El futuro femenino de los países con mercados en ascenso

Según las Naciones Unidas, el 70 por ciento de las mujeres del mundo padecen violencia en algún momento de su vida. El Banco Mundial añade que las mujeres de entre 15 y 44 años de edad tienen más probabilidades de padecer violación o violencia doméstica que cáncer, accidentes automovilísticos o paludismo. Esos indicadores son más alarmantes incluso en los países con mercados en ascenso, donde la discriminación y la desigualdad entre los sexos son particularmente prevalentes.

Ello refleja en parte el fracaso de la política pública para mejorar las consecuencias distributivas del rápido crecimiento económico. Como el sector no estructurado sigue desempeñando un papel importante en las economías en ascenso, con frecuencia las mujeres sólo tienen acceso a empleos inseguros y transitorios que ofrecen salarios esporádicos e irregulares. Entretanto, una urbanización sin precedentes ha trastocado las estructuras familiares tradicionales, con lo que ha socavado aún más el papel que pueden desempeñar las mujeres en las economías y las sociedades.

Las consecuencias perjudiciales de la discriminación sexual activa –como, por ejemplo, la quema de novias y el infanticidio femenino– están claras, pero la discriminación pasiva –tolerar las normas e instituciones que deniegan a las mujeres la igualdad a la hora de adoptar decisiones reproductivas, igualdad de acceso a la educación y al empleo, un salario igual para un trabajo igual, igualdad de derechos ante la ley y una igual influencia política– es igualmente destructiva.

La discriminación sexual, en todas sus formas, vuelve vulnerables a las mujeres ante la esclavitud sexual, la trata y el matrimonio forzoso, priva a las mujeres de sus derechos inalienables y menoscaba su calidad de vida. Al mismo tiempo, atrofia la capacidad de los niños y los hombres para entender la difícil situación de las mujeres, con lo que reduce su motivación para cambiar la situación. Si bien esos problemas son mundiales, donde son más apremiantes es en los países con mercados en ascenso, donde están socavando los avances sociales y económicos en los que se basa cada vez más el resto del mundo.

A raíz de la crisis económica mundial, los mercados en ascenso han pasado a ser los motores del crecimiento mundial, pero esos países afrontan límites cada vez mayores a la sostenibilidad, la cohesión social y la estabilidad política, entre ellos la erosión de su competitividad internacional, la degradación medioambiental, las deficiencias (incluida la corrupción) en la gobernación nacional, local y empresarial, el desperdicio del capital humano y la desigualdad social, económica y sexual en aumento.

Al no aprovecharse totalmente los talentos de las mujeres, se socava el desarrollo económico de los mercados en aumento, mientras que la marginación y el abuso de las mujeres amenaza su adelanto social y empeora su estabilidad política. Como la mayoría de los países del mundo afrontan ahora una continua incertidumbre económica, la comunidad internacional tiene un interés especial en la capacidad de resistencia de las economías en ascenso y su capacidad colectiva para sostener la demanda mundial de bienes y servicios y para afrontar las dificultades –como, por ejemplo, la desigualdad sexual– que amenazan su éxito.

En un simposio reciente celebrado en el Green Templeton College de Oxford (y que yo presidí) se subrayó la importancia de la superación de esas barreras. Cincuenta dirigentes de los gobiernos, las empresas, la sociedad civil y el mundo académico concluyeron que la desigualdad sexual es la limitación del crecimiento sostenible, la cohesión social y la estabilidad política que más urgente resulta eliminar y acordaron las medidas necesarias para abordarla eficazmente.

En primerísimo lugar, las autoridades nacionales deben adoptar medidas concretas y amplias para velar por que las mujeres no se vean forzadas a abandonar las actividades productivas ni las reproductivas. Para ese fin, los gobiernos deben aplicar medidas que garanticen directa o indirectamente, sistemas asequibles de apoyo a la atención de los niños y los ancianos para los padres y las madres trabajadores.

Además, se debe alentar a los empleadores privados a que creen lugares de trabajo que los apoyen aplicando soluciones creativas para las limitaciones más comunes. Por ejemplo, MAS Holdings de Sri Lanka ha dotado el lugar de trabajo de instalaciones en las que las madres puedan amamantar a sus hijos, servicios bancarios in situ y autobuses de la empresa que facilitan los desplazamientos de los empleados y su participación en programas deportivos. Semejantes medidas no sólo propician un aumento de la productividad, sino que, además, refuerzan la lealtad y la moral de los empleados y, por tanto, su permanencia en la empresa.

Al mismo tiempo, reviste importancia decisiva que las mujeres gocen de una total autonomía reproductiva y soberanía sexual, lo que sólo se puede lograr con la prestación de un acceso universal y sin limitaciones a los servicios reproductivos y otros servicios de atención de salud pertinentes.

Pero incluso la reproducción sana tiene un aspecto siniestro. El neonaticidio (matar a niños de menos de un día de edad), el infanticidio (matar a niños de más de un día de edad) y el uso tradicional de deshacerse de la descendencia femenina y conservar la masculina no son sólo bárbaros, sino que, además, han provocado proporciones demográficas desequilibradas de los sexos en muchos países con mercados en ascenso.

Las autoridades deben imponer sanciones penales contra esos actos. Posteriormente, se deben lanzar programas educativos para niños y adultos, en colaboración con los grupos religiosos, para mejorar la comprensión pública de la desigualdad sexual. Al fomentar un cambio de las apreciaciones públicas, dichos programas pueden catalizar cambios fundamentales de comportamiento.

Las medidas internacionales son también decisivas. Se debe alentar al Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo a incluir los criterios de igualdad sexual entre los requisitos necesarios para la concesión de préstamos y créditos a los gobiernos y a las empresas del sector privado de los países con mercados en ascenso. Esa clara vinculación económica contribuiría a motivar a las autoridades locales para que adoptaran medidas firmes, además de fortalecer el apoyo público a las políticas de fomento de la igualdad sexual.

La comunidad internacional tiene un profundo interés en la futura ejecutoria de los mercados en ascenso. Para fortalecer el adelanto económico y social de esos países, el programa de desarrollo para los próximos años debe incluir un compromiso sólido con miras a fomentar la igualdad sexual.

Shaukat Aziz was Prime Minister of Pakistan, 2004-2007. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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