El miedo a la gran deuda

Según las apariencias, la crisis de la deuda soberana de Europa y la creciente preocupación sobre la posición de la deuda de los Estados Unidos no deberían hacer temblar la confianza económica básica. Pero, al parecer, sí lo hicieron. Y la pérdida de confianza, al desincentivar la inversión y el consumo, puede convertirse en una profecía auto-cumplida, que causa la debilidad económica que se temía. Las caídas significativas en los índices de confianza de los consumidores en Europa y América del Norte ya reflejan esta dinámica perversa.

Ahora tenemos un índice diario para EE.UU., el Índice de Confianza Económica de Gallup, de esta forma podemos señalar los cambios en la confianza en el transcurso del tiempo. El índice de Gallup cayó bruscamente entre la primera semana de julio y la primera semana de agosto, este fue el periodo durante el cual los líderes políticos de EE.UU. tuvieron a todos preocupados acerca de si serían capaces o no de elevar el techo de la deuda del gobierno federal y evitar que el 2 de agosto se produzca la cesación de pagos de EE.UU. La historia se desarrolló en los medios de comunicación todos los días. El 2 de agosto vino y se fue, sin que llegara la cesación; pero, tres días después, un día viernes, Standard & Poor bajó su calificación de la deuda de largo plazo de EE.UU. de AAA a AA+. El lunes siguiente, el índice S&P 500 cayó casi un 7%.

Al parecer, el fantasma de un estancamiento del gobierno que cause de repente una cesación de pagos humillante hizo que EE.UU. se asemeje a los países europeos que en los hechos se balancean al borde del precipicio. La historia de Europa se convirtió en la historia de Estados Unidos.

Los cambios en la confianza del público se basan en dichas narrativas, debido a que la mente humana es muy receptiva a estas narraciones, especialmente a historias de interés humano. La historia de una cesación de pagos de EE.UU. resuena precisamente de esta manera, involucrando en su desarrollo el sentido de orgullo de Estados Unidos, el frágil dominio del mundo, y la agitación política.

En los hechos, esta es sin duda una historia más cautivadora de la que se desarrolló el momento más intenso de la crisis financiera del 2008, cuando colapsó Lehman Brothers. La caída del Índice de Confianza Económica de Gallup fue más aguda en julio de 2011 que la caída que tuvo en el año 2008, a pesar de que el índice no ha caído aún a un nivel más bajo del que alcanzó en aquel entonces.

La mayoría de los índices de confianza hoy en día se basan en preguntas de encuestas que piden que quienes responden evalúen la economía en la actualidad o en un futuro próximo. George Gallup, el pionero de los métodos de estudio y creador de la encuesta de Gallup, creó un índice de confianza en el año 1938, a finales de la Gran Depresión, en ese entonces él pidió a los estadounidenses que respondan a la pregunta “¿Cree usted que de negocios estarán en mejor o en peor situación dentro de seis meses a partir de ahora?” El interpretó las respuestas como una medida del “optimismo público” y de “la actitud mental intangibles que se reconoce como un elemento vital en las fluctuaciones de semana a semana de la actividad empresarial”.

Sin embargo, parece poco probable que grandes cambios en la confianza de las personas (el tipo de confianza que afecta su voluntad de gastar o invertir) tengan su origen en expectativas sobre un horizonte de tiempo tan corto.

Cuando George Gallup, redactó la pregunta, casi nueve años después del inicio de la Gran Depresión, se había extendido una sensación de futilidad: la creencia de que el alto desempleo nunca terminaría. Probablemente ese sentimiento frenó el consumo y la inversión mucho más que cualquier opinión sobre los cambios en los próximos seis meses. Después de todo, la disposición de los consumidores a gastar depende de su situación general, no depende de si los negocios irán un poco mejor en el corto plazo. De la misma manera, la disposición de las empresas para contratar a personas y expandir sus operaciones depende de sus expectativas a largo plazo.

La encuesta sobre el Sentimiento del Consumidor de Estados Unidos, creada por George Katona en la Universidad de Michigan a principios de la década de 1950, y que se conoce hoy como la Encuesta de los Consumidores de Thomson-Reuters y la Universidad de Michigan, ha incluido una pregunta notable sobre el futuro a un largo plazo razonable, un periodo de cinco años, la pregunta indaga sobre los temores profundos acerca de dicho período:

“Mirando al futuro, ¿Qué diría usted que es más probable: que en el país en su conjunto tendremos buenos tiempos de manera continua durante los próximos cinco años, o que vamos a tener períodos de desempleo generalizado o depresión, o qué piensa usted?”

No se suele prestar atención personalizada a esta pregunta, pero aparentemente da en el blanco en lo que realmente queremos saber: ¿qué ansiedades y temores profundos tienen las personas que podrían inhibir su disposición a gastar durante un periodo largo? Las respuestas a dicha pregunta nos pueden probablemente ayudar a predecir el panorama futuro con mucha más precisión.

Estas respuestas se sumergieron en territorio de depresión entre julio y agosto, y el índice de optimismo basado en las respuestas a este pregunta se encuentra en su nivel más bajo desde la “gran recesión” inducida por la crisis del petróleo de la década de los años ochenta. Se situó en 135, su nivel histórico más alto, en el año 2000, en la cúspide de la burbuja del milenio del mercado de valores. En mayo del año 2011, había descendido a 88. Hasta septiembre, apenas cuatro meses después, había bajado a 48.

Esta es un descenso mucho más grande que el que se registró en los índices generales de confianza del consumidor. El declive se produjo durante la mayor parte de una década, mientras comenzábamos a visualizar el final de la sobre-expansión que fue impulsada por la deuda, y que se aceleró con la más reciente crisis de la deuda.

El momento y el contenido de estos resultados de la encuesta del consumidor sugieren que nuestro punto de vista fundamental sobre la economía, a nivel de la persona promedio, está estrechamente vinculado con las historias de un endeudamiento excesivo, la pérdida de la responsabilidad gubernamental y personal, y un sentido que las cosas están fuera de control. Ese tipo de pérdida confianza puede durar muy probablemente por años.

Por lo expuesto, se puede afirmar que nunca se puede analizar el panorama económico de manera plena con modelos estadísticos convencionales, porque dicho panorama puede pender de algo que estos modelos no incluyen: la posibilidad de que encontremos alguna forma de sustituir una determinada narrativa; al presente, depende de la forma cómo podríamos sustituir una historia de una deuda fuera de control con una historia más motivante.

Por Robert J. Shiller, profesor de Economía en la Universidad de Yale y coautor, junto con George Akerlof, de “Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy and Why It Matters for Global Capitalism”. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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