El líder que necesita el Banco Mundial

La renuncia repentina de Jim Yong Kim como presidente del Grupo del Banco Mundial (GBM) ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la dirección, legitimidad y efectividad de esa institución de 75 años. Al igual que otras instituciones multilaterales, el Banco en los últimos años ha recibido críticas por su elitismo y por defender modelos caducos de globalización económica que no han sabido ofrecer beneficios generalizados. También se ha convertido en otro escenario donde se dirime la rivalidad geopolítica de grandes potencias entre Estados Unidos y China.

Frente a esta realidad, los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20 crearon una comisión en abril de 2017 para recomendar reformas en la arquitectura financiera global y las instituciones financieras internacionales. Y en una reunión del G-20 en octubre de 2018, la comisión emitió un informe que delineaba medidas “para crear un orden internacional cooperativo para un mundo que ha cambiado irreversiblemente”.

La misión apropiada de las instituciones financieras multilaterales de desarrollo es ayudar a resolver los problemas urgentes y de gran escala en el mundo en desarrollo. Por ejemplo, hoy en día somos testigos de la mayor expansión urbana en la historia y, para afrontarla, hará falta duplicar la existencia de infraestructura global en los próximos 15 años. Las instituciones multilaterales también tienen un rol que desempeñar a la hora de abordar la gran expansión demográfica de África, y sentar las bases para un crecimiento económico sostenible y descarbonizado en todo el mundo en desarrollo. De no hacerlo, el mundo tendría que prepararse para ver más migración, desempleo, frustración y furia en los próximos años.

Éste es el contexto en el cual será elegido el próximo presidente del GBM. Como era de esperarse, la Junta de Directores Ejecutivos de la organización aspira a encontrar un candidato que sea capaz de ejercer un liderazgo y una gestión efectivos, con una visión convincente, un compromiso con el multilateralismo y capacidades para la comunicación diplomática (léase: “políticamente experto”). El candidato debería estar dispuesto a implementar estrategias ya acordadas, expresadas en los documentos “Forward Look” y “Sustainable Financing” del GBM, publicados anteriormente.

Sin embargo, el criterio más importante, en mi opinión, es que el candidato abrace la misión del GBM en toda su ambición y magnitud, y siga las recomendaciones del reciente informe del G-20. La tarea del presidente del GBM se redefinió en 2017, con la introducción de un CEO. Bajo este nuevo acuerdo, el presidente debería estar libre para focalizarse en la estrategia (por ejemplo, la mejor manera de utilizar un incremento de capital reciente), las relaciones de la Junta y las alianzas.

A falta de un proceso estándar de selección de las autoridades, las instituciones multilaterales han desarrollado sus propios métodos con el tiempo. Por ejemplo, el Banco Interamericano de Desarrollo tiene un sistema de doble mayoría, por el cual el candidato ganador debe obtener una mayoría de los votos de los accionistas, así como una mayoría absoluta de votos de los gobernadores regionales. En las Naciones Unidas, la Asamblea General selecciona al secretario general por recomendación del Consejo de Seguridad. En el caso del flamante Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el presidente debe recibir el 75% de los votos. En cada caso, el proceso está destinado a darles a las principales potencias del mundo su debida voz, y al mismo tiempo impedir que cualquier país domine por completo la agenda, manteniendo así el espíritu de multilateralismo.

Sin embargo, en el GBM, el candidato ganador simplemente tiene que obtener la mayoría de los votos. En la práctica, el presidente siempre ha sido norteamericano, gracias a un acuerdo informal entre Estados Unidos y Europa, por el cual los europeos respaldan al candidato del GBM favorecido por Estados Unidos, mientras que Estados Unidos apoya a un europeo para dirigir el Fondo Monetario Internacional (que tiene un sistema de votación de simple mayoría similar). Sin duda, Estados Unidos no puede vetar a un candidato para presidente del GBM (como sí puede hacerlo con un candidato a secretario general de las Naciones Unidas). Pero sería desatinado que cualquier candidato hiciera campaña sin al menos un respaldo implícito de Estados Unidos.

Esto deja una serie de opciones para elegir al próximo presidente del GBM. Estados Unidos podría optar por un norteamericano que satisfaga a otros países: Kim, por ejemplo, pregonó sus orígenes coreanos durante su campaña de 2012 para el puesto. Podría elegir a un norteamericano con doble nacionalidad o a un inmigrante, como el ex presidente del GBM James Wolfensohn, un australiano que se nacionalizó ciudadano estadounidense. O podría respaldar a un candidato no norteamericano de un país aliado. Lo que importa es que el candidato goce de la confianza de Estados Unidos y de la mayoría de los otros países, y que pueda reconciliar los intereses diversos de los países en un verdadero espíritu de multilateralismo. La nacionalidad per se no es una precondición.

Pero contar con el respaldo de otros países es apenas un requisito. El candidato exitoso también debería tener el apoyo de otros actores. En las Naciones Unidas, los candidatos publican declaraciones de principios y respuestas a interrogantes de organizaciones de la sociedad civil, y participan en un evento público global. Un candidato presidencial de GBM debería adoptar esta transparencia y hacerla extensiva a las empresas y al ámbito académico, en coincidencia con el compromiso de la institución con el empirismo y las soluciones basadas en hechos.

Cuando la Junta elija al sucesor de Kim en abril, esperamos que lo haga de manera tal que contribuya a la legitimidad y efectividad de la institución. El GBM necesita un líder fiable que entienda la urgencia y alcance de la misión de la organización. En verdad, el GBM nunca ha tenido una presidenta mujer. No hay mejor momento que éste para introducir un cambio fundamental.

Homi Kharas is Interim Vice President and Director of the Global Economy and Development program at the Brookings Institution. Eswar Prasad is Professor of Trade Policy at the Dyson School of Applied Economics and Management, Cornell University, and a senior fellow at the Brookings Institution. He is the author of Gaining Currency: The Rise of the Renminbi.

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