El imperativo de la educación del mundo emergente

Delegaciones oficiales de los nueve países más poblados del mundo acaban de reunirse en Nueva Delhi para discutir un tema vital para el futuro de sus países: la educación. El encuentro de ministros y otros funcionarios de Bangladesh, Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, México, Nigeria y Pakistán, conocidos como el E-9, es el último en una serie de reuniones llevadas a cabo cada dos años para cumplir la promesa de “educación para todos” para 2015.

El E-9 representa el 54% de la población del mundo, el 42,3% de los niños sin escolaridad, el 58% de los jóvenes analfabetos (entre 15 y 24 años) y el 67% de los adultos analfabetos (dos tercios de los cuales son mujeres). De modo que los desafíos son enormes: niños provenientes de familias demasiado pobres para pensar en educación, sin acceso a una escolaridad y demasiado desnutridos como para estudiar; y una escasez de escuelas, aulas, recursos educativos y maestros correctamente instruidos. El analfabetismo endémico  es la base de otros problemas, como los estallidos demográficos, los desequilibrios de género y la pobreza generalizada.

La India ofrece un buen ejemplo de cómo deberían abordarse estos problemas. Hace una década, 30 millones de niños indios no iban a la escuela; hoy, la cifra es tres millones. Una Ley de derecho a la educación de amplio alcance, que obliga al estado y los gobiernos centrales a ofrecer (como un derecho constitucional) ocho años de educación gratuita y obligatoria a todos los niños entre 6 y 14 años, ha tenido un gran impacto. Y las comidas gratuitas al mediodía son un fuerte incentivo para que los niños de familias pobres asistan a la escuela y se queden allí.

Esto no significa que todos los alumnos inscriptos vayan a salir preparados para la era de la información; pero hacer que los niños vayan a la escuela es un comienzo. La India también necesita un programa de estudios relevante y maestros capacitados que puedan motivar a los alumnos a aprenderlo -en otras palabras, un énfasis hasta ahora ignorado en la calidad, además del entendible interés de las autoridades en focalizarse en el acceso y la inclusión.

Hay 540 millones de indios menores de 25 años. Se espera que la fuerza laboral aumente un 32% en los próximos 20 años, mientras que decaerá un 4% en los países industrializados y casi un 5% en China. El perfil demográfico favorable de la India puede aumentar significativamente su potencial de crecimiento económico en las próximas tres décadas, siempre que sus jóvenes estén educados y capacitados como corresponde.

De lo contrario, los mismos jóvenes harán aumentar las filas de los frustrados y desempleados, con consecuencias inimaginables en términos de malestar social y riesgo de una violencia organizada. Grupos maoístas ya tienen a esta gente en la mira para reclutamiento. Si la India pretende evitar un destino apocalíptico, debe ofrecerles una mejor oportunidad de empleo remunerado a través de más y mejores oportunidades educativas.

La India tiene uno de los sistemas de educación superior más grandes del mundo, y ocupa el segundo puesto en términos de estudiantes inscriptos. Pero, si bien el país hoy tiene 621 universidades y 35.000 institutos universitarios, sólo unos pocos son instituciones de nivel mundial, entre ellas los Institutos Indios de Tecnología (ITT por su sigla en inglés) cuyos alumnos han prosperado en el Silicon Valley de Estados Unidos. Pero estas instituciones siguen siendo islas en un mar de mediocridad.

La India está ingresando en el mercado de empleo global con una desventaja autoimpuesta de la que recién empezamos a tomar conciencia. Durante mucho tiempo, fuimos complacientes, al haber generado, desde los años 1960, la segunda reserva más grande del mundo de científicos e ingenieros calificados. Eran más de los que nuestra economía por entonces protegida podía absorber, de manera que muchas decenas de miles se marcharon para hacer fortuna en otra parte, fundando compañías en Silicon Valley, inventando el chip Pentium y hasta ganando un par de Premios Nobel.

Su éxito significó que los ITT pronto eran mencionados junto con el MIT. Pero también ocultó otra realidad -que no hay tantos como debería haber-. Altos ejecutivos indios cuyas empresas les exigen contratar científicos o ingenieros competentes se quejan de que la demanda de este tipo de talento supera ampliamente la oferta. Dejando de lado las instituciones de elite, lo que queda es, decididamente, desparejo en calidad.

Una encuesta del Banco Mundial de 2009 destacaba que el 64% de los empleadores “sólo están algo satisfechos”, o peor, con los nuevos egresados de ingeniería que contratan. Yo he conversado con muchos CEOs que me dicen que muchos, si no la mayoría, de sus empleados nuevos requieren una capacitación de refuerzo antes de empezar a trabajar, para compensar las deficiencias de la educación universitaria. De hecho, empresas como Tata e Infosys están contratando gente que no consideran adecuada para el puesto -y dedican entre 6 y 9 meses, a veces más, a educarlos como corresponde para sus empleos.

La necesidad de una reforma educativa nunca ha sido más clara, y el gobierno del primer ministro Manmohan Singh lo ha reconocido. Aún así, la India invierte sólo el 1,2% de su PBI en educación superior, comparado con el 3,1% en Estados Unidos o, más cerca de casa, el 2,4% en Corea del Sur. La cifra debería ser más alta. Por otra parte, la participación del 3,3% de la India en la producción global de investigación académica es demasiado baja para un país con el 17% de los cerebros del mundo.

Hoy se reconoce la educación como una prioridad nacional. Se están comprometiendo más recursos, se está alentando al sector corporativo a involucrarse y existe un énfasis bien recibido en la innovación. También se saca provecho de la cooperación internacional, ejemplificada por el aprendizaje mutuo implícito en el ejercicio del E-9.

Los próximos diez años podrían ser testigos de una transformación drástica de la educación en la India. Pero esto no sucederá sin un enorme esfuerzo nacional. El resto del E-9, comprometido en empresas similares, estará observando.

Shashi Tharoor is India’s Minister of State for Human Resource Development.

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