El holocausto e Irán

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial no han dejado de producirse en el mundo matanzas donde se ha exterminado a poblaciones enteras. Recordemos, por ejemplo, los casos de Angola, Camboya con los jemeres rojos, la guerra tribal en Ruanda, la guerra de los Balcanes, sin olvidar las atrocidades cometidas bajo el régimen estalinista contra pueblos de la antigua Unión Soviética. Y a pesar de esto, la ONU decidió fijar específicamente un día en recuerdo del holocausto judío en Europa. ¿Por qué? ¿Qué hay de especial en el holocausto?

Es especial no sólo por su amplitud y crueldad, sino sobre todo porque no se debía a ninguna de las razones que motivaron las masacres ocurridas en el siglo XX. Yes que los judíos no fueron exterminados por los nazis por querer conquistar un territorio (los judíos carecían de él), ni por razones religiosas (los nazis y sus aliados eran declaradamente ateos), ni por cuestiones ideológicas (los judíos nunca tuvieron una ideología específica común), ni por motivos económicos (la mayoría de los judíos eran pobres y aquellos con dinero no habrían dudado en darlo por salvar la vida); los nazis ni siquiera buscaban convertirlos en esclavos. Los judíos, a los ojos de los nazis, pasaron a ser unas “bacterias” que había que exterminar, y en esta tarea de exterminio los alemanes obtuvieron en ocasiones la ayuda o el visto bueno de los pueblos que iban invadiendo.

Por eso, el mecanismo demoniaco que condujo al holocausto no quedó liquidado con la caída de los nazis y esto hace que haya que estar en guardia para impedir que este mecanismo se ponga en marcha de nuevo contra los judíos o cualquier otro pueblo, pese a que hayan transcurrido ya 65 años desde la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. De ahí que la ONU fijara un día en conmemoración del holocausto judío como hecho único en la historia.

Los líderes israelíes que participaron en distintas capitales europeas en las ceremonias en recuerdo del holocausto lo hicieron para fortalecer a los que se oponen a los brotes de antisemitismo que surgen en diversos lugares del mundo, pero también para pedir apoyo político contra el programa nuclear de Irán y sus brutales amenazas.

Irán no es la Alemania nazi, ni por su régimen político, ni por su ideología, ni desde luego por su potencial económico. Tampoco se parece el Israel actual a esas dispersas comunidades judías de Europa con más bien poco poder. Hoy en día Israel no sólo se puede defender, sino ocasionar graves daños a sus enemigos. Sin embargo, pese a la diferencia evidente entre la Alemania nazi e Irán, es curioso que el Gobierno iraní defienda y aliente una oposición tan total a la existencia del Estado judío, capaz de hacer que se active el mismo mecanismo que provocó ese odio visceral que estalló en la época nazi. Y cuando cuente con armamento nuclear puede, pese a su debilidad y vulnerabilidad, verse arrastrado por la misma locura nazi y causar un tremendo daño a Israel.

Nadie puede estar seguro de que a través de las sanciones que prepara la comunidad internacional Irán deje su carrera por conseguir armamento nuclear. Y proceder por la vía militar podría arrastrar a Israel a una lucha prolongada y agotadora que haría que los otros enemigos de Israel se sumasen a esa lucha. Por eso, son muchos los que creen que hay otra forma más correcta y ética de neutralizar la amenaza iraní, y esta sería alcanzando la paz con los palestinos.

Hace unas semanas el ministro de Asuntos Religiosos palestino dio un discurso esperanzador en Ramala, en presencia de las principales autoridades palestinas, en el que delante de las cámaras lanzó durísimas críticas a la intromisión iraní en el conflicto israelí-palestino. Su mensaje vino a decir: ¿Qué nos une a vosotros? No necesitamos vuestra protección ni vuestra ayuda. Lo único que hacéis es agravar el conflicto en vez de ayudarnos a israelíes y palestinos a resolverlo de la forma ya aceptada por todo el mundo: dos pueblos, dos estados. En cambio, alentáis el extremismo de Hamas y con ello radicalizáis la postura israelí y torpedeáis la posibilidad de alcanzar la solución que todos deseamos. Vosotros, los iraníes, por razones ajenas al conflicto, deseáis encender la llama del odio. Nunca un soldado iraní dio su vida por nuestro pueblo, como en cambio sí lo han hecho miles de soldados de Egipto y Jordania, países que precisamente han firmado la paz con Israel.

Los líderes palestinos saben muy bien que si Irán ataca Israel con armamento nuclear también los palestinos israelíes y de los territorios sufrirían las tremendas consecuencias.

La paz entre israelíes y palestinos neutralizaría el aguijón envenenado de odio de Irán hacia Israel y anularía el mecanismo diabólico que presenta a Israel como un “pequeño demonio” al que hay que exterminar a cualquier precio. También podría ayudar a que el pueblo iraní se rebelase contra el fanatismo religioso de los dirigentes de esa gran nación que hasta hace no mucho mantenía relaciones formales con Israel. Poner fin al conflicto israelo-palestino sería mucho más eficaz que emprender una acción militar israelí o norteamericana que sólo provocaría más dolor y sufrimiento en la región.

Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora.