El “gol en contra” de Rugby Australia

En rugby no existe el gol en contra, pero Rugby Australia (el organismo rector de este deporte en Australia) hizo todo lo posible por anotar uno, al terminar el contrato de Israel Folau. Con ello, se perdió los servicios de un fullback estrella que jugó 73 partidos para Australia.

La razón que adujo Rugby Australia para poner fin a la carrera de Folau es que publicó en su cuenta de Instagram la foto de un impreso que decía: “borrachos, homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicarios, ladrones, ateos e idólatras, el infierno os espera”. A lo que Folau agregó algunas palabras propias: “Quienes viven en el Pecado acabarán en el Infierno a menos que se arrepientan. Jesucristo los ama y les da tiempo para abandonar sus pecados y acudir a él”.

En una declaración emitida después de la desvinculación de Folau, la directora ejecutiva de Rugby Australia, Raelene Castle, dijo: “me he comunicado directamente con los jugadores para dejar en claro que Rugby Australia apoya totalmente su derecho a tener creencias propias, y que nada de lo sucedido supone un cambio al respecto. Pero cuando hablamos de inclusividad en nuestro juego, también hablamos de respetar las diferencias. Cuando decimos que el rugby es un juego para todos, lo decimos en serio”.

Folau es un “cristiano renacido”, y el texto que publicó es una expresión de sus creencias religiosas. Para evitar malentendidos, debo decir que no las comparto. Como ateo empedernido, soy uno de aquellos a quienes (según cree Folau) nos aguarda el infierno. Pero no me preocupa, porque en mi opinión, no hay dios, no hay vida después de la muerte y no hay infierno. Y tampoco hago diferencias, desde un punto de vista ético, entre las relaciones homosexuales y las heterosexuales.

Como sea, no puede negarse que la publicación de Folau es totalmente coherente con las enseñanzas tradicionales del cristianismo, que los cristianos aceptaron casi unánimemente hasta el siglo XX, y que siguen teniendo amplia aceptación (aunque con una oposición fuerte y creciente) entre los cristianos de la actualidad. El texto publicado está claramente inspirado en la primera carta de Pablo a los corintios, que lo muestra diciendo: “¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”.

Pablo también dice a sus lectores cristianos que no deben tener trato con personas sexualmente inmorales: con esas personas “ni siquiera deben juntarse para comer”. Algo que no sólo incluiría a homosexuales y adúlteros, sino también a solteros sexualmente activos.

Si Rugby Australia hubiera existido en el primer siglo de la era cristiana, y si Pablo hubiera tenido talento para estar contratado como jugador, es de suponer que la institución hubiera roto el contrato al conocerse su carta a los corintios. Por eso es bastante raro que Castle haya justificado el despido de Folau diciendo: “Las personas deben sentirse seguras y bienvenidas en nuestro juego sin importar su género, raza, origen, religión o sexualidad”. ¿Habrá querido decir que uno puede sentirse bienvenido en el rugby, cualesquiera sean sus creencias religiosas, mientras no las exprese en público? Eso es muy parecido a decir a los homosexuales que pueden hacer lo que quieran en la privacidad del dormitorio, pero que no deben mostrarse afecto en público porque algunas personas pueden ofenderse.

Como muestra este ejemplo (y como sostuvo John Stuart Mill en su clásico Sobre la libertad), en cuanto aceptamos como justificativo para restringir la libertad de expresión o acción de una persona la afirmación de que ha sido motivo de ofensa para otra, estaremos en serio riesgo de quedarnos sin libertad alguna. Al fin y al cabo, es muy difícil decir algo con sentido sin que absolutamente nadie encuentre en ello motivo para sentirse ofendido. Mill estaba pensando en las restricciones impuestas por el Estado, pero cuando un empleador despide a un empleado por decir algo controvertido, eso también es una amenaza a la libertad de expresión, sobre todo cuando el empleador tiene un monopolio de la contratación de trabajadores con habilidades especiales, como es el caso de Rugby Australia.

Rugby Australia tendría más argumentos para su decisión si la publicación de Folau hubiera expresado odio a los homosexuales y se pudiera interpretar como una incitación a la violencia contra ellos. Pero lo que publicó Folau no expresa más odio a los homosexuales que el que hay contra los fumadores en las advertencias de las cajetillas de cigarrillos.

Y si esta analogía le parece traída de los pelos, es porque usted no se toma en serio las creencias de Folau. Por supuesto, tomárselas en serio es muy difícil para alguien que no profese esa fe en particular. Pero intente usted ponerse en el lugar de alguien con las creencias de Folau. Usted ve personas que van camino de un destino terrible (mucho peor que contraer cáncer de pulmón, porque la muerte no las liberará de su agonía) y son totalmente ignorantes de lo que les espera. ¿No les avisaría para darles una oportunidad de no correr esa suerte horrorosa? Supongo que es lo que Folau cree estar haciendo. Incluso dice a los homosexuales que Jesús los ama, y les pide arrepentirse para no arder en el infierno por toda la eternidad. Eso no suena como discurso de odio.

¿Qué debería haber hecho Rugby Australia en relación con la publicación de Folau? Podría haber dicho que la gente tiene derecho a expresar sus creencias religiosas, y hubiera sido el fin de la historia. Sólo el 14% de los australianos dicen darle mucha importancia a la religión, y no todos siguen religiones que creen en el infierno. Así que es probable que más australianos estén dispuestos a reírse de las creencias de Folau que a tomárselas en serio. Que tal vez sea la mejor respuesta que uno pueda darles.

Peter Singer is Professor of Bioethics at Princeton University, Laureate Professor in the School of Historical and Philosophical Studies at the University of Melbourne, and founder of the non-profit organization The Life You Can Save. Hi. Traducción: Esteban Flamini.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *