El maquillaje del Gobierno no acabará con el paro

A la hora de analizar los datos del paro, debemos partir de lo fundamental: Eurostat ha vuelto a señalar a España como el país con mayor tasa de paro de la zona euro (13,3%, frente al 6,8% de media en la unión monetaria), y con una reducción de esta variable notablemente inferior a muchos de nuestros vecinos. Por poner algunos ejemplos: nuestra tasa de paro ha disminuido 2,1 puntos porcentuales en el último año, mientras que en Grecia lo ha hecho 4,2 puntos y en Irlanda 2,7 puntos.

El triunfalismo reinante en el Gobierno de España y en medios afines tiene poca base dentro de nuestras fronteras, pero ninguna fuera de ellas. Otro asunto que me llama la atención es el año que toman como base para hacer comparaciones "históricas". ¿De verdad es una buena noticia para España que los datos sean los mejores desde 2008, un año en el que el Gobierno de la Nación ya estaba haciendo lo imposible por maquillar y esconder la terrible crisis que tenía por delante nuestro país? ¿Es esa una referencia válida o, al menos, deseable? Espero estar equivocado, pero mucho me temo que tras los "mejores datos de afiliación de la serie histórica" estará también una caída de proporciones similares.

Pero lo más interesante de todo son las referencias a la (no) reforma laboral. Una normativa, recordemos, que tuvo como único objetivo acabar con la mal llamada "precariedad", y que tan sólo introdujo pequeños elementos de rigidez normativa en los contratos. Lo más importante fue el encarecimiento (de facto, casi desaparición) del contrato temporal para dar mayor estabilidad a los trabajadores. ¿Qué ha ocurrido en los últimos dos meses de aplicación de esta nueva reforma? Lo primero, que el número de contratos firmados se ha reducido un 20% de forma acumulativa. Esto no es nada nuevo, pues es una tendencia que ya veníamos advirtiendo en los tres primeros meses del año por la clara desaceleración económica, pero sí que es un buen indicador de que la nueva normativa no parece tener un impacto positivo en términos de reactivación del mercado laboral.

El segundo elemento de interés, y foco de debate la semana pasada, es la naturaleza del empleo creado en los dos últimos meses. ¿Ha acabado la (no) reforma laboral con la precariedad? Difícilmente se puede hacer tal afirmación. Más bien, la ha maquillado. En primer lugar, porque los contratos temporales siguen siendo un 53% del total. Y, en segundo, porque parece que se está produciendo un efecto sustitución del contrato temporal por el de fijo discontinuo.

Es por ello que esta figura, que en los dos primeros meses del año sumó poco más de 74.000 contratos, se ha disparado hasta más de medio millón en abril y mayo, lo cual supone un incremento del 580%. Si a los fijos discontinuos les añadimos los contratos indefinidos a jornada parcial, que también se han disparado, las cifras claman por sí solas: el empleo "precario" (por usar la terminología del Gobierno) disfrazado tras los contratos indefinidos se ha multiplicado casi por tres en los últimos dos meses del año respecto al mismo período prepandemia (2019).

No es de extrañar, por lo tanto, que en las propias cifras del SEPE aparezcan más contratos indefinidos firmados que personas que han accedido a este contrato: sigue habiendo gente que se tiene que pluriemplear.

Por si lo anterior fuera poco, hace unas semanas el sindicato USO hizo un análisis muy interesante de la duración de los contratos, con una conclusión clara: "En el primer trimestre del año se incrementó la duración media de los contratos hasta 60 días. En abril (última fecha disponible) ha vuelto disminuir hasta 47 días".

Sector público

Por último, no debemos olvidar el componente público que hay tras las cifras de afiliación. Casi el 40% de la afiliación de los últimos tres años se ha producido en el sector público. Si cogemos como referencia febrero de 2020, cuando estalló la pandemia, este porcentaje se reduce, pero no es nada desdeñable: 27%.

Queda por saber qué ha ocurrido con los contratos indefinidos a jornada completa. ¿Han crecido en los últimos dos meses? Sí, un 176%. Una cifra nada desdeñable, pero lejos de lo que hemos visto anteriormente.

Cifras como éstas son las que le han valido al Banco de España un rapapolvo directo desde el Gobierno por mostrar dudas acerca de la efectividad de la (no) reforma laboral. Es cierto que es pronto para hacer conclusiones y que hay que dejar que se repose, pero no es menos cierto que si quienes la han sacado adelante tienen el atrevimiento de hacer un uso político de ella, quienes analizamos datos y pretendemos extraer conclusiones también expongamos las dudas que las propias cifras ofrecen.

La gran pregunta es: ¿qué tenemos por delante? Ahora hay muchos trabajadores que han firmado un contrato fijo discontinuo y, tanto si están en su puesto de trabajo como si no, han dejado de aparecer en las cifras oficiales de parados que ofrece el SEPE y, además, siguen registrados como afiliados. ¿Mejora esto en algo el drama que viven muchos de ellos? Difícilmente. Van a trabajar lo mismo y van a estar en su casa el mismo período de tiempo porque la situación económica está lejos de mejorar. El gran beneficiado de este movimiento es el Gobierno, que puede presentar mejores cifras del mercado laboral; y, por el contrario, el gran perjudicado es el empresario, a quien le han vuelto a incrementar los costes de contratación por la puerta de atrás, a través de un mayor coste de despido.

Veremos qué ocurre en septiembre. Un escenario en el que el castillo de naipes se venga abajo y se junte el fin de la temporada turística con un empeoramiento de las condiciones financieras a nivel global y, con él, el mercado de trabajo se resienta. Ahí empezaremos a saber si la (no) reforma laboral ha reducido la temporalidad o no. Mientras tanto, nada que celebrar y mucho que trabajar.

Daniel Rodríguez Asensio, Consultor estratégico y Presidente de Acción Liberal, Think Tank For Freedom.

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