El largo camino de la izquierda mexicana al poder

 El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su discurso de celebración en el Zócalo de Ciudad de México, el 1 de julio de 2018 Credit Alfredo Estrella/Agence France-Presse — Getty Images
El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su discurso de celebración en el Zócalo de Ciudad de México, el 1 de julio de 2018 Credit Alfredo Estrella/Agence France-Presse — Getty Images

En su discurso de cierre de campaña, Andrés Manuel López Obrador hizo un recorrido de su genealogía política. Su movimiento, advirtió, se inserta en una tradición longeva que parte del movimiento estudiantil del 68, las luchas sindicales mexicanas, las resistencias políticas frente a los fraudes electorales y un amplio movimiento cultural vinculado al cambio político en México. Esa es la izquierda que representa López Obrador y las luchas de las que se siente heredero.

Su discurso ha confrontado el relato de la transición democrática en México y ha planteado una nueva trama que, por fin, llegó al poder. La toma del poder de la izquierda es un hito que modificará el curso de la historia mexicana y dará un rostro más justo e igualitario a un país profundamente desigual y violento.

Las luchas de la izquierda son diversas, por ello es necesario dejar de nombrar a la izquierda en singular para abrazar su forma plural: las izquierdas. A las izquierdas suelen unirlas ciertos temas y prioridades, como la exclusión política, económica y social de las personas; los elementos que las dividen se cuentan en las tácticas y estrategias políticas para combatir la exclusión.

El camino de la izquierda al poder fue largo y tortuoso, estuvo marcado por desencuentros, rupturas y recomposiciones. El 9 de septiembre de 2012, en un mitin en el zócalo, AMLO anunció que se separaría de la coalición que lo había cobijado hasta entonces para fundar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Este distanciamiento se leyó como una ruptura insalvable para la izquierda partidista. El futuro de Morena era incierto y López Obrador dijo que estaba por decidirse si continuaría como asociación civil o se constituiría como partido político. Finalmente nació como partido en 2014.

Una de las razones del triunfo de AMLO es que se presentó como una alternativa al saldo de los últimos doce años: 234 mil personas asesinadas, más de 30.000 desaparecidos, entre 300.000 y 1,6 millones de víctimas del desplazamiento forzado y más de cien periodistas asesinados.

La agenda mínima y urgente en los albores del nuevo gobierno se centra en dos premisas básicas: “No me mates” y “No me quites”. Si el Estado logra garantizar la vida —cambiando la estrategia de seguridad punitiva y militarizada— y promover la igualdad económica, a largo plazo las izquierdas podrán crear un proyecto de autonomía más profundo en el que las comunidades puedan decidir su futuro.

Por primera vez desde 1934, con el ascenso del general Lázaro Cárdenas, la izquierda en México ha logrado detentar el poder político y ocupar las instituciones. Una coalición tan amplia y llena de contradicciones deberá establecer prioridades a la hora de gobernar. Debemos preguntarnos desde la izquierda, en conjunto, y con mucha imaginación política, ¿cómo hacer? Es decir, ya no lo que hay que hacer, sino cómo lo podemos lograr.

En cuanto a políticas públicas, se vislumbran ya algunas coincidencias entre las izquierdas: el aumento al salario mínimo, la universalidad de las políticas sociales, la inclusión educativa, una economía redistributiva y mayores canales de participación ciudadana en la toma de decisiones, así como espacios para la rendición de cuentas. Allí hay posibilidades de organización por parte de grupos que hoy, pasada la disputa electoral, parecen antagónicos.

Más allá de las izquierdas partidistas existen muchos grupos en México que comparten una agenda a favor de la inclusión política y económica de la mayoría. Ahí se encuentran grupos defensores de derechos humanos, colectivos de defensa del territorio, algunas comunidades de resistencia urbana, enclaves autonómicos como Cherán o las Juntas del Buen Gobierno en Chiapas. Todos esos grupos han permanecido en resistencia crónica, algunos anhelando el poder político y otros rechazándolo de lleno. Sin embargo, su suerte en los últimos años ha sido similar: persecución política, violencia en sus comunidades y desmembramiento de sus organizaciones.

El triunfo de López Obrador significa una oportunidad histórica para las izquierdas mexicanas. Su arribo al poder reconfigurará todo el espectro político. Militantes y cúpulas de las izquierdas partidistas querrán capturar lo que quede dentro de sus instituciones o salir en desbandada hacia Morena. Quienes no están dentro del sistema de partidos se encontrarán frente al inicio de una nueva época en la que la resistencia no será su único fin. Las izquierdas y sus causas diversas tendrán la oportunidad de hacer avanzar sus agendas practicando la imaginación política para organizarse mejor.

La reconfiguración política después de la elección no solo abarca a los partidos, sino a un amplio conjunto de movimientos civiles cuya tarea será vigilar y crear alternativas si el cambio de AMLO llega a desilusionar y ser una firme oposición para evitar el regreso, siempre agresivo, de la derecha al poder.

Los nuevos actores que se fortalecen con la llegada de AMLO a la presidencia deberán aprovechar las nuevas condiciones para organizarse y comenzar a construir el país por el que han resistido en esta larga noche. Mirarse a los ojos y decir que volveremos a comenzar.

Antonio Martínez Velázquez es cofundador de Horizontal y de Democracia Deliberada. Colabora frecuentemente en Animal Político, entre otros medios.

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