El lema

Por Pello Salaburu (EL CORREO DIGITAL, 11/01/07):

El lehendakari nos ha convocado a los ciudadanos para que nos manifestemos por la paz y el diálogo. No es el lema adecuado en estos momentos. Los ciudadanos queremos manifestarnos contra ETA, después de la barbaridad de Madrid. No queremos que haya dudas en la exteriorización de nuestros sentimientos, ni queremos que nadie interprete lo que no es: ETA ha matado y ha sembrado la destrucción en el aeropuerto de Barajas. Eso es lo que ha provocado la manifestación. ETA ha matado en una coyuntura excepcional, además: en un momento que teóricamente era de paz y de diálogo, porque hablando de paz y dialogando estaban los representantes del Gobierno con los representantes de los terroristas. Ya sé que hablar de paz y diálogo cuando estaban quemando autobuses y cajeros, o pegaban tiros en el monte, o acorralaban a policías, no concuerda demasiado con el significado de la paz o del diálogo, pero al menos no había muertos.

Pues bien: por eso creo que el lema escogido no es el adecuado. Podía haberlo sido antes de las bombas (aunque no sé muy bien para qué serviría), pero no ahora. Ahora lo que queremos es mostrar nuestro rechazo a ETA, lo que queremos es decir en público que ETA nos produce profundo asco y repugnancia. No me gustaría encontrarme con alguien a mi lado en la manifestación con la pegatina de la serpiente en la solapa, y preocupado por la paz y el diálogo. Podría caber perfectamente en este contexto. Yo no quiero saber nada con él en estos momentos. La manifestación es para la inmensa mayoría que queremos decir de nuevo, una vez más, ‘ETA no’. Puedo reclamar, y reclamaré, paz y diálogo, pero no es éste el momento. Hay humildes inmigrantes que han caído asesinados de la forma más vil. Que explique ETA a sus familiares cómo está manteniendo el alto el fuego ‘permanente’. Basta. Ahora necesitamos reclamar otras cosas. Y necesitamos decirlo con claridad, sin ambigüedades florentinas que pueden acabar convirtiendo un legítimo rechazo social en un clamor popular que invita al olvido de lo pasado, en la interpretación de algunos. No se puede, ni se debe, borrar de esta manera lo sucedido hace unos días.

Porque de paz y diálogo hablan también los dirigentes de Batasuna. Otegi pide de nuevo a ETA que mantenga el alto el fuego permanente, mientras de paso hace responsable último de la salvajada de Barajas al Gobierno de los socialistas. Igual igual que la propia organización lo indica en su comunicado. Parecen hermanos gemelos. Estamos otra vez ante una perversa manipulación de las palabras: ¿Cómo va a mantener ETA el alto el fuego, si la palabra ‘mantener’ significa precisamente sostener algo, perseverar, no variar el estado de algo? ¿Cómo lo va a hacer tras haber puesto la bomba en Barajas? Ni una palabra de condena. Lo de Barajas es como algo que ha llovido del cielo, algo que ha caído de manera fortuita, algo que es mejor olvidar, una tachuelita sin importancia, algo querido por los dioses (los dioses son los de la capucha, claro) porque hay que impulsar la paz y el diálogo. Lo de Barajas es como si no hubiera existido. No, no ha existido. Bueno, casi no existe ni Barajas. Por eso hay que seguir con el proceso, en opinión de Batasuna y de ETA.

Batasuna no entiende un proceso de paz sin muertos ni bombas, por lo que se ve. Porque si lo entendiera así, lo pondría en letras bien claras. Nunca han tenido pelos en la lengua para decir lo que les parece. A sus ojos, un proceso con muertos es menos proceso, pero sigue siendo proceso al fin y al cabo. Como le sucede a ETA: ‘Seguimos con el alto el fuego -dicen-, pero vosotros andaos con ojo si hacéis algo distinto de lo que queremos’. Ni unos ni otros entienden la construcción de Euskal Herria sin repetir una y otra vez sermones que producen repugnancia. Alguna de las múltiples ramificaciones del tinglado quería hacer su aportación fundamental al proceso hace unos días: amnistía para todos los presos (‘políticos’, se entiende). Era una propuesta razonable y razonada, nueva, original, sin rencor alguno, constructiva e imaginativa, aunque siempre me quedará la duda de si entre los que deben ser amnistiados están incluidos también los que han puesto la bomba. Quizá para ellos haya que hacer otra propuesta imaginativa en el futuro. Eso, junto con alguna pedrada a la Policía autonómica, es su aportación desinteresada al ‘proceso’.

En estos momentos hay que echar al cesto de los papeles -siguiendo la invitación sin aspavientos realizada por la propia ETA- todos los procesos, no vaya a ser que la ambigüedad de nuestras manifestaciones acabe viciando la realidad. ETA ha hablado con claridad meridiana: ‘¿Queréis paz y diálogo? Ésta es mi aportación. Obediencia ciega a quienes queremos salvaros, o muerte y destrucción’. Hagamos también nosotros nuestra propia aportación. Que nos dejen, al menos en esta ocasión, la claridad de la palabra. La organización terrorista ha dado un paso que va a tener consecuencias enormes en el futuro. Máxime si nadie de Batasuna dice que ya está bien de barbaridades, si nadie de ellos advierte de que la construcción de Euskal Herria se hace en la paz y desde la paz, si nadie de ellos muestra el más mínimo sentimiento por la desaparición violenta de dos personas de origen humilde que en mala hora vinieron a mejorar un poco sus condiciones de vida. Si nadie de ellos tiene un poco de pudor para transitar por esta vida con un poco de dignidad. Hablan, por vez primera, de ‘atentado’, y la utilización de esta palabra se interpreta como una revolución en sus mensajes. ¿Será posible? ¿Tampoco ahora, que llevábamos unos meses de más tranquilidad, va a levantar nadie la cabeza? ¿Nadie de ese mundo va a preguntarse a dónde vamos con todo esto? ¿Nadie se va a interrogar sobre esta sinrazón? ¿Nadie se va a quitar la venda? ¿Es posible estar tan alejado de la realidad?

Tendrá consecuencias en ETA, tendrá consecuencias en Batasuna y su entorno. Tendrá consecuencias, por supuesto, en la vida diaria de todos nosotros. Pero todos tenemos derecho a defendernos de quienes nos atacan de forma gratuita, sin que esa forma de proceder parezca tener un coste para ellos. Tenemos derecho a defendernos y a proclamar, una vez más, que estamos hartos, que esta vez han perdido una ocasión magnífica. Que, salvo que Batasuna se desmarque de la violencia (no lo ha hecho nunca) o ETA diga adiós a las armas, una oportunidad de éstas tardará en volver, y lo hará con el escarmiento del fracaso encima.

No son buenos interlocutores, porque son unos tramposos. Eso también se va aprendiendo. Por supuesto que entiendo que es obligación de los gobernantes bajar a los infiernos para hablar con quien haya que hablar. Lo deben hacer. Lo deben hacer siempre. Porque todas las vías deberán estar abiertas siempre. Si la vía policial y judicial han fracasado hasta el momento, porque fracaso es no haber acabado con ETA, habrá que abrir otros canales paralelos. Pero eso es un tema de los gobernantes, no de los ciudadanos. En esta ocasión, los ciudadanos queremos manifestar con libertad, con claridad, con sencillez, pero con seguridad, que rechazamos la tiranía de ETA, que debe desaparecer del horizonte cuanto antes, que queremos a todos sus militantes presos o retirados, que no los queremos aquí, que han vuelto a equivocarse, que las equivocaciones se pagan. Son demasiados mensajes en torno a la misma idea. Pero se sintetizan de forma extraordinariamente fácil: ‘ETA no’. Por todo eso creo que el lema escogido no es el adecuado. Por todo eso y por más.