El liderazgo del PSOE se decide en las elecciones de Andalucía

El Debate del estado de la Nación ha servido para calmar el ruido interno en el PSOE y mejorar la debilitada imagen de su líder. El haber salido airoso de su primer cara a cara con Rajoy y la culminación de la ‘operación Gabilondo’ en Madrid han contribuido a rehabilitar, aunque sólo sea momentáneamente, a Pedro Sánchez como alternativa real de la izquierda. Sin duda, ésta ha sido su mejor semana desde que fuera elegido por los militantes como secretario general el pasado mes de julio. Pero, ¿han acabado sus problemas internos? La respuesta está en Andalucía y en el resultado que logre Susana Díaz en las elecciones que se celebran dentro de tres semanas.

Había expectación por ver el primer gran duelo entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. En el PP se tenía la sensación de que el partido podía ganarse sin necesidad de bajarse del autobús. Rajoy se presentaba en el Congreso con unos datos económicos que avalaban su política económica y que le permitían, por primera vez en esta legislatura, no hablar de sacrificios, sino del reparto de una todavía exigua mejoría. Y, sobre todo, para ofrecerse como garantía para consolidar un crecimiento que permitirá, si nada se tuerce, la creación de tres millones de puestos de trabajo en los próximos cuatro años.

El liderazgo del PSOE se decide en las elecciones de Andalucía

Enfrente -ése, al menos, era el análisis de los populares previo al Debate- había un líder débil, cuestionado por su propio grupo y aún por testar en una confrontación parlamentaria de altura.

La estrategia de Sánchez sorprendió un tanto a Rajoy, que en su primer discurso trató a su contrincante con guante blanco. El secretario general del PSOE fue implacable con el presidente. No sólo cuestionó los éxitos de su programa económico, sino que le atacó en el flanco en el que resulta más vulnerable. Viniera o no a cuento, sacó del baúl el fantasma de Bárcenas (¡cuánto habrá disfrutado el ex tesorero al ver desde su apartamento en Baqueira que su figura sigue acaparando la atención de los principales líderes políticos de la nación!) y eso sacó de quicio al jefe de filas del PP, que terminó su turno de réplica con un exabrupto: «No vuelva por aquí. Ha sido patético».

Los diputados socialistas vibraron por momentos al ver que su secretario general no se arrugaba y era capaz de enervar al hierático Rajoy. Como me decía uno de los asistentes al Debate: «Nos hizo recuperar algo de nuestra autoestima durante mucho tiempo perdida».

Aunque, en mi opinión, Rajoy fue más sólido en sus intervenciones y Sánchez no supo presentarse como alternativa de gobierno, hay que reconocerle al jefe de la oposición su capacidad para recobrar la confianza de los suyos en un momento especialmente complicado para él.

Al día siguiente, Sánchez presentó a un exultante Gabilondo ante los militantes socialistas como la nueva esperanza blanca para la Comunidad de Madrid. Estaba feliz. Su golpe de mano se había cerrado con éxito, al menos desde el punto de vista interno. Luego, ya veremos lo que ocurre en las elecciones del mes de mayo.

El liderazgo se forja en las dificultades, en la capacidad de superar momentos difíciles. Desde esa perspectiva, Sánchez ha logrado su objetivo.

Sin embargo, como él sabe bien, su mayor enemigo no habita en Moncloa, sino en el Palacio de San Telmo. Como me decía esta semana un barón socialista: «Cuando Susana Díaz dio el paso de adelantar las elecciones, lo hizo pensando en clave de política nacional. Ahora está centrada en ganar, si puede, por mayoría absoluta. Pero su apuesta es convertirse en líder del partido y futura presidenta del Gobierno. Aunque ahora las aguas están tranquilas, la cuestión volverá a plantearse después de las elecciones municipales. Si se presenta a las primarias en julio, muchos la vamos a apoyar».

Las elecciones andaluzas que tendrán lugar el 22 de marzo serán probablemente las más relevantes desde que se aprobó el Estatuto de Autonomía. Díaz necesita corroborar en las urnas una talla política que ahora le otorgan las encuestas, muchos dirigentes de su partido y un buen número de empresarios y banqueros.

Si lograra la mayoría absoluta, su jugada al adelantar los comicios le habría salido redonda. No sólo podría gobernar en solitario, desembarazándose de sus socios de IU, cada vez más levantiscos obligados por el ascenso de Podemos, sino que devolvería al PSOE la moral perdida desde que se perdieron las elecciones en 2011. Las presiones para que fuera cabeza de cartel en las generales de noviembre o diciembre «serían insoportables», dice un miembro de la Ejecutiva. Bueno, aceptemos que en este caso se juntarían el hambre con las ganas de comer.

Incluso no consiguiendo los 55 escaños que necesita para mandar sin pactos, pero logrando una victoria suficiente sobre el PP que le permitiera resucitar la alianza con IU (esa es otra de las cuestiones que se dirimen en Andalucía: la capacidad de aguante de este partido y la fortaleza real de Podemos), Díaz podría seguir aspirando a dar el salto a Ferraz como paso previo a disputarle a Rajoy la Presidencia de Gobierno.

El drama para Sánchez es que todo lo que redunde en beneficio de Díaz se convierte en amenaza para su liderazgo.

En Ferraz se confía en lograr un pacto con Andalucía que permita una «coexistencia pacífica entre Pedro y Susana». Pero esa posibilidad se antoja quimérica a la luz de los últimos desencuentros entre ambos.

La forma en la que el secretario general se quitó de encima a Tomás Gómez no sentó nada bien en Sevilla. No sólo por una cuestión de formas, sino porque se interpretó como un aviso a navegantes, dirigido directamente a la presidenta de la Junta de Andalucía.

La recomposición de la relación entre los dos aspirantes a disputar la Presidencia del Gobierno es una hipótesis que muy pocos contemplan. En Andalucía recuerdan que fue gracias al apoyo fundamental de su Federación como Sánchez logró ganar las primarias a Eduardo Madina. Y en Ferraz no se olvidan los comentarios que ha hecho la presidenta de Andalucía sobre la «falta de capacidad» para recuperar las opciones del PSOE del actual secretario general.

Lo peor que tiene esta situación para Pedro Sánchez es que le viene casi tan mal que Susana Díaz gane por mayoría absoluta como que logre un mal resultado, que redundaría en la desmoralización de los socialistas a tan sólo dos meses de las municipales y autonómicas.

Entonces, ¿qué le vendría bien al secretario general del PSOE? Es complicado, pero tal vez sea lo que finalmente ocurra: una victoria muy ajustada de Díaz, un mapa político tan complicado que le haga imposible dar el salto a Madrid.

Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo.

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