El ‘Guernica’ y el exilio

Por Joseba Aguerri (EL CORREO DIGITAL, 10/09/06):

El ‘Guernica’ de Picasso lleva veinticinco años en España. En aquel tiempo, conseguir que el famoso cuadro hiciera el viaje de Nueva York a Madrid para quedarse simbolizaba la vuelta de la democracia a España, la libertad recobrada. El ‘Guernica’ conectaba con un período de la historia de España marcada por el ensayo de la República, un intento de democracia, de gobierno legítimo y legal, y con su abrupta ruptura por culpa del alzamiento militar y la subsiguiente guerra civil y la larga dictadura de Franco.

Pocos símbolos encarnaban mejor la lucha por la libertad en España y la violencia que fue necesaria para terminar con ella. La vuelta del ‘Guernica’ daba, por medio del arte, de una obra y de su historia, un espaldarazo legitimatorio al nuevo esfuerzo por institucionalizar libertad y democracia en España. Por eso se entiende perfectamente el esfuerzo del Gobierno de Adolfo Suárez por conseguir su regreso, algo que llegó a materializarse gracias a los esfuerzos del malogrado Javier Tusell.

El ‘Guernica’ sigue siendo fuente de inspiración artística, fuente de interpretaciones de todo tipo, pues Picasso lo llenó de simbología, de señales, de indicaciones, de apuntes e insinuaciones de lo que para él era España y su historia. Pero además sigue siendo fuente de controversias políticas, que afloran una y otra vez, vinculadas al nombre y el acontecimiento, por un lado, y a la ubicación definitiva del cuadro, por otro. Es comprensible que las autoridades de Gernika argumenten a favor de que se ubique en la localidad cuya destrucción por la Luftwaffe al servicio de las tropas golpistas de Franco inspiró al pintor para cumplir con el encargo del Gobierno legítimo de la Segunda República. Es comprensible que las autoridades vascas se hagan fuertes en la reclamación de que la obra debe venir a Euskadi, más cuando ya no vale la excusa de la falta de un museo de categoría y con las condiciones técnicas necesarias que pudiera albegarlo con dignidad y sin riesgo. También lo es que las autoridades del Gobierno de España rechacen no sólo la ubicación definitiva, sino el traslado temporal a Euskadi del ‘Guernica’, basándose en razones técnicas, dada la historia azarosa del cuadro y su condición actual.

Más allá del debate técnico sobre las posibilidades o dificultades del traslado, aunque fuera temporal, y más allá de las interpretaciones que los estudiosos del arte seguirán dándonos de toda la rica simbología pintada con rabiosa modernidad por Picasso, es posible, sin embargo, realizar algunas reflexiones vinculadas al cuadro, a su significado, a la historia que le ha acompañado y a su sentido profundo.

La obra es encargada por un Gobierno que ha sufrido un golpe militar, un Gobierno que ve que con la destrucción de Gernika Euskadi, y con éste el frente del Norte, se van perdiendo para la causa republicana. El pintor se centra en una atrocidad de guerra, en lo que luego se ha sabido que fue un ensayo para la guerra total, para la guerra sin miramientos contra la población civil, un adelanto de lo que iba a ser la Segunda Guerra Mundial. El horror de la guerra, especialmente cuando es civil -la destrucción, la muerte de no combatientes, el miedo, la angustia- y sus consecuencias -el exilio, la falta de lugar, la huida-, son elementos que pertenecen a la azarosa historia del cuadro de Picasso desde el momento mismo de su encargo y de su concepción. A su simbología pertenece la experiencia del exilio como elemento consustancial. Picasso, su ‘Guernica’ y exilio son elementos que se complementan y se explican mutuamente.

Picasso dejó establecido que su cuadro no podría volver a España mientras durara la dictadura franquista. Su pintura era un grito de libertad y de democracia y no podía vivir donde no las hubiera. Quien hizo el encargo del que nacería la obra maestra fue un gobierno legítimo, el Gobierno de España, y es normal que el siguiente gobierno legítimo, surgido en democracia de la libertad reconquistada por los españoles, reclamara la obra que era suya.

Y sin embargo nunca se me ha quitado de la mente la idea de que donde mejor está el ‘Guernica’ de Picasso es en el exilio, puesto que éste pertenece a su significado. De la misma forma que entiendo que el Gobierno democrático de Suárez lo reclamara, en el contexto legitimatorio al que he aludido antes, no termino de entender la razón de que una obra que significa y simboliza exilio por encima de todo, como consecuencia, además de las muertes de guerra y los asesinatos de Franco, de la Guerra Civil, tenga que volver a casa, a Euskadi, a Gernika. Quizá donde mejor estuvo siempre fue en Nueva York, significando con toda la simbología de su pintura el horror de la guerra y el exilio, pero también con su propia presencia física. No casan bien la vuelta a casa y el significado del exilio como contenido simbólico de la pintura y de su propia historia a causa de la Guerra Civil.

Los vascos somos muy dados al viaje. Madrid no queda tan lejos. Ni siquiera Nueva York hoy en día. Podemos contemplar la obra de Picasso en el Reina Sofía, lo cual puede ser ocasión para visitar las valiosas colecciones que alberga ese centro de arte. Algo nuestro, algo muy nuestro se encuentra a la vista de millones de visitantes, recuerda fuera de Euskadi un elemento nuclear de nuestra historia no tan pasada.

Nosotros podemos contemplar más cerca otra obra de arte con el nombre de ‘A large figure in a shelter’ (‘Una figura grande en un refugio’), de Henri Moore, quien guardaba bien viva la memoria de Gernika en su mente. Y esa obra se puede contemplar en Gernika, aunque se refiera a la necesidad de refugio de cualquier ser humano ante cualquier violencia, guerra o acto de terror, y no específicamente a la destrucción de Gernika.

Y así se va tejiendo una red de símbolos y señales que recuerdan tanto el horror de la guerra como las consecuencias de muerte, asesinato y huida, exilio. Y la patria de todos los seres humanos es esa red que impide que caigamos del todo en un exilio total, en una pérdida total de nuestra raíz humana. Una patria que es preciso caminarla, buscarla en todas partes, más allá de todos los esfuerzos por encerrarla en casa. Una forma de vivir la universalidad en la práctica, y no sólo de predicarla.

Y todo ello no es óbice para que nos preguntemos qué podemos y debemos hacer los vascos en Gernika y con la memoria de la destrucción de Gernika. El que el ‘Guernica’ de Picasso no vuelva al lugar de la destrucción o, en su defecto, a Euskadi, no es óbice ni excusa para no pensar en lo que se puede hacer en Gernika. Por supuesto que son muchas las cosas que se han hecho. No todas con el éxito debido. Pero el futuro está siempre abierto.

Y siempre se puede pensar que el ‘Gure aitaren etxea’ de Chillida y ‘La Gran figura en un refugio’ de Henri Moore siguen siendo invitaciones a otras obras de arte que desde perspectivas siempre nuevas sigan intentando dar forma al horror de la guerra, simbolicen el exilio y abran la puerta a la esperanza en un futuro en el que todo eso se vaya reduciendo hasta quedar en una simple memoria de otros tiempos.