El Gobierno de unidad palestino

Los expertos israelíes en política palestina consideran que el acuerdo firmado recientemente entre la Autoridad Palestina y Hamas no durará mucho tiempo. Acuerdos de este tipo ya se establecieron en el pasado y tardaron poco en romperse. Pero yo recibo con agrado un acuerdo como este y confío en que esta vez sí se mantendrá. Y estoy esperanzado porque ante todo veo que es un acuerdo nada artificial y muy necesario y urgente para avanzar en el proceso de paz.

En Israel se han dado diversas reacciones a este acuerdo. La reacción de los expertos es la de que no durará mucho basándose en las experiencias del pasado. Hay otro sector formado por los que niegan y dudan de la posibilidad de alcanzar la paz, encabezado por el primer ministro Netanyahu, que ha aprovechado este acuerdo para suspender el proceso de paz y evitar seguir unas negociaciones con los palestinos que podrían llevar a un acuerdo que exigiría a Israel hacer concesiones de verdad. Por eso, con el cese de las negociaciones, Netanyahu intenta presionar a la Autoridad Palestina para que anule el acuerdo con Hamas, bajo la dudosa premisa –en mi opinión– de que un gobierno palestino donde no esté Hamas será menos exigente con Israel.

Pero hay también otro sector que ve bien este acuerdo entre la Autoridad Palestina y Hamas. En el fondo, supone un desafío que le lanza Abu Mazen a Israel: “Venga, probadme y veréis si ahora que estoy aliado con Hamas pongo unas condiciones más duras de las que exigía antes de formar un gobierno de unidad con Hamas”.

Los israelíes todo el tiempo han estado diciendo que un acuerdo de paz con la Autoridad Palestina era hacer la paz sólo con una parte de los palestinos y que, por tanto, no era seguro y no se podía confiar en él. Y, en cambio, ahora cuando hay un gobierno que representa a todo el pueblo palestino, de repente resulta molesto, ya que hay que enfrentarse a una realidad nueva y ya no valen las excusas de antes.

Debemos comprender que el paso que ha dado Hamas al unirse al gobierno de la Autoridad Palestina y aceptar sus condiciones para buscar la paz con Israel es una prueba del cambio de postura de Hamas. Aunque las cosas no se digan en público, Hamas sabe que a fin de cuentas no le queda más remedio que reconocer la realidad del Estado de Israel y que no puede continuar con la política destructiva que ha emprendido desde la retirada israelí de la franja de Gaza y que no ha hecho más que provocar constantes desgracias. Tras la retirada israelí, Hamas, en vez de iniciar una política de desarrollo y creación de infraestructuras, se dedicó a lanzar misiles a las localidades israelíes al otro lado de la frontera, y por supuesto, Israel reaccionó con dureza y dañó la maquinaria de guerra de Hamas pero también perjudicó a la población civil. Pese al alto el fuego no oficial que se acordó entre Israel y Hamas, algunos grupúsculos extremistas han continuado con el lanzamiento de misiles, y han causado más inestabilidad en el gobierno de Hamas. No obstante, lo más grave para Hamas ha sido el gran deterioro de sus relaciones con Egipto, incluso durante el corto periodo en que gobernaron los Hermanos Musulmanes y mucho más si cabe ahora con el Gobierno militar. El movimiento Hamas, que ha apoyado a las células terroristas en el Sinaí, se ha convertido en un enemigo para Egipto, que ha empezado a tratar a Hamas con mano de hierro.

Por tanto, la reconciliación de Hamas con la Autoridad Palestina no se debe a su amor por Israel, sino a una aceptación paulatina de que están en una situación cada vez más complicada y que se han de enfrentar a una realidad muy difícil. Por eso, creo que este paso que ha dado Hamas no es una táctica transitoria, sino que es fruto de una voluntad de salir del atolladero en que se encuentran y de reconocer, indirectamente, la legitimidad de Israel a través del reconocimiento de Israel por parte de la Autoridad Palestina desde hace ya muchos años, una Autoridad que hace mucho tiempo buscó el camino hacia la paz y abandonó la violencia.

Abu Mazen es sincero cuando insiste en que las condiciones para alcanzar la paz con Israel: volver a las fronteras del 67, convertir Jerusalén Este en capital del Estado palestino, intercambiar territorios según sean las necesidades y aceptar las condiciones de seguridad que marca Israel (fundamentalmente, la desmilitarización) no han cambiado pese al acuerdo de gobierno con Hamas. Y quien no le crea, que hable con los americanos, que tanta energía han gastado en este tambaleante proceso de paz.

Pero cuando el primer ministro israelí trata con tanto desdén al líder palestino más serio que ha habido en este larguísimo conflicto, no se puede esperar nada bueno tras este acuerdo que ha unido a los palestinos. Y cuando Abu Mazen, el presidente legítimo de todo el pueblo palestino, habla el día en recuerdo al Holocausto con tanta empatía acerca del sufrimiento de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y afirma que la Shoah es el mayor crimen que se ha cometido en la historia de la humanidad, resulta que Netanyahu reacciona con desprecio y considera que las declaraciones del presidente palestino son palabras huecas. No ha de extrañar que un líder como Netanyahu, que hace declaraciones de cara a la galería, crea que los demás hacen lo mismo que él.

Abraham B. Yehoshúa, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora.

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