El giro a Asia y la cuestión nuclear

En 2009, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se comprometió con la búsqueda de un mundo sin armas nucleares. Un año después, cumplió su promesa de negociar un Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas con Rusia, pero desde entonces no hubo nuevos avances. Para salir de este impasse, es necesario que el actual marco bilateral de negociación (que casi no ha cambiado desde la Guerra Fría) se convierta en trilateral, con la inclusión de China.

No hay duda de que ese cambio complicará en gran medida las negociaciones. Al fin y al cabo, varias décadas de diálogo bilateral permitieron a Estados Unidos y Rusia hacerse una idea bastante clara de las perspectivas estratégicas de la otra parte (y también de sus divergencias de opinión), pero el punto de vista chino sobre la estabilidad estratégica no está tan claro. Aun así, la hábil diplomacia estadounidense puede actuar como catalizador de nuevos diálogos trilaterales que tal vez también sirvan para trabajar sobre las relaciones estratégicas entre los países, actualmente caracterizadas por las contradicciones y la desconfianza.

Rusia pretende que China la apoye en su postura contraria a los sistemas estadounidenses de defensa antimisilística y, además, considera que las futuras conversaciones sobre control de armas estratégicas deben incluir a todos los estados con capacidad nuclear. Pero acto seguido, utiliza sus inquietudes sobre la modernización militar de China como justificación de su negativa a negociar con la OTAN sobre reducción de armas nucleares tácticas. China nunca adoptó un compromiso vinculante de limitar su armamento nuclear o sus vectores nucleares estratégicos, y rechaza el llamado de Rusia a negociaciones conjuntas; Estados Unidos apoya esta postura en tanto los arsenales ruso y estadounidense no se reduzcan hasta un tamaño más similar al de China.

Al mismo tiempo, los funcionarios estadounidenses niegan que sus programas de defensa antimisilística estén dirigidos contra Rusia o China, pero se rehúsan a ofrecer garantías con fuerza legal. Mientras tanto, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos desarrolla un vigoroso programa de armas ofensivas convencionales de largo alcance, y China y Rusia citan este hecho como justificación de sus propios intentos de reforzar sus capacidades nucleares ofensivas.

Si bien hubo casos en que la cooperación multilateral en temas nucleares fue eficaz (por ejemplo, para la ratificación del Tratado de No Proliferación Nuclear), en otros casos se mostró inadecuada; por ejemplo, no sirvió para aliviar las tensiones con Irán y Corea del Norte. De hecho, incluso cuando China, Rusia y Estados Unidos comparten los mismos objetivos, sucede a menudo que sus diferentes tácticas diplomáticas entorpecen su capacidad de alcanzarlos.

Por ejemplo, las políticas de los tres países contribuyen (sin saberlo) a aumentar los incentivos a la proliferación en Asia y Europa. Un elemento decisivo que disuadió a los japoneses de desarrollar armas nucleares propias fue la promesa de Estados Unidos de defenderlos en caso de un ataque nuclear desde China o Corea del Norte. Por eso, cualquier escalada del armamento nuclear chino (incluso si no llegara a una paridad entre China y Estados Unidos) puede restar credibilidad a los compromisos disuasorios de Estados Unidos, y eso podría motivar el inicio de un programa nuclear japonés.

Del mismo modo, algunos de los miembros más recientes de la OTAN (muchos de ellos, estados que pertenecieron al antiguo bloque soviético) están muy preocupados ante la perspectiva de un rearme ruso, y de allí que se opongan a los intentos de reducir el armamento nuclear estadounidense desplegado en Europa, parte de la “política nuclear compartida” de la OTAN.

Pero tal vez el obstáculo más grande contra el inicio de un diálogo trilateral sea la resistencia de los chinos a la firma de acuerdos formales de control de armas nucleares. Esta resistencia se origina en el recuerdo de las iniciativas de no proliferación de tiempos de la Guerra Fría, que incluían entre sus objetivos prevenir que China desarrollara su propia capacidad disuasoria. Desde entonces, los funcionarios chinos han insistido en que no les corresponde participar de las conversaciones sobre armas estratégicas entre Estados Unidos y Rusia, por ser los arsenales nucleares de estos dos países mucho mayores que el suyo.

Pero a medida que Estados Unidos y Rusia reducen sus reservas nucleares, esta excusa va perdiendo validez, y la falta de China en las negociaciones se convierte en un obstáculo importante contra el desarme. Lograr que el gobierno chino se comprometa en forma vinculante a limitar su desarrollo nuclear es fundamental para que Estados Unidos y Rusia tengan garantías de que seguir reduciendo sus propios arsenales estratégicos no perjudicará la estabilidad global o regional.

Diversos acontecimientos recientes pueden ayudar a facilitar la búsqueda de una cooperación trilateral. La nueva dirigencia de China ya no se opone a negociar sobre temas nucleares tan automáticamente como en tiempos del maoísmo; los líderes rusos están perdiendo la confianza en su resurgimiento económico y militar; y tanto China como Rusia están cada vez más impacientes por la falta de avances en las conversaciones sobre armamento nuclear con Corea del Norte e Irán. Al mismo tiempo, enfrentados a un gran déficit federal, muchos votantes estadounidenses verían con buenos ojos una reducción del gasto en armas nucleares.

Estados Unidos debe aprovechar esta coyuntura y valerse de las inquietudes e intereses de los rusos para convencer a China de unirse a las negociaciones de control de armas estratégicas. Es posible que los chinos estén dispuestos a comprometerse en forma unilateral (pero vinculante) a no aumentar su arsenal nuclear siempre que Rusia y Estados Unidos reduzcan aún más los suyos. Determinar qué circunstancias pueden inducir a China a aceptar esta limitación (y las condiciones necesarias para mantenerla) es crucial para revitalizar los esfuerzos en pos del desarme nuclear.

Como es evidente que Rusia acompañará, depende de Estados Unidos iniciar una transformación del marco de las negociaciones sobre temas nucleares: es decir, convencer a China de sumarse a ellas.

Richard Weitz is Senior Fellow and Director of the Center for Political-Military Analysis at the Hudson Institute. Traducción: Esteban Flamini.

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