El itinerario suicida del PSC

Tras las elecciones catalanas del domingo, algunos se interrogan sobre la influencia del actual desgaste del Gobierno de Zapatero en la debacle del PSC. Los factores que contribuyen a determinar un resultado electoral son variados, pero, en este caso, la responsabilidad del PSOE es muy menor y las verdaderas causas del desastre hay que buscarlas en el itinerario de los socialistas catalanes durante los últimos diez años. Veamos.

En las autonómicas de 1999 el PSC obtuvo 1.183.000 votos; el domingo, 570.000, menos de la mitad. Desde 1999 el descenso en las autonómicas ha sido continuado, en las generales, por el contrario, el aumento de votos ha sido constante: en porcentajes se ha pasado de un 34% en el año 2000 a un 45% en el 2008. A cada uno lo suyo: la pérdida de apoyo electoral de los socialistas catalanes es culpa del PSC, no mezclemos al PSOE en esto, ya veremos qué sucede en las próximas generales.

Todo el embrollo empezó a principios del 2000. Un par de meses antes, Maragall, por la mínima, no había logrado vencer a Pujol en las elecciones a la presidencia de la Generalitat. A raíz de este resultado, los socialistas catalanes llegaron a la conclusión de que sólo podrían gobernar la Generalitat si buscaban aliados. Descartado el PP, que estaba dando apoyo a CiU desde 1996, las opciones quedaban reducidas a ERC, que estaba en alza, y a ICV, aliado habitual. Lo importante, y nuevo, era ganarse a ERC, hasta entonces un partido independentista en la órbita de CiU pero con una nueva y reciente dirección que quería rectificar. Pactar con un partido independentista era meterse en un campo minado. Pero la táctica en el corto plazo de los socialistas pudo más que la prudencia en trazar una coherente estrategia de futuro.

Fue entonces, a principios del 2000, cuando propusieron a ERC algo que este partido venía defendiendo en solitario desde 1980: la reforma del Estatut. En prenda de garantía, para demostrar que la cosa iba en serio y aprovechando la debilidad del PSOE en aquellos momentos, también propusieron a ERC formar grupo parlamentario propio en el Senado, desgajándose así los socialistas catalanes del grupo del PSOE. De buena gana aceptó ERC semejante regalo e, inmediatamente, se pusieron manos a la obra: en el Parlament se constituyó una comisión de estudio para reformar el Estatut de 1979 y en el Senado se constituyó el grupo de Entesa Catalana de Progrés. Ahí empezó la alianza PSCERC, que ha terminado – tras siete años de precaria gloria-por conducir al los socialistas catalanes al peor resultado de su historia.

En el entretanto, el tema casi único ha sido el Estatut: elaboración, aprobación y sentencia del Tribunal Constitucional. Diez años malgastados y con un PSC prisionero jugando en terreno ajeno. En todo caso, esta alianza dio sus frutos. En diciembre del 2003 se constituía el primer gobierno tripartito, presidido por Maragall, a pesar de los malos resultados obtenidos en las elecciones del mes anterior (152.000 votos menos que en 1999). Entramos entonces en tres años de frenesí estatutario: lo único que se recuerda de este periodo es que, tras su tortuoso proceso, se aprobó un nuevo Estatut que no obtuvo el consenso en el Congreso ni en el Senado y que fue aprobado por un escaso 35,78% de votos afirmativos en Catalunya con una participación de sólo el 48,9%. Se disolvió el Parlament y se convocaron nuevas elecciones con Montilla sustituyendo a Maragall como candidato del PSC.

Si en el PSC, como se dice, hay dos almas, la nacionalista y la no nacionalista, Montilla representaba la segunda. En todo caso, las nuevas elecciones del 2006 constituyeron otro serio revés: el PSC perdió 235.000 votos respecto al 2003. Pero como los partidos del anterior Govern sumaban mayoría, el tripartito repitió. Se esperaba que Montilla pusiera un cierto orden en el Govern. No se le atribuía una gran capacidad de gobierno, pero sí prudencia y sensatez: su lema – “hechos y no palabras”, tras toda la palabrería estatutaria-inspiraba cierta confianza. Pero el problema principal no eran las personas, sino la composición del Govern: socialismo y nacionalismo independentista no podían cuajar. ERC es un partido antisistema que pretende a corto plazo desintegrar Catalunya de España y, como es natural, hace todo lo posible para lograrlo. ICV, por su parte, tampoco colaboró en dar seriedad al Govern.

En definitiva, hubo muy pocos hechos y las palabras que se oyeron fueron las nacionalistas de ERC y las ecologistas de ICV. El PSC estaba desdibujado, sin personalidad, arrastrado por la corriente. La gestión de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut fue nefasta para los socialistas: Montilla convocó una manifestación con mayoría independentista y escapó por piernas en cuanto pudo. A la vuelta del verano, las elecciones del domingo con una desastrosa campaña electoral.

Así pues, tras un itinerario suicida, los socialistas catalanes, en su prolongado harakiri, han llegado, de victoria en victoria, hasta la derrota final: 226.000 votos menos que en el 2006, acumulando desde 1999 una pérdida total de 613.000. Parece que, al fin, han entrado en periodo de reflexión.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.