El juego del escondite

Por Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto (EL PERIODICO, 16/04/05):

No sé lo que pasará después de las elecciones de hoy, pero ahora, al final de esta aburrida y desangelada campaña electoral, los partidos están instalados en pleno frentismo. Por supuesto, el término no gusta y nadie lo asume salvo para decir que "los otros" son los auténticos frentistas. Juan José Ibarretxe mide mucho sus palabras y desconcierta. Si de alguien cabe decir que es dueño de sus silencios y de su tiempo es del lendakari Ibarretxe. Se ha dicho de él que se repite. Pero se ha dicho también que nadie puede llevarse a engaño con sus pretensiones, pues, en efecto, las repite hasta el empecinamiento, como dicen algunos periodistas en el País Vasco.

Pero, al mismo tiempo, sigue siendo una incógnita lo que vaya a hacer en el futuro. Estoy convencido de que cuando presentó por primera vez su plan, en septiembre del 2002, no lo conocía la cúpula del PNV hasta unas horas antes. Plan del que apenas ha hablado en esta campaña, lo que muestra su inteligencia política, pues sabe bien que su figura como lendakari concita muchos más apoyos (es de lejos el líder mejor valorado) que el plan que lleva su nombre, que además de ser rechazado por los votantes constitucionalistas plantea dudas y recelos entre el propio electorado nacionalista. De ahí que el nacionalismo no haya centrado la campaña en el plan Ibarretxe, sino en la negociación. Parece el juego del escondite.

Lo llamativo del caso es que el PSE-PSOE apenas se lo haya recordado (y a última hora) y se hayan centrado en el mismo terreno de la negociación, pero con la ventaja, para los nacionalistas, de que el plan Ibarretxe lleva cerca de tres años dando vueltas en el Parlamento vasco y el del PSE se ha presentado, casi de tapadillo, fuera del Parlamento y está incluso más oculto que el plan Ibarretxe. Tan evidente es esto que, al final de la campaña, en los mítines de los socialistas se levanta la temperatura para decir que Ibarretxe engaña y miente.

EL PSE-PSOE,precisamente, se presenta como el puente necesario para romper el frentismo en el que coloca al PP de un lado y al PNV-EA por el otro. A veces a PNV-EA junto a Batasuna y ahora junto a PCTV/EHAK (Por cierto, si no son ilegales, ¿cómo habrá que contabilizar su voto en la investidura del nuevo lendakari?, ¿cómo el voto de ETA?).

Creo que cuando José Luis Rodríguez Zapatero en Madrid, lo acaba de reiterar en una entrevista en la SER el jueves pasado, y Patxi López en Euskadi, día si y día también, toman posición contra el frentismo en Euskadi son absolutamente sinceros. Pero cuando María Teresa Fernández de la Vega, tras afirmar en Vitoria que "hay que dar una salida a un callejón sin salida que divide y fractura a la sociedad vasca", añade, dirigiéndose al PP, que no cabe gritar en Madrid y pactar en Euskadi, la pregunta se impone: ¿con quién quiere gobernar el PSE-PSOE? Todo el esfuerzo de centralidad que ha realizado este último año se difumina para muchos vascos por su indefinición extrema. De nuevo el juego del escondite.

No basta con decir que el lendakari tiene que ser Patxi López. ¿Con qué apoyos? La única posibilidad realista de que López sea lendakari es que recibiendo los votos del PP y, si cabe, los de Ezker Batua, si se desdice Javier Madrazo, obtenga mayoría absoluta. Es posible, aunque improbable. Además complicaría las cosas aún más de lo que están apuntalando para muchos años el frentismo. La sociedad vasca es mayoritariamente nacionalista y, ahora, unos años sin que ningún representante nacionalista esté en el gobierno radicalizaría el nacionalismo vasco.

Jerome Socolovsky firmó un lúcido artículo en El diario vasco el pasado martes. Lo cerraba con estas palabras: "Hay un aspecto que no he encontrado en ningún otro lugar de forma tan extendida como en Euskadi y que de alguna manera me parece más preocupante que lo que he visto en el Oriente Próximo y los Balcanes: la incapacidad de algunas personas para ver un átomo de legitimidad en el punto de vista del adversario".

Estoy plenamente de acuerdo con su diagnóstico. Este unilateralismo, sin olvidar a ETA --que puede actuar hoy mismo--, es el auténtico cáncer que corroe la política vasca. La política y la intelectualidad. Parecería que hay que convertirse en intelectual orgánico (escribir o hablar siempre a favor de una opción determinada), esconderse en una imposible imparcialidad o ser tildado de equidistante, ambiguo o cosas peores.

ALGUIEN, ALGUNdía, hará una lectura de los análisis sobre Euskadi en los medios de comunicación. Será interesante saber cuántos, sin renunciar a sus propias convicciones, y olvidándose de la paja en el ojo ajeno, supieron ver la viga en el ojo propio frente a los que sólo vieron la viga en el ajeno sin ver la paja en el propio. Sea cual sea el resultado de hoy, el futuro de Euskadi pasa por la transversalidad, por llegar a un acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas. Si eso no es posible, y probablemente se ha llegado demasiado lejos en la confrontación para que ahora mismo sea posible, al menos que se sienten en una mesa, cada uno con su proyecto y no se levanten hasta que lleguen a un acuerdo en el que quepamos al menos dos de cada tres vascos. Son muchas más las cosas que compartimos que las que nos separan. Está fehacientemente constatado.