El Japón se mueve

Los prolongados anni horribiles políticos, que han abarcado más de medio decenio, se han acabado. El Partido Democrático Liberal (PDL) obtuvo una victoria decisiva en las elecciones a la Cámara Alta del Parlamento celebradas el 21 de julio, con lo que se puso fin a la indecisa política causada por la falta de una mayoría eficaz.

Durante los seis años anteriores, hubo seis primeros ministros, diez ministros de Defensa y catorce ministros de Justicia (diez de los cuales llegaron y se marcharon durante los 39 meses de gobierno del Partido Democrático del Japón, PDJ). Esas cifras indican lo inestable que había llegado a ser la situación política del país.

Pero la ansiedad por el inmaduro gobierno del PDL, la prolongada deflación y las amenazas sin precedentes planteadas por países vecinos crearon una sensación generalizada de crisis entre los votantes japoneses. A eso se debió que devolvieran al PDL al poder, aunque hace muy pocos años muchos votantes parecían hartos de este partido.

En la reciente campaña electoral, el PDL siguió criticando a los gobiernos anteriores del PDJ, pero se abstuvo de criticar a otros partidos. En lugar de eso, el PDL puso de relieve los efectos benéficos de las reformas del Primer Ministro Shinzo Abe (coloquialmente conocidas como “Abeconomía”), como, por ejemplo, un aumento de los precios de las acciones, un crecimiento más rápido del PIB y un mayor empleo, todas las cuales han infundido la esperanza de un vuelco en las perspectivas del Japón.

Desde que Abe regresó el pasado mes de diciembre para volver a ejercer el cargo de Primer Ministro, los votantes japoneses le encomendaron la tarea de mantener la estabilidad política y velar por la revitalización económica, pero, tras la relajación monetaria y la expansión fiscal, la tercera “flecha” de la Abeconomía es la que resultará más importante... y políticamente más difícil. El gobierno de Abe debe aplicar la desreglamentación y otras reformas estructurales, sin por ello dejar de convencer a los grupos de intereses poderosos para que se ajusten a un nuevo ambiente nacional y mundial en el que el antiguo modelo económico del Japón ya no funciona.

Afortunadamente, Abe no tendrá que preocuparse por las elecciones durante los tres próximos años. Con mayorías sólidas en las dos cámaras, ha de poder conseguir cualquier reforma legislativa que necesite, es decir, siempre y cuando pueda mantener la disciplina interna del PDL (su enorme popularidad lo ayudará).

En el programa de Abe figura una reforma de la seguridad social para afrontar las tendencias demográficas, además de conseguir la aceptación por parte del sector de la agricultura del Acuerdo de Asociación Transpacífico (AAT), el audaz acuerdo comercial regional que unirá a los Estados Unidos, el Japón, Australia, Nueva Zelanda y muchos otros países del resto de Asia, exceptuada China. Los rigores impuestos por el AAT obligarán a hacer importantes reformas agrarias y el proceso de sacarlo adelante pondrá a prueba, en verdad, la disciplina del partido.

Pero Abe está instando también al cambio en el sector de la investigación y la tecnología médicas al aceptar innovaciones durante mucho tiempo rehuidas como, por ejemplo, las células iPS (células-madre artificiales). También hace hincapié en el desarrollo de la energía renovable y las innovaciones en materia de ahorro energético, que pasaron a ser un objetivo normativo urgente a raíz del accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi de hace dos años. Abe está decidido a lograr avances constantes respecto de cada una de esas cuestiones decisivas.

Pero la Abeconomía tiene también un corolario estratégico. La diplomacia japonesa perdió su solidez con la inestable –y a veces ingenua– política del gobierno del PDJ. Así, pues, Abe ha estado viajando al extranjero todos los meses desde diciembre para demostrar que el Japón ha vuelto a ser un protagonista mundial y está particularmente interesado en desempeñar un papel prominente en la reforma de las estructuras de seguridad de Asia a raíz del ascenso de China. De hecho, tan sólo en los seis últimos meses Abe ha visitado 13 países (programa que lo ha ayudado a hacer olvidar cualesquiera recuerdos persistentes de su primer mandato como Primer Ministro, cuando la mala salud lo obligó a abandonar su cargo al cabo de un año apenas).

Abe ha insistido en particular en el fortalecimiento de la alianza del Japón con los Estados Unidos, que se había atrofiado a consecuencia del apático comportamiento del gobierno del PDJ (las relaciones con China también se deterioraron). En sentido más amplio, Abe concibe el futuro del Japón como el de un país comercial que ha asumido su papel legítimo para garantizar un orden marítimo libre y abierto. Ese torbellino diplomático de Abe va encaminado a fortalecer los vínculos con paises que comparten ese compromiso, así como otros valores del Japón, incluidos los derechos humanos y la democracia.

Naturalmente, en vista del tamaño y del dinamismo de Asia, hay muchas otras cuestiones que se deberán abordar en los próximos años, incluidas las mejoras de la seguridad en un Asia oriental actualmente inestable y la modificación de la Constitución del país, cosa que el PDL ha estado pensando en hacer durante muchos años, pero la primera prioridad para el segundo gobierno de Abe es la de reavivar la economía japonesa. Ya se ha comenzado esa tarea y la reciente victoria electoral del PDL fortalecerá la capacidad de Abe para concluirla.

Yuriko Koike, Japan's former defense minister and national security adviser, was Chairwoman of Japan's Liberal Democrat Party and currently is a member of the National Diet. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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