El mensaje antisionista de Bibi

Durante algunos años, cuando Beniamin (Bibi) Netanyahu estaba en la oposición como líder de un partido pequeño, solía comparar el desarrollo de armamento nuclear iraní con el nazismo. Y decía con frecuencia que estábamos como en el Berlín de 1938. Por entonces, manteníamos reuniones cada cierto tiempo, y en una de ellas le comenté que compartía con él la necesidad de luchar para evitar que Irán contase con armamento nuclear, ya que esto iba a fortalecer los extremismos en la región y dificultaría el diálogo pacífico con los moderados. Pero aproveché también para preguntarle si realmente creía que cuando Irán tuviese armas nucleares las emplearía contra Israel. Y él me respondió con firmeza: ¡Sí! Le repliqué entonces que quien les dice a los judíos que estamos como en el Berlín de 1938 les está diciendo en realidad que hagan las maletas, que era lo mejor que podía hacer un judío en aquel tiempo antes de que estallase el caos; muchos israelíes podrían marcharse de Israel antes de que sobrevenga la gran desgracia; por tanto, ¿por qué deberían quedarse aquí? Netanyahu no supo contestarme.

No obstante, en marzo de este año, Beniamin Netanyahu anuncia ante el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (Aipac) que estamos como en 1944, pero que esta vez existe un Estado judío que no depende del Gobierno de Estados Unidos, como entonces cuando se pedía bombardear las vías de ferrocarril que conducían a las cámaras de gas. Como aficionado a la historia, Bibi presentó algunos documentos para avalar sus conclusiones y citó la respuesta del presidente Roosevelt al Congreso Judío Americano, en la que decía que bombardear las líneas de ferrocarril podría radicalizar aún más el régimen nazi. La alusión es clarísima: el presidente Barack Obama no va a aceptar que Irán cuente con armamento nuclear, pero opina que aún hay tiempo para negociar antes de usar la fuerza. Pero según Netanyahu, durante ese tiempo Irán puede exterminar a Israel. Por ello, debemos actuar antes, aun cuando sea sin el visto bueno de Estados Unidos, ya que él tiene la obligación de velar por nuestra seguridad, la de los ciudadanos israelíes.

Pero no: ni estamos como en 1938 ni como en 1944. Lo que está haciendo Irán es, desde luego, muy grave, y lo mejor habría sido que las Naciones Unidas hubieran expulsado a un país que llama a destruir a otro país miembro. Irán está tratando de llegar a la fase en que sea capaz de usar rápidamente el uranio enriquecido, no para obtener electricidad, sino para convertirlo en un arma, y de esa forma constituirse en una amenaza en la región sin necesidad de tener bombas atómicas en sus estanterías ni pretender usarlas.

Debe hacerse un esfuerzo enorme, mucho mayor que el realizado hasta ahora, para impedir a Irán cumplir su plan. Pero también debemos ver las cosas con más realismo: ni todo líder fanático que lanza amenazas es Adolf Hitler, ni todo líder que busca soluciones de compromiso es Chamberlain.

Con el uso que hace Bibi de la respuesta de Roosevelt en 1944, lo que está expresando en realidad es que el sionismo aparentemente ha fracasado, pues si desde 1948, cuando se establece el Estado de Israel, hasta ahora lo único que ha cambiado es que los judíos norteamericanos, en vez de suplicar a su Gobierno que salve a sus hermanos de Europa, suplican ahora que salve a sus hermanos en Israel, ¿para qué ha servido el sionismo? ¿Para qué se creó el Estado de Israel? Y si no es eso lo que pretende decir Beniamin Netanyahu, ¿por qué presenta a los judíos norteamericanos del Aipac documentos para rememorar aquella historia? Si realmente creyera que Israel es un lugar seguro para los judíos y no un nuevo gueto que se ha convertido en objetivo de sus enemigos -dispuestos a emplear armamento químico, biológico o nuclear para destruirlo-, no habría viajado a Wasington para pedir protección para su país.

Pero no. El sionismo no ha fracasado. Israel no está en peligro de desaparecer. Sus puertas están abiertas a todo judío y cuenta con potentes mecanismos de defensa. La amenaza iraní es, sin duda, muy importante, pero es más bien una amenaza para la región.

Israel no es un nuevo gueto. Por eso, cuando Netanyahu compara la situación actual con lo que ocurría en 1944, lo que hace es causar un gran daño al Estado de Israel.

Por Yossi Beilin, ex ministro de Justicia israelí, arquitecto del proceso de paz de Oslo.

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