El gran juego de Varoufakis

Los economistas especializados en la teoría del juego saben que nunca basta con un Plan A, sino que también hay que idear y desarrollar un Plan B creíble que haga avanzar las negociaciones en torno a ese Plan A. El ministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, lo sabe muy bien. Como “peso pesado” ungido por el gobierno griego, se encuentra trabajando en un Plan B (el potencial abandono de la eurozona), mientras el Primer Ministro Alexis Tsipras queda disponible para el Plan A (una extensión del acuerdo crediticio a Grecia y la renegociación de los términos de su rescate). En cierto sentido juegan al clásico juego del “policía bueno y el policía malo”, y hasta ahora con bastantes buenos resultados.

Dos elementos dan forma al Plan B. Primero, simple provocación, apuntando a encolerizar a los ciudadanos griegos y elevar las tensiones entre el país y sus acreedores. Los griegos tienen que creer que se están salvando de una grave injusticia a fin de seguir confiando en su gobierno durante el difícil periodo que vivirían tras una salida de la eurozona.

Segundo, el gobierno griego está elevando los costes del Plan B para la contraparte, al permitir a sus ciudadanos que retiren sus capitales. Si lo quisiera, podría contener esta tendencia con un enfoque más conciliador o detenerla por completo con la introducción de controles al capital. Sin embargo, con ello se debilitaría su posición negociadora, y esa no es una opción para ellos.

La fuga de capitales no implica que estén yéndose al extranjero en términos netos, sino más bien que el capital privado se está volviendo público. Básicamente, los ciudadanos griegos toman créditos de los bancos locales, que están financiados en gran parte por el banco central griego, que a su vez adquiere fondos a través del plan de provisión de liquidez de emergencia (ELA) del Banco Central Europeo. Tras ello, transfieren el dinero a otros países para adquirir activos extranjeros (o cobrar sus deudas), con lo que limitan la liquidez de los bancos de su país.

En consecuencia, otros bancos centrales de la eurozona se ven obligados a emitir más dinero para cumplir las órdenes de pago a nombre de los ciudadanos griegos, dando en la práctica al banco central griego un crédito de sobregiro, según lo miden los llamados pasivos TARGET (“Sistema automatizado transeuropeo de transferencia urgente para la liquidación bruta en tiempo real”, por su sigla en inglés). En enero y febrero, las deudas TARGET de Grecia aumentaron diariamente en casi mil millones de euros (1,1 mil millones de dólares) debido a la fuga de capitales por parte de los ciudadanos griegos y los inversionistas extranjeros. A fines de abril la deuda ascendía a 99 mil millones de euros.

Si Grecia abandonara la unión, no se verían afectadas las cuentas que sus ciudadanos hayan abierto en otros países de la eurozona, por no hablar de los bienes que hayan comprado con ellas. Pero dejaría atrapados a los bancos centrales de esos países con reclamaciones de cobro TARGET de esos ciudadanos denominadas en euros frente a un banco central de Grecia que sólo contaría con activos denominados en dracmas. Dado que sería inevitable la devaluación de la nueva moneda, y si se suma el hecho de que el gobierno griego no tendría que sostener la deuda de su banco central, sería casi seguro un impago que despojaría a los demás bancos centrales de toda posibilidad de reclamar sus cobros.

Se produce una situación similar cuando los ciudadanos griegos sacan dinero de sus cuentas y lo acopian en maletas o lo ponen en el extranjero. Si Grecia abandonara el euro, parte importante de estos fondos (que ascendieron a 43 mil millones de euros a fines de abril) se iría al resto de la eurozona, tanto para comprar bienes y activos como para pagar deudas, provocando una pérdida neta para los restantes miembros de la unión monetaria.

Todo esto fortalece considerablemente la posición desde la que negocia el gobierno griego. Poco ha de sorprender entonces que Varoufakis y Tsipras jueguen a ganar tiempo y se nieguen a presentar un listado de propuestas de reformas significativas.

El BCE tiene una gran responsabilidad por esta situación. Al no poder llegar a la mayoría de dos tercios de su Consejo que se necesitaban para limitar la estrategia del banco central griego, pensada únicamente en su propio interés, ha permitido la creación de más de 80 mil millones de euros para liquidez de emergencia, lo que supera a los 41 mil millones de euros que posee el banco central griego en activos recuperables. Ahora que se ha concedido a los bancos griegos los fondos que necesitaban, el gobierno ya no tiene necesidad de poner en práctica controles de capitales.

Se rumorea que el BCE pronto ajustará su enfoque. Sabe que se está desgastando el argumento de que los préstamos ELA cuentan con garantías, ya que en muchos casos éstas tienen una calificación menor que BBB- que las deja casi fuera del grado de inversión.

Si el BCE acaba por reconocer que no bastará con eso y elimina la salvaguarda de liquidez de Grecia, el gobierno griego podría verse obligado a negociar con seriedad, ya que no le beneficiaría seguir esperando. No obstante, puesto que la cantidad de fondos enviados al extranjero y guardados en efectivo ya habrían alcanzado al 79% del PGB, su posición seguiría siendo muy fuerte.

En otras palabras, y gracias en gran medida al BCE, el gobierno griego estaría en condiciones de asegurarse un resultado mucho más favorable (con mayor ayuda financiera y menos exigencias de reformas) que el que hubiera podido alcanzar en cualquier momento del pasado. El dinero que se ha impreso y una gran proporción de los recursos que se han adquirido, medidos por los balances TARGET, harían las veces de una donación para un futuro independiente.

Muchos europeos parecen creer que Varoufakuis, experimentado teórico del juego pero novato en política, no sabe cómo jugar con las cartas que su país ha recibido. Deberían recapacitar antes de que Grecia se marche con toda la baraja.

Hans-Werner Sinn, Professor of Economics and Public Finance at the University of Munich, is President of the Ifo Institute for Economic Research and serves on the German economy ministry’s Advisory Council. He is the author, most recently, of The Euro Trap: On Bursting Bubbles, Budgets, and Beliefs. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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