El momento de la verdad

Por José Antonio Pastor, portavoz del PSE-EE en el Parlamento Vasco y secretario general de los socialistas vizcaínos (EL CORREO DIGITAL, 17/09/06):

Tras casi 47 años de actividad terrorista de ETA, ¿cuánto no hemos soñado con la paz? ¿Cuánto no hemos luchado, sufrido y sacrificado por conseguir la paz y la libertad? ¿Cuánto no hemos añorado el fin de una pesadilla que durante tantos años ha contaminado nuestras relaciones cívicas y políticas, emponzoñándolo todo y nos ha mantenido en esa sensación de ‘guerracivilismo’ que tan trágicamente ha definido nuestro devenir durante más de doscientos años?

Afortunadamente, ese sacrificio comienza a dar su fruto y todo indica que el tiempo del chantaje terrorista ha pasado, que la desaparición de ETA y el abandono definitivo de su ‘lucha armada’ traerá consigo el pleno ejercicio de la política democrática en Euskadi, que por fin va a ser posible la aceptación de la pluralidad de ideas y de la diversidad de sentimientos de pertenencia en esta sociedad.

Los socialistas tenemos la obligación de poner todo lo que esté en nuestras manos para que no vuelva a haber una sola víctima más en el futuro de nuestro país, para que Euskadi deje de ser el ‘país del mundo al revés’, el país en el que es normal que la oposición, sus cargos institucionales y sedes políticas sean escoltadas y en el que uno debe cuidarse muy mucho de decir lo que piensa políticamente.

Un país en el que la Iglesia, abandonando su vocación de denuncia profética, jamás ha puesto en cuestión el efecto devastador, moral y religioso que ha ejercicio el abertzalismo radical en nuestra juventud, especialmente a través de la enseñanza, plegándose al totalitarismo ideológico del nacionalismo imperante en un afán por las equidistancias imposibles.

Un país en el que durante años se ha llamado patriota al más bruto, a aquel que ha conseguido victorias para la tribu, sin importar el precio en sangre y terror, de injusticia y dolor que se ha tenido que pagar por la gloria bélica del clan, a aquel para quien la vida de su hermano no vale nada.

Los socialistas tenemos la obligación de hacer todo lo posible por traer la paz porque esta sociedad se lo debe a quienes han sufrido los atentados, a los que han padecido agresiones y amenazas, a las víctimas vascas y españolas que se han mantenido firmes ante el terrorismo, que han rechazado radicalmente la violencia y que no han permitido el totalitarismo de ETA. Esta sociedad no merece, por tanto, que se frustren una vez más sus esperanzas.

Por eso hay que hablar con ETA de lo único que con ellos se puede hablar: del abandono definitivo de la lucha armada y de su desaparición como organización. Porque ni son agentes políticos ni pueden marcar la agenda de nadie ni pueden tutelar el diálogo político en este país. La sociedad vasca y española ya lo ha dejado claro: no se va a obtener ningún precio político por la paz y ese será el mejor homenaje a las víctimas del terrorismo.

La izquierda abertzale, acostumbrada a tutelas, nos advierte una y otra vez sobre si el proceso de paz va bien, mal o regular haciendo caso omiso a lo que tantas veces se les ha dicho, que la paz no tiene nada que ver con reivindicaciones nacionalistas doctrinales y que su participación en la actividad pública pasa por el rechazo a la violencia y la aceptación de las reglas de juego de nuestro ordenamiento democrático.

Esta sociedad sabrá de la seriedad de sus palabras cuando comiencen a dar los pasos que permitan su inserción en este marco legal, lo cual requiere su rechazo a la violencia como mecanismo de negociación política. Entonces sabremos si el proceso va bien o no.

La paz es libertad para defender nuestras ideas sin que nadie ponga en riesgo su vida por ello. Es igualdad, o lo que es lo mismo, que en Euskadi no haya ciudadanos de primera y de segunda. Es democracia, respeto a las reglas de juego y a la legalidad y no estar amenazando constantemente con saltársela.

Debe quedar claro que los socialistas no vamos a aceptar que alguien intente colar su mercancía averiada con la excusa de la paz porque eso sería inaceptable. La paz tampoco puede estar obligada por cálculos de rentabilidad electoral. El diálogo multipartito tiene un objetivo claro: buscar el acuerdo, el entendimiento y el pacto entre diferentes que nos permita construir una Euskadi entre todos y no reeditar el empeño de hacer una Euskadi de unos contra otros.

El PNV sabe que su estrategia de acumulación de fuerzas ya no tiene recorrido suficiente y que, por tanto, no tiene más horizonte que la apuesta por prácticas de transversalidad. Al PP sólo le es posible, por responsabilidad política y abandonando el esquema del ‘todos contra mí’ de dudosa eficacia electoral, llegar a acuerdos que permitan la configuración de ámbitos de codecisión, pues lo que está en juego no es ni más ni menos que la definición del futuro común, de todos y para todos, al que no puede permanecer ajeno.

No obstante, todos sabemos que la vida política en Euskadi ni se agota con el proceso de paz y con la constitución de la mesa de partidos ni debe servir de excusa para obviar todo aquello que la Euskadi real demanda en asuntos como vivienda, inmigración, seguridad, educación, sanidad, desempleo, problemas estos que, como ya hemos dicho en más de una ocasión, no entran desgraciadamente en las prioridades del lehendakari y sus socios de gobierno, más preocupados por el liderazgo en el espacio nacionalista y los socorros mutuos que por el bienestar social de la ciudadanía vasca.

Lo que une al tripartito y al Gobierno de Ibarretxe no es un proyecto de gobierno sino de oposición; lo que les une es, única y exclusivamente, hacer oposición al Partido Socialista. Pero, quiéranlo o no, hay vida política en Euskadi más allá de la que marca la agenda del señor Ibarretxe, porque existe la Euskadi real.

Afrontamos este nuevo curso político con ilusión porque somos realistas. La cercanía del proceso electoral municipal y foral definirá claramente las prioridades de cada cual. Nosotros ya hemos dicho las nuestras (paz, diálogo y bienestar social de los vascos). Ahora queda por ver si estamos todos dispuestos a remar en la misma dirección o si, por el contrario, los cálculos de rentabilidad electoral seguirán justificando la Euskadi de unos contra otros, o de unos a pesar de otros.