El futuro de Estados Unidos será hispano

La Historia es caprichosa. A lo largo de los siglos las naciones se han forjado con el esfuerzo, el trabajo y la determinación de muchos hombres y mujeres. Nombres que han conocido la fama, el prestigio y el reconocimiento, pero también otros muchos que han quedado olvidados para siempre. Nuestro país es un buen ejemplo de ello y en su existencia centenaria, muchos españoles han contribuido decisivamente al devenir de España como Nación y la Historia ha sido ingrata con ellos. Pero además, otros muchos han contribuido al nacimiento de otros países, especialmente en América.

Pedro Casanave fue un joven comerciante navarro que llegó a Estados Unidos en 1785 y que en pocos años se hizo con un sitio privilegiado en la alta sociedad de Georgetown, llegando a ser alcalde de esta ciudad. Ocupando este puesto, Casanave fue el encargado de colocar la primera piedra en la Casa Blanca, por entonces conocida como Casa del Presidente y que, a partir de 1800, sería la residencia permanente de todos los dirigentes estadounidenses en el 1.600 de Pennsylvania Avenue. La fecha elegida para el inicio de esta construcción no fue al azar: el 12 de Octubre de 1792, coincidiendo con el tercer centenario del descubrimiento de América. Y es que Washington D.C., ciudad fundada en 1790 al este de la ya existente Georgetown, debe su nombre de distrito de Columbia precisamente al descubridor de América, Cristóbal Colón.

El futuro de Estados Unidos será hispano

Como ésta, hay miles de historias, generalmente olvidadas, que unen a España y a Estados Unidos. En los recientes años, la herencia cultural española está cada vez más presente gracias al importante aumento que la comunidad hispana está teniendo. Según el último censo oficial, más de 52 millones de ciudadanos estadounidenses son de origen hispano. Por tanto, ya hay más hispanos en Estados Unidos que españoles en España. No obstante, los vínculos entre ambos países no son cosa del pasado, sino del presente y lo serán todavía más en el futuro.

En los últimos años Estados Unidos ha visto cómo los hispanos han ido ganando terreno en el campo de la empresa, la universidad, los medios de comunicación, la cultura, la política, etcétera.

Su influencia en el devenir político del país es ya determinante. En la última década, tanto George W. Bush como Barack Obama comprendieron que para ganar la Casa Blanca tenían que contar con el respaldo de la comunidad latina. En las últimas elecciones de 2012, se batió el récord del número de hispanos registrados para votar, con más de 24 millones de potenciales votantes, pero de ellos sólo acudió a las urnas el 48%. Muchos hispanos no acuden por desconocimiento o desidia. Por ello, se habla del «gigante dormido», por la capacidad de influencia que los hispanos tendrán en los próximos años, cuando los niveles de participación en las urnas aumenten. Ningún candidato podrá ganar la Presidencia, y por extensión otras contiendas electorales, sin convencer a la población hispana.

El peso creciente de los hispanos en el ámbito político también se refleja en su capacidad para ser elegidos. En la última década, multitud de puestos de Gobierno, desde alcaldías hasta escaños en el Congreso, pasando por puestos de gobernador y cargos de confianza de la Administración del presidente de turno, están siendo ocupados por políticos hispanos.

No obstante, hay que señalar que una de las características de la comunidad hispana de Estados Unidos es su heterogeneidad. El idioma es el principal nexo de unión entre ellos y, por extensión, con España. Desde 1980 el crecimiento del uso del español ha sido exponencial y hoy es hablado por 37 millones de personas. Ya no podemos hablar del español en Estados Unidos, sino que sería más preciso hablar del español de Estados Unidos. En este sentido, España tiene que desarrollar un gran esfuerzo para que la difusión y la enseñanza del idioma español no se pierda. El instituto Cervantes está haciendo un excelente trabajo, pero ha de ser complementado por una política de Estado que ayude a España a reforzar su papel y su influencia en Estados Unidos a lo largo de las próximas décadas. Nuestro país no debería dejar pasar esta oportunidad estratégica e histórica de reforzar sus vínculos atlánticos aprovechando el auge de la comunidad hispana de Estados Unidos. España cuenta con una ventaja competitiva frente a otros países que ha de saber jugar. Pero existe un dato preocupante que las autoridades españolas deberían tener en cuenta. Según el Pew Research Center, se estima que, a pesar del aumento de la población latina, el número de hispanos que habla español podría reducirse.

Los hispanos son, ante todo, estadounidenses, pero se muestran orgullosos de sus raíces y consideran el bilingüismo como un valor. Ahí esta la clave sobre cómo España ha de diseñar y ejecutar sus acciones de diplomacia en el medio y largo plazo, de tal manera que le permitan tener una posición mucho más relevante en Estados Unidos. El futuro de este país será hispano y España no puede perder este tren.

Daniel Ureña es director de The Hispanic Council.

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