dispuesta a asumir un liderazgo más activo en la comunidad internacional.

Los líderes chinos nos presentaron su visión general del sueño chino y dijeron que el país se encuentra en una nueva fase, en “la parte profunda” de las reformas y la apertura de Deng Xiaoping.

Nuestro interlocutor era Zheng Bijian, también miembro del Consejo del Siglo XXI y uno de los autores del famoso informe de la gira meridional de Deng del que surgieron esas grandes reformas que, según Deng, se prolongarán 100 años. Su presencia era un vínculo importante con dicho legado.

Los líderes subrayaron que las reformas “para el pueblo” que estudiará el Plenario son “reformas económicas, políticas, sociales y ecológicas de gran alcance”. El presidente destacó que todos los problemas de China están relacionados y no pueden abordarse de forma individual.

Expresaron además su confianza en que China podrá lograr el objetivo de duplicar su renta per capita entre 2010 y 2020, con un crecimiento previsto de al menos un 7% anual, gracias, dijeron, a las reformas estructurales orientadas hacia el mercado que se presentarán y a lo que han aumentado la urbanización y el consumo interno.

Destacaron también que, si bien las reformas y la apertura han sacado ya a 600 millones de personas de la pobreza en los últimos 30 años, están decididos a lograrlo con los 100 millones restantes en las próximas décadas.

Según ellos, el sueño chino y la transición de la clase media solo podrán ser realidad si se mantiene la apertura y el diálogo con el mundo interdependiente actual. China, dijeron, no va a cerrar nunca sus puertas.

Para que el mundo pueda asegurar la interdependencia en la que se apoya la prosperidad mundial, China está “dispuesta” a ser “más activa” —dice el presidente— en los asuntos mundiales y a colaborar con el G20 y otros para establecer las nuevas reglas del juego.

La tendencia actual es evitar conflictos que perjudiquen el desarrollo y construir, en palabras de Zheng, “comunidades de interés basadas en una mayor convergencia” en campos como el libre comercio, la estabilidad financiera y la lucha contra el cambio climático.

Lo que hay que saber es, claro está, qué significa una reforma “de gran alcance”.

Después de hablar con varios de los autores del informe para el Plenario, he aquí algunos cambios posibles:

—En general, “más mercado y regulación y menos intervención oficial en las decisiones económicas” y, por tanto, menos corrupción y más eficacia.

—Pese a las advertencias contra “ideas occidentales” como la “independencia judicial” y el “Estado de derecho”, se prevé la creación de tribunales regionales de apelación, con jueces más independientes de las autoridades locales.

—Para acabar con la corrupción sistémica, se apartarán las decisiones sobre desarrollos urbanísticos de las autoridades locales y los ingresos de esos contratos se sustituirán por un impuesto sobre bienes inmuebles.

—Algunos de los redactores de la reforma han propuesto conceder “representación” a las ciudades para reforzar el peso político de los hogares frente a la parte industrial y empresarial de la renta nacional.

—Se reformará el sistema del hukou, que hace que los inmigrantes en las ciudades no puedan beneficiarse de la educación ni los servicios locales porque no son residentes oficiales.

Este último aspecto es el mejor ejemplo de que los problemas de China están interrelacionados y hay que abordarlos de manera global. Una “reforma total” del hukou abrumaría a las ciudades sin los ingresos suficientes para ofrecer servicios públicos a los nuevos residentes, y empeoraría el problema. Por eso la reforma fiscal y la autonomía fiscal local están ligadas a los derechos de los inmigrantes.

—Se exigirán informes de impacto ambiental en todos los proyectos urbanísticos, y en la evaluación del rendimiento de los funcionarios será más importante si contribuyen a la limpieza y la calidad ambiental que a aumentar el PIB.

Veremos si estas reformas y otras similares superan el obstáculo del Comité Central y los intereses particulares. Lo que está claro es que el ritmo de gobierno es lento y prudente, poniendo a prueba ideas audaces en proyectos piloto —como la Zona de Libre Comercio de Shanghái, que estará totalmente abierta a la economía mundial— para ver si funcionan antes de generalizarlas.

Las medidas contra Weibo han causado consternación, porque son muchos los blogueros que se pasan de la raya y a los que invitan a “tomar una taza de té con una nube de miedo”. El PCC no quiere sufrir la suerte del Partido Comunista Soviético y por eso pretende anular la glásnost (transparencia) que permitían los blogs.

Lo paradójico es que, con eso, las autoridades están provocando lo que querían evitar. Cuando se alzó el velo que cubría las mentiras del partido soviético, no quedó nada. Pero China no es muy distinta. En China, el emperador está vestido, porque el Partido y el Gobierno llevan 30 años trabajando para la sociedad.

Una glásnost china podría ser positiva para el Partido, si permitiera que la gente exprese libremente sus preocupaciones y que se haga algo para resolverlas. La censura no refuerza la autoridad del Gobierno, sino que debilita su relato.

Ante las especulaciones sobre el rumbo que van a seguir el presidente Xi y sus camaradas, la respuesta es, seguramente, un poco de todo. Como nos dijo el presidente, “la montaña parece distinta según el ángulo desde el que se mire. Cuando se está encima, es difícil ver el conjunto”.

Nathan Gardels es director de Global Viewpoint Network y coautor con Nicolas Berggruen de Intelligent Governance for the 21st Century: A Middle Way Between West and East. © 2013 Global Viewpoint Network / Tribune Media Services. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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