El honor perdido de los socialistas

Por Ángel Pascual, historiador (EL PAÍS, 17/05/07):

El pasado marzo se reeditó el libro de Heinrich Böll El honor perdido de Katharina Blum o Cómo surge la violencia y adónde puede conducir, con un interesante epílogo, inédito hasta ahora, en el cual destacaba la importancia del subtítulo y la advertencia preliminar: “Las personas que se citan y los hechos que se relatan son producto de la fantasía del autor. Si ciertos procedimientos periodísticos recuerdan los del Bild-Zeitung, el paralelismo no es intencionado, ni casual, sino inevitable”.

Aviso oportuno dado el transcurso de la actividad política y periodística en los últimos años, cuyo paradigma podría ser el tratamiento dado al más grave atentado terrorista, el del 11-M. Los desatinos que cierta prensa y el PP transmitieron han quedado desmontados en la celebración del juicio oral, pues no existió implicación de ETA en aquel atentado. En los días inmediatamente posteriores a tan brutal masacre quedó meridianamente clara la autoría del terrorismo yihadista, justo antes de que los electores castigaran al PP dándole la mayoría al PSOE. Y está quedando definitivamente aclarada durante el juicio.

Algunos medios de comunicación y el mismo PP actuaron y actúan como instrumentos de intoxicación apelando sólo a sentimientos y pasiones que pueden contribuir a que el cauce de la vida democrática se desborde.

Así ocurre con el tratamiento del terrorismo, la ilegalización de listas electorales ligadas al complejo militar, político y financiero de HB-ETA, la desconfianza en el poder judicial y la machaconamente cacareada venta de Navarra.

En este último caso el honor perdido de los socialistas navarros se ha visto seriamente mancillado, y la murga, pertinaz como una salmodia, se incrementará durante la campaña electoral. Ya pueden decir y repetir los socialistas que, como no puede ser de otra manera, respetarán la normativa legal: la Constitución de 1978 (por cierto, Aizpún, UPN, Garaicoechea, PNV, y Zabaleta, HB, firmaron juntos un llamamiento en el que no consideraban “aceptable desde el punto de vista foral” aquella Constitución) y el Amejoramiento del Régimen Foral de 1982. La redacción y aprobación de ambas leyes contó con la contribución relevante de los socialistas españoles y navarros. Ya pueden afirmar éstos y aun prometer con solemnidad que con su voto no se modificará el status de Navarra en beneficio de las pretensiones anexionistas de los nacionalistas vascos. Vano empeño.

Esas afirmaciones no contentan a quienes hacen oídos de mercader a lo que se dice y hace, pues inventan cesiones que no se han producido y dan pábulo a las claudicaciones que se producirán tras el resultado electoral del próximo día 27 con la misma impavidez con que abordaron la guerra de Irak o el atentado del 11-M. La mentira apenas tiene coste personal y cuentan con que la memoria ciudadana es flaca.

Por eso la derecha intenta mantener alimentadas las pavesas del miedo y el riesgo inminente para Navarra (agravado por las encuestas que cada día pronostican que UPN, el PP en Navarra, perderá el Gobierno) esgrimido como punta de lanza de la destrucción de la nación española y hasta del propio sistema democrático.

En periodo electoral todo se agudiza, pero la confrontación entre los partidos políticos no se percibe de igual manera por la ciudadanía en las calles y en el trabajo. Nuestra sociedad está mucho menos enfrentada y fragmentada.

Hace ya algunos años investigué sobre los orígenes de la Guerra Civil en Navarra y aprendí de uno de los grandes hispanistas del siglo pasado, Pierre Vilar, que, cuando indagamos sobre estallidos sociales, los historiadores no debemos preocuparnos “de la cerilla del fumador, sino de la potencia del explosivo”.

Ahora no hay condiciones para ningún estallido social, aunque tengo claro quién enarbola la cerilla: algunos medios de comunicación que no descansan en su afán por devorar adversarios y excitar las emociones de lectores y oyentes y el PP-UPN, bajo el mismo lema autoritario: o estás conmigo o contra mí.

No vivimos en los años treinta del siglo pasado, cuando el estallido social planeaba sobre España, lo mismo que sobre toda Europa. Tiempos aquellos en los que casi todos los pueblos tenían un casino o círculo de las derechas y otro liberal, republicano o de izquierdas. Hemos asimilado la lección de la Guerra Civil española (tres guerras civiles vieron nuestros campos entre 1833 y 1939) y de la II Guerra Mundial, especialmente en Europa. Nuestra economía crece a buen ritmo, nuestra solidez democrática tiene ya treinta años cumplidos, la educación es obligatoria hasta los 16 años, la Universidad está al alcance de toda persona con capacidad, los empresarios y los sindicatos firman acuerdos importantes, el empleo aumenta y el paro disminuye. La satisfacción de lo alcanzado no debe dejarnos satisfechos, pues la historia muestra que el progreso económico, social y político no está garantizado para siempre y los países pueden retroceder. Por ejemplo la innovación y la investigación son una de nuestras debilidades colectivas.

Tenemos una Europa unida y cada vez más ampliada, a la que tardamos mucho, demasiado, en llegar. ¿Cómo habría evolucionado nuestro desarrollo económico sin los fondos estructurales y de cohesión, sin el Acta Única o sin el euro? En poco tiempo hemos vivido avances impensables siquiera hace cincuenta años. Y seguimos celebrando elecciones democráticas desde 1977.

Por eso es tan importante que la sensatez se imponga, que se acabe con el ruido y con la crispación (asunto difícil en campaña electoral) nacidas de una relación política que sólo se reconoce en el antagonismo permanente y aborrece el acuerdo. Parece que la alternancia en el poder, base fundamental de todo sistema democrático, no pudiera alcanzarse sin la previa aniquilación del adversario, convertido en enemigo irreconciliable. Así, el debate entre adversarios que han de saber respetarse mutuamente, pues están llamados a sucederse, se ha convertido en una confrontación amigo-enemigo, que puede dar paso a la vulneración de las normas más elementales en las que se sustenta la convivencia ciudadana y acabar con un necesario clima de tolerancia.

La denuncia de falta de claridad de los socialistas navarros sobre sus futuros pactos de gobierno y las cesiones del Gobierno nacional ante ETA, ahora por las listas electorales de ANV, son los ejes del ataque político para minar el crédito y honorabilidad de los socialistas.

Ojo, pues, a la advertencia de Böll sobre cómo surge la violencia y adónde puede conducir.