El mito de la caverna sanchista

En el VII libro de la República, Platón expuso el mito de la caverna, un relato en el que unos hombres, atados de pies y manos, juzgaban los sucesos del mundo a tenor de unas sombras que, interesadamente, otros hombres proyectaban en la pared de la cueva. Los prisioneros desconocían quiénes eran los que creaban ese juego de luces y también la realidad del mundo que sucedía fuera de esa caverna.

Puede que la gran mayoría de lectores de este diario, incluso los aficionados al fútbol, sigan hoy sin saber cuál fue la alineación con la que España conquistó su segundo Mundial. Lo más seguro es que sean muy pocas las personas capaces de decir contra quién nos jugamos los temidos cuartos o quién fue la pichichi de la fase grupos. Sin embargo, toda España sabe que, durante la celebración, una jugadora –Jenni– recibió un inapropiado beso del presidente de la Federación –Rubiales–.

Cada verano tiene su afán y el de 2023 será recordado por un lamentable y contradictorio hecho cuya primera víctima fue la celebración que merecían nuestras campeonas. No ha habido chiringuito, tertulia, diario o televisión que no haya estado dedicado en cuerpo y alma a comentar lo sucedido. Un piquito que se ha convertido en un morreo informativo de tornillo en este país tan dado al debate y el posicionamiento, sobre todo cuando el hecho se presta a perspectivas diversas.

La justicia deportiva, primero, y la ordinaria, seguramente, después, acabarán dirimiendo si lo que todos hemos visto fue un simple gesto, una lamentable actitud o una agresión sexual (sic). Para cuando ese día llegue, agosto y el chiringuito donde tanto hemos debatido el tema quedarán lejos en la memoria, aunque los efectos de lo que también está sucediendo estos días perdurarán.

Y es que, en España, están sucediendo cosas de calado que van a marcar nuestro futuro político más inmediato.

El endiablado resultado electoral de las pasadas generales ha puesto de manifiesto la incapacidad de la derecha para rentabilizar sus once millones de votos y una izquierda que ya está negociando con todos los que quieren una España peor y más débil. Desde luego, menos justa y, por supuesto, profundamente insolidaria. Todo, con tal de lograr el apoyo a la investidura que Sánchez promoverá sólo si Feijóo fracasa.

En esa mesa de negociación el PSOE ocupa la cabecera. A su izquierda, Sumar y ERC con el objetivo de acabar con la monarquía y moldear un Estado plurinacional. A su derecha, un PNV que no parece dispuesto a dejar la calculadora de sus beneficios y Puigdemont decidido a lograr la rehabilitación de su figura y una amnistía que requerirá un requiebro sin precedentes del Constitucional. Bildu no se sienta, pero ameniza la conversación.

Y de todo ello no estamos hablando porque la maquinaria sanchista que Iván Redondo construyó en la Moncloa está funcionando a pleno rendimiento, proyectando sombras exageradas en la pared que ocultan la realidad a los prisioneros de la caverna sanchista que, por si aún no se ha dado cuenta, somos usted y yo.

Ignacio Catalá es administrador civil del Estado y diputado del PP en la Asamblea de Madrid.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *