El Malo, el Feo y el Bueno

«Cada revolver tiene su voz y yo esa la conozco», dice el ‘Hombre sin Rostro’ en un momento de la película El Bueno, el Feo y el Malo. Cada ciudadano es ese ‘Hombre sin rostro’ y todos sabemos cómo suenan los disparos de cada partido político. Por sus balas les conoceréis.

El tiroteo por excelencia son los Presupuestos Generales del Estado. No taxation without representation. Para eso existe la democracia. Para eso se crearon los parlamentos. Para establecer los impuestos y distribuir la recaudación.

La aprobación de unos presupuestos marca siempre un antes y un después. Crea un nuevo statu quo, en el que hay vencedores y vencidos. A unos se les da y a otros se les quita. Y quien lo hace demuestra que es quien manda, quien impone la ley. Eso y nada más que eso es gobernar.

El Malo, el Feo y el BuenoDe un debate de Presupuestos sólo se sale triunfador o malherido. A veces incluso en la caja de pino. La balacera es con fuego real. Por eso el sheriff de turno se cuida muy mucho de desenfundar, si no está seguro de sus fuerzas. En la duda, prórroga al canto. Es lo que ha sucedido cuatro veces en los últimos cinco años. He ahí, el mejor termómetro de la inestabilidad.

Aunque Sánchez lleva más de dos años ocupando el poder y tomando múltiples decisiones de gestión, quien sigue gobernando en España es Montoro. Seguro que lo disfruta delante del televisor jugando con sus nietos. Sus últimos Presupuestos, aprobados en 2018 y prorrogados dos veces, constriñen todos los actos de cada ministro y ministra, desde la prudente Calviño a la indómita Montero.

El paréntesis del Estado de Alarma y la súbita manga ancha europea para el déficit y el endeudamiento han camuflado esa impotencia. Pero a la tercera va la vencida. Sánchez sabe que si este otoño no hay presupuesto, en el invierno se quedará hasta sin apariencia de Gobierno y tendrá que dimitir o disolver las Cortes.

También lo saben las fuerzas de oposición y es obvio que si de ellas dependiera no habría ni presupuesto ni gobierno. Pero de quienes depende es de las fuerzas que apoyaron o permitieron la investidura. O sea, de Podemos, el PNV, Esquerra y algunas otras minorías, Bildu incluida.

Y su disposición es idéntica a la de la Reina Victoria, cuando le instaban a que iniciara la descolonización que mucho tiempo después desmontaría su Imperio: ¿qué razón hay para renunciar a aquello que nadie puede arrebatarte?

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Es verdad que varios de esos aliados del sanchismo afrontan citas electorales. Nada indica que las elecciones vascas vayan a desestabilizar al PNV y en el caso remoto de que así suceda, Bildu podría pasar de la abstención al sí. Como se vio en la penúltima prórroga del Estado de Alarma, cuando se trata de conservar el poder, los votos tampoco huelen.

Sánchez sabe que si este otoño no hay presupuesto, en el invierno tendrá que dimitir o disolver las Cortes

Y a los efectos de Esquerra, la pandemia ha cambiado por completo el escenario de las elecciones que se convocarán en Cataluña cuando el Tribunal Supremo haga firme, después del verano, la inhabilitación de Torra. En un momento en el que los fondos públicos se han convertido en la única cataplasma frente a la ruina de gran parte de la población, el ambiguo pragmatismo de un partido que, como la Convergencia de Pujol, es capaz de meter la cuchara en el puchero presupuestario, se revaloriza.

El irredentismo de Puigdemont en pro de una independencia unilateral, sin arraigo ni homologación internacional alguna, ve acrecentados por el contrario sus tintes de extravagancia. No hay manera alguna de multar al coronavirus por no infectar sólo en catalán.

Las cuentas son sencillas porque ya se hicieron en la investidura. Habrá presupuesto, sí o sí. Máxime cuando será condición sine qua non para tener acceso al dinero europeo, en un momento en que estamos descubriendo que los Reyes Magos son la UE.

Remedando aquella famosa serie de televisión, cuyo título sería hoy censurado por el Ministerio de Igualdad, sin teta comunitaria no hay paraíso; y sin presupuesto no hay derecho de admisión al gineceo de Bruselas. El PP nunca podría permitirse coincidir con los separatistas y la extrema izquierda, en el apoyo de una enmienda a la totalidad de las cuentas públicas que nos arrojara al arroyo de la mendicidad y el rescate.

La mala noticia para quienes consideran a Sánchez un tirano, un asesino, un sinvergüenza o simplemente un peligroso incompetente, es que la aprobación de un presupuesto garantiza su continuidad en la Moncloa hasta finales de 2023 o hasta que él decida disolver anticipadamente. Si alguien ve un camino constitucional para impedirlo, que lo diga ahora o que calle durante un rato para que podamos concentrarnos en debatir las alternativas que nos quedan desde la doctrina del mal menor.

Y esa doctrina es de aplicación porque la aritmética nos muestra tres caminos distintos que conducirían a tres Presupuestos Generales del Estado diferentes. Los tres implicarían un importante incremento del gasto público, el déficit y la deuda. Los tres serían fruto del pacto entre tres partidos principales y los tres consolidarían a Sánchez en la Moncloa porque el PSOE sería siempre el pilar inexcusable. Pero sus efectos a corto y medio plazo alumbrarían tres Españas con poco que ver entre sí.

De nuestros representantes va a depender que nos toque el Malo, el Feo o el Bueno. Desgraciadamente -hay que decirlo con franqueza- el orden de probabilidades de que prospere cada uno de estos presupuestos es el opuesto al del título de la película de Sergio Leone.

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El Presupuesto Malo tendría como pilares al PSOE, Podemos y Esquerra, ya veremos si con el PNV u otras minorías completando la partida. Sería un Presupuesto Malo porque gastaría mal y recaudaría peor.

Su gran prioridad sería configurar una sociedad subsidiada en la que el Ingreso Mínimo Vital terminara convirtiéndose en una renta incondicional y ocurrencias como la de los 300.000 cuidadores de Irene Montero completaran una clientela cautiva. Eso perpetuaría en el poder a la izquierda, con una clase media aplastada por los impuestos y un país empobrecido por el cierre de empresas y la huida de capitales. Para colmo, el Estado continuaría sufragando y fortaleciendo la cuerda con la que el separatismo pretenderá otra vez ahorcarnos en cuanto resurja la ocasión.

La mala noticia para quienes consideran a Sánchez un incompetente, es que la aprobación de un presupuesto garantiza su continuidad en la Moncloa

El Presupuesto Feo sustituiría a Esquerra por Ciudadanos, como tercer punto principal de apoyo, atrayendo a Coalición Canaria y al partido de Revilla como fuerzas moderadoras añadidas. Sería un Presupuesto Feo porque surgiría bajo el signo de la contradicción, el desequilibrio y la asimetría.

Arrimadas y Bal conseguirían que se gastara un poco mejor o, para ser exactos, un poco menos mal, desplazando partidas clientelares en favor de la creación de empleo a través del apoyo a empresas, profesionales y autónomos. Pero no podrían impedir ni las subidas generalizadas de impuestos ni la contrarreforma laboral que Podemos ha convertido en pretensiones poco menos que inalienables.

No sirve de nada llorar por la leche derramada, pero pensar que hace menos de un año la formación naranja tenía la llave de la mayoría y de las cuentas públicas en su mano, aviva la indignación contra el perpetuo adolescente, confundido por la noche madrileña, que dilapidó esa oportunidad.

Con sólo diez escaños, la sexta parte de los que tenía el irresponsable nefelibata, la mayor utilidad inmediata de Arrimadas y Bal sería de hecho, servir de punto de enganche para incorporar al PP a la combinación que produciría el Presupuesto Bueno. Ese que tanto deseamos y nos merecemos la gran mayoría de los españoles.

El Presupuesto Bueno, negociado, pactado y apoyado por el PSOE, el PP y Ciudadanos, utilizaría los recursos públicos para reconstruir la economía productiva, sin dejar de garantizar la protección de los más vulnerables.

Ofrecería a la Unión Europea un calendario de reformas que propiciaría la recuperación del equilibrio fiscal y el pago de la deuda en base a la competitividad y el crecimiento. Fiaría pues el necesario incremento de la recaudación tributaria no a exprimir a las empresas y esquilmar a los pocos españoles a los que les queda algo en el bolsillo, sino a ampliar las bases impositivas mediante la creación de riqueza.

El Presupuesto Feo surgiría bajo el signo de la contradicción, el desequilibrio y la asimetría

Sacar adelante ese Presupuesto Bueno supondría en la práctica una nueva investidura que dejaría fuera del Ejecutivo a Podemos y obligaría al PP a algún tipo de pacto de legislatura que garantizara la gobernabilidad. El gran obstáculo es la natural resistencia de Casado de colaborar con un gobierno incompetente, cediendo el espacio de la oposición pura y dura a Vox, y corriendo encima el riesgo de ser engañado por Sánchez, en un entorno mediático abrumadoramente hostil.

Creo, con sinceridad, que está sobrevalorando el riesgo que representa Vox. Sólo en un entorno de catástrofe social y aturdimiento colectivo podría seguir creciendo ese grupo de demagogos con un atolondrado como líder. Por mucho que se quiera construir el mito de Abascal como la providencial reencarnación del «Santiago y cierra España», la realidad nos muestra a un Santi cada vez más pequeñito, sin otra cosa que serrín en la cabeza.

Se comprenderá que al cabo de 40 años como director de periódicos, la ofensa personal prácticamente me resbala, pero sólo alguien con las neuronas muy aplastadas por la adulación o el fanatismo puede equiparar el delito del vídeo felipista de hace 23 años con las canónicas informaciones de EL ESPAÑOL sobre la conexión personal de Macarena Olona con la Guardia Civil o su propio fracaso la única vez que intentó vivir de algo que no fuera la política. Si el corolario es que yo soy «un violador en serie» que «sufrió abusos de pequeño y ahora los ejerce con toda crueldad», pues, en fin, con dirigentes así no necesitamos payasos de feria.

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Al final, todo dependerá de la fe que tenga Casado en la capacidad de recuperación y resistencia de la sociedad española. Porque el único argumento que de verdad justificaría que desatendiera esta apelación al patriotismo en un momento crítico, fruto de una calamidad externa, es que estuviera convencido de que, pase lo que pase, hagan lo que hagan los demás, con Sánchez en la presidencia del Gobierno, España acabará en el hoyo.

Esa no está siendo, sin embargo, la percepción dominante en la gran cumbre empresarial que viene desarrollando la CEOE, a lo largo de lo que al final serán los mejores ocho días de su historia. Por primera vez todos los grandes del Ibex y asimilados están convergiendo con la pequeña y mediana empresa, a través de la confianza depositada en Garamendi y su equipo. Y la receta resultante, detrás de la que están sin duda las mejores cabezas del país, es un remedo de la apelación a la «audacia» de Danton: pactismo, pactismo, más pactismo «y la España estará salvada».

«Claro, pedís diálogo, negociación y acuerdos porque sabéis que con este Presupuesto nos estamos jugando los próximos tres años», le dije esta semana a una de esas cabezas creativas y creadoras. «No te equivoques», me respondió. «Pedimos el pacto porque creemos que lo que nos estamos jugando son los próximos veinte años».

Pedro J. Ramírez, director de El Español.

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