El lado oscuro del PNV

El 12 de julio se celebran elecciones autonómicas en el País Vasco y el PNV aparece nuevamente como el virtual ganador de las mismas. Desde el nacimiento de Euskadi como Comunidad Autónoma, el PNV ha sido el total dominador de la política e instituciones vascas, a excepción del mandato como lehendakari de Patxi López entre 2009 y 2012. Estamos ante el partido político más predominante en una misma comunidad. Acumula mucho poder y, sobre todo, mucha influencia en la esfera de la política global española. Merece la pena destacar algunos puntos de su ideología, para que se conozca realmente qué defiende el PNV en su propia página web oficial.

Primero. Desobediencia de la Norma de convivencia de 1978. No es un buen inicio, pero el PNV se postula en contra, nada menos, que del artículo 1 y 2 de la Constitución española. El artículo 1.2 proclama el principio esencial de la democracia: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». Esto significa, entre otras cosas, que tanto el Gobierno como el Parlamento de Euskadi, que probablemente a partir del 12 de julio controlará el PNV para desarrollar sus políticas nacionalistas, son legítimos porque así lo decidió y aprobó en su día el pueblo español. Sin embargo, lo que defiende el PNV es que «los vascos de los seis territorios constituimos un mismo pueblo unido por su origen y por su voluntad, dueño de sí mismo, sin que reconozcamos y acatemos otra soberanía». Aparte de ir en contra de la Constitución, el PNV se autoproclama en representante de la voluntad de todo el pueblo vasco, considerando que todos los vascos deben pensar como ellos, cosa que no es verdad en el caso de los no nacionalistas; o no considera como vascos a los vascos no nacionalistas, lo que es peor.

El lado oscuro del PNVPor otro lado, el artículo 2 CE señala que la Nación española es la «patria común e indivisible de todos los españoles», mientras que el PNV sostiene como principio primero de su Declaración del Centenario que «Euzkadi es nuestra Patria». Por lo demás, atribuye a Euskal Herria un carácter cuasimitológico, autodefiniéndose, atención, en los siguientes términos: «Nosotros: hijas e hijos de Euskal Herria, de este pueblo que habita y trabaja en esta encrucijada de Europa desde antes de que haya memoria histórica de hombres…»(¡).

Segundo. Carácter cuasireligioso de la causa vasca. Me preocupa el fanatismo en cualquiera de sus niveles, pero el hacer categoría de la tierra en donde se nace, me parece de los más dañinos de la historia de la humanidad. Es más que preocupante transcribir cómo concluye la citada Declaración del Centenario, a pesar de que el PNV se declara partido aconfesional. Dice así: «Juramos fidelidad a la causa del pueblo vasco, sin contraponer jamás el interés particular al de la Patria». Analicemos esta frase. Es un partido aconfesional, pero se pone a Dios por testigo en la fidelidad a la causa vasca (¡), pero es que a continuación la Patria se pone por encima del interés particular, esto es, lo particular, lo individual está al servicio de la Patria vasca. En fin: Dios, Patria y política, todo un modelo de democracia del siglo XXI. Es verdad que el PNV tiene un extenso pasado demócrata-cristiano que, por supuesto, merece todo el respeto del mundo. Pero veo difícil, por no decir imposible, que en pleno siglo XXI se puedan seguir mezclando la religión y la política.

Pero no acaba aquí el juramento, lo que sigue me preocupa aún más: «Por más diferencias de formación, de credo, ideología, nivel económico o prestigio social que haya entre nosotros, nos une desde nuestro ser de vasco». A ver si lo entendemos bien, se está haciendo del ser vasco categoría existencial (¡), es irrelevante la ideología, el credo, la formación, el dinero, nuestro nexo de unión como personas no es por ser personas, sino por ser… ¿vascos? Pues sí, eso se sostiene, insisto, en pleno siglo XXI por el PNV. Pero falta lo mejor, el final del juramento, que vuelve a utilizar a Dios por testigo en los siguientes términos entre heroicos y mártires: «Este es nuestro juramento, que pronunciamos conscientes de lo que su guarda ha costado en sangre, destierro y cárcel a tantos de nuestros mayores, y que prometemos guardar por encima de nuestras miserias individuales». Vuelve a aparecer lo individual como miserable, la persona se debe someter a la Patria vasca.

Tercero. Sometimiento de la persona a la causa vasca. Aunque colateralmente lo hemos apuntado en el anterior apartado, este punto requiere de un mayor análisis. Probablemente sea lo más inaceptable del PNV, hacer categoría existencial de la tierra donde uno nace. La esencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, después de la locura que produjo el nacionalismo alemán e italiano, principalmente, fue precisamente que la dignidad del ser humano lo es por su simple existencia, independientemente de la tierra en la que accidentalmente nacemos.

Analizamos ahora el documento Juramento de 19 de julio de 2015, EAJ-PNV 120 años haciendo crecer Euskadi. En el punto tercero indican que «aspiramos a construir una Nación… Y en ese ser entendemos la identidad vasca como factor de desarrollo humano». Me parece terrible esta afirmación. El desarrollo humano puede venir de la literatura, de la música, de la historia o de la ciencia, de la religión y de la comunicación con los demás, pero que el factor del desarrollo humano provenga de la identidad vasca, española, argentina, japonesa o francesa, lo mismo da, me parece absolutamente inaceptable o contrario a cualquier declaración, pacto, convenio o carta de derechos existente.

Y más juramento: «Juramos, so el Árbol de Gernika, símbolo de nuestros derechos y de nuestro ser nacional, fidelidad a la causa del Pueblo Vasco, sin contraponer ni anteponer jamás el interés particular al de la Patria». Por si había alguna duda, otra vez el interés individual o particular sometido a la Patria vasca, con juramente incluido. Concluyendo, por si no había quedado claro, que lo individual está al servicio de la Patria: «Este es nuestro juramento, que pronunciamos conscientes de lo que su guarda ha costado en sangre, destierro y cárcel a tantos de nuestros mayores, y que prometemos guardar por encima de nuestras circunstancias individuales y de los avatares de los tiempos».

Pero esto no es algo particular del Juramento de 19 de julio de 2015. Veamos los Estatutos Nacionales de 2016 y sus Principios Generales. En el primero se explica que «EAJ-PNV recibe su nombre del lema Jaungoikoa eta Lege Zarra [Dios y la ley vieja], expresión que conjuga una concepción trascendente de la existencia con la afirmación de la Nación vasca…». La existencia como trascendente me parece algo lo suficientemente serio y decisivo para hacerlo depender del lugar donde se nace. Que la razón de ser o existir se sustente en afirmar el ser vasco o de cualquier otra parte del planeta me parece un ataque directo a la propia dignidad del ser humano, independientemente de donde haya nacido.

Cuarto. El PNV es un partido machista en el reparto del poder. No lo pondrán por escrito, pero el poder en estos 40 años de democracia no se ha dejado a ninguna mujer. Los hechos son tozudos. Actualmente representan al PNV Urkullu, Aitor Esteban y Ortuzar, las tres caras más conocidas, sin duda. Y desde las primeras elecciones democráticas de 1977 hasta hoy en el PNV han destacado las siguientes figuras políticas: Garaikoetxea, Ardanza, Ibarretxe, Arzalluz o Jon Imaz. No vamos a encontrar en el PNV a una Esperanza Aguirre, Soraya Sáenz de Santamaría o Isabel Ayuso, como en el PP. O una Susana Díaz, Teresa Fernández de la Vega o Carmen Calvo, del PSOE. Mujeres con poder. ¿Hay en el PNV un caso similar? Evidentemente no.

Termino. El presente artículo ha descrito una ideología en base a los textos del propio PNV. Evidentemente, cada cual puede pensar lo que le dé la gana, pero es difícilmente negable que la sociedad vasca es cada vez una sociedad más cerrada y menos plural. En estos 40 años, el diferente ha tenido que desaparecer o irse, esto es, el no nacionalista; vasco, pero no nacionalista. Me parece terrible y humanamente inaceptable, no se puede mirar para otro lado. Hay que defender lo contrario, sociedades abiertas, plurales, diferentes, donde quepan todos. Tristemente, Euskadi, a partir del 12 de julio, será una sociedad cada vez más pobre en términos humanos, homogénea y nacionalista.

David Ortega es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.

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