El juramento de los diputados

Por Andoni Unzalu Garaigordobil (EL CORREO DIGITAL, 27/07/07):

Leyendo el otro día el reportaje de la toma de posesión de los diputados de Bizkaia, me he quedado totalmente asombrado. El diputado general hace un alarde de populismo y a los diputados cesantes les dice en plan buen rollo que tranquilos. Que la política es así. Que aquí todos somos temporeros. Hoy estamos y mañana no. Uno se frota los ojos y dice: mira, mira una nueva clase de políticos. Suena muy bien, la verdad. Lo que no dice es que el diputado del PNV cesado lleva ya en cargos públicos una veintena de años. Es más, el que eso le decía ya tenía preparado otro nombramiento para el cesante. Y sobre todo, el diputado general sabrá que los demás sabemos que él está en puestos políticos públicos de forma ininterrumpida desde el año 1983. Con los cuatro años que le quedan por delante, 28 en total. Toda una vida, literalmente. Para ser temporero no está nada mal. Todos los ciudadanos tenemos asumido que en la política, como en otros órdenes de la vida, las personas tienden a perpetuarse en los puestos de poder. El problema no es tanto cuánto tiempo están, como los criterios de selección utilizados para su permanencia.

Pero lo que más me preocupa de estas tomas de posesión son los juramentos. Teníamos entendido que todos los gobernantes, y como requisito indispensable para serlo, debían jurar cumplir la ley y hacer cumplirla. El día 5 jura su cargo el diputado general con una fórmula extraordinaria, tal como indica la página web de las Juntas Generales: « para jurar su cargo bajo el Árbol de Gernika y pronunciar la famosa frase ‘Jainkoaren aurrean apalik, Bizkai-lur gainean zutunik, Asaben gomutaz, Gernikako zuhaitzpean, neure agindua ondo betetzea, zin dagit’, o lo que es lo mismo, ‘Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra de Bizkaia, en el recuerdo de los antepasados, bajo el Árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato’». Todos sabemos que la famosa frase es la fórmula utilizada por el lehendakari Agirre en su juramento del 7 de octubre de 1936 -cambiando el Eusko-lur original por Bizkai-lur, claro- y que tres lehendakaris de la democracia lo han repetido (aunque menos se menciona que el lehendakari Agirre, la noche de la víspera de su juramento en Gernika, juró obediencia al EBB en la basílica de Begoña). ¿Quiere indicarnos con esto el diputado general que está practicando para el futuro?

Buscando fórmulas antiguas, le recomendaría al diputado general que la vez siguiente jure con el pie izquierdo descalzo, pisando tierra, que creo que era la fórmula foral. Yo soy partidario de que algunos actos cívicos importantes adquieran un carácter simbólico, precisamente para recalcar que la función encomendada está por encima de los meros intereses personales, y para que la institución obtenga de la ciudadanía una adhesión y respeto que, a veces, las personas concretas no concitan.

La fórmula del lehendakari Agirre me gusta, con ese ‘Zin dagit’ de verbo arcaico al final. Ya sé que habla de humillarse ante Dios, pero las fórmulas simbólicas son eso, símbolos que no hay que entender en su literalidad. Y si tiene valor simbólico es únicamente como juramento del lehendakari de la primera institución política democrática que hemos tenido en común los vascos de la Comunidad Autónoma. El que otros cargos empiecen a utilizar esta fórmula, además de un atrevimiento considerable, deja sin efecto su propio valor simbólico de partida.

Unos días después juraban sus cargos los diputados. Y, como en todo hay clases, utilizaron otra formula, ésta más antigua: ‘Juro (o prometo) defender los fueros, usos y costumbres de Bizkaia, símbolo de libertad y autogobierno, con espíritu de servicio, para el aumento del bien y de la justicia’. Veo que en la crónica de este diario hay un ‘lapsus calami’ revelador: en vez de ‘fueros’ pone ‘fueron’. Algunos nacionalistas hacen considerables esfuerzos para soslayar y menospreciar la legislación democrática actual (que dicho sea de paso es la legislación que legitima los cargos de que gozan). Es más, esta fórmula es una forma ostentosa de proclamar que los diputados recién designados proclaman la legitimidad foral frente a la legislación democrática constitucional. Me asombra que nadie haya protestado. Y estoy por afirmar que al menos la mitad de los que juraron no han leído el fuero de Bizkaia. Yo guardo en casa, con cariño, una edición de 1643, pero el diputado general puede acercarse a la Biblioteca Foral, donde guardan dos ejemplares de la edición más antigua, de 1528. Impreso en Burgos, por cierto. Verá que en el título pone ‘El Fuero priuillegios, franquezas y libertades delos Caualleros hijosdalgo del Señorío de Vizcaya’. El título ya lo dice todo. Yo les aconsejo que se lo lean con tranquilidad.

Cuando los diputados dicen que van a defender los fueros, yo no sé muy bien lo que quieren decir. Pero, si van en serio, nos podemos echar a temblar. El diputado general sabrá que hasta finales del XIX no había un diputado general, sino dos. Y no creo que esté por la labor de compartir con la autoridad regia a través de su representante (el corregidor). Los grandes defensores del euskara debieran saber que para ser juntero era obligatorio saber castellano; idioma que se utilizaba en todos los documentos. Sabrán que en el sistema foral el voto individual no existía: era fogueral. Y sabrán, sobre todo, que los que tenían derecho a ser elegidos eran poquísimos, sólo los que tenían cierta cantidad de bienes ‘millares’. Nuestro lehendakari -como la tradición nacionalista vasca- tiene grabada 1839 como la fecha de la pérdida de las libertadas vascas. El 25 de octubre de 1839, «cuando nos arrebataron nuestra constitución», como a él le gusta denominarlo. Debiera saber que en las primeras elecciones a juntas generales, finalizada la primera guerra carlista, en San Sebastián, que sí eran vascos y estuvieron sitiados largo tiempo por los carlistas -lo mismo que los bilbaínos-, los que tenían derecho a ser elegidos no llegaban al 4% de la población. Que San Sebastián se negó a utilizar el sistema electoral foral y amenazó con segregarse de Gipuzkoa y pasarse a Navarra.

Cuando el lehendakari dice que el fuero es nuestra constitución, ¿qué quiere decir? ¿Que nos va a quitar el derecho al voto, no ya sólo a las mujeres, por supuesto, sino a todos los demás, y pasamos a votar por fogueras y los elegibles sean unos cuantos cientos de jauntxos? ¿Se da cuenta de la ‘barbaridad’ -utilizo una palabra querida del lehendakari- que dice al afirmar que el fuero es nuestra constitución? Siempre hemos asociado el término ‘constitución’ como garantía de los derechos individuales de los ciudadanos; no debe de ser así para el señor Ibarretxe. Sabrán los nacionalistas que los primeros adversarios-enemigos de Sabino Arana eran precisamente los carlistas foralistas. Pueden leer los señores diputados un librito de precioso título y publicado en Buenos Aires en 1912: ‘Polémica que sostuvo nuestro llorado maestro Sabino de Arana y Goiri con los enemigos de Euzkadi’. Los enemigos de Euzkadi eran, naturalmente, los carlistas foralistas. Y a partir de aquí un fuero inexistente e inventado se enfrenta a los foralistas como legitimación del nacionalismo.

Pero me parece que las elucubraciones de los diputados no llegan a tanto. Simplemente tratan de hacer público su menosprecio por la legalidad constitucional. Les recuerdo una cita de un nacionalista ejemplar: en 1942, Manuel Irujo escribía al lehendakari Agirre: «Y en todo caso, no debes olvidar que Negrín y tú resultasteis llevados a esa categoría aplicando la Constitución y el Estatuto contra los que te pronuncias y que aquél mantiene. Y si tú puedes denominarte, como lo haces, Gobierno ‘legítimo’, es con la invocación, tácita al menos, de las leyes en cuya virtud fuiste elegido». Pues eso.