El monárquico que se enfrentó a Franco dos veces

Se cumple el centenario de Rafael Calvo Serer, nacido el 6 de octubre de 1916 en Valencia, controvertido personaje de la historia reciente de España. Hombre de sólidos principios, monárquico y católico, se atrevió a criticar el régimen del general Franco en dos ocasiones, y esa postura le costó el cese en la dirección de una revista y de un periódico.

Cuando Calvo estudiaba Historia en la Universidad de Valencia fue presidente de los Estudiantes Católicos y vicepresidente de la Juventud Católica en su ciudad. En marzo de 1936 participó en una reunión de líderes estudiantiles en Madrid y unos amigos le presentaron al fundador del Opus Dei. En abril, tras una larga conversación por las calles de Valencia con san Josemaría Escrivá, Calvo se incorporó al Opus Dei. En los años cuarenta, realizó una intensa actividad intelectual, como catedrático de Historia y director de la revista Arbor, editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y de la colección de libros «Biblioteca del Pensamiento Actual» de la editorial Rialp.

Calvo entabló amistad con Torcuato Luca de Tena, director-gerente de Prensa Española y poco después director del ABC. En la tercera página de este periódico, Calvo publicó su primer artículo, titulado «La Internacional de las minorías», el 29 de abril de 1950. Sostenía la creación de una nueva internacional, con centro de operaciones en la capital de España, que eclipsase a las internacionales comunista y capitalista. No fue la última vez que el profesor valenciano firmó una colaboración en el ABC. Algunos de sus artículos sufrieron el lápiz rojo de la censura controlada por el ministro de Información, Gabriel Arias Salgado. Por otra parte, Calvo y Luca de Tena coincidieron en las tertulias monárquicas celebradas en casa del empresario Juan Antonio Bravo, en las que solían participar Gonzalo Fernández de la Mora, Antonio Fontán, Florentino Pérez Embid, Roberto Saumells, Antonio Millán Puelles, Vicente Marrero, Santiago Galindo, José Miguel de Azaola y Miguel Siguán.

Después, siempre en ejercicio de su libertad profesional, Calvo participó en el debate político y cultural. Su postura personalísima le llevó al enfrentamiento con la dictadura en 1953, como consecuencia de la publicación de un artículo en oposición al régimen del general Franco en la revista Écrits de Paris. Por esto fue cesado de la dirección de la revista Arbor. Estas páginas iban dirigidas contra la política cultural del ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Giménez, partidario de una «mano tendida» a escritores liberales de la generación del 98 y del 14, como Unamuno y Ortega. La reacción de las autoridades gubernamentales fue durísima: según el testimonio del conde de Vallellano, se consideró la posibilidad de abrir expediente al catedrático valenciano por su condición de funcionario del Ministerio de Educación y se debatió en torno a las posibles sanciones. Después de la deliberación del Consejo de Ministros, Ruiz-Giménez confirmó el cese de todos los cargos que ocupaba en el CSIC. Una de las escasas muestras de apoyo partió de su amigo Luca de Tena, que acababa de ser cesado de la dirección del ABC por el Gobierno.

En 1968, Franco se disgustó profundamente por el artículo de Rafael Calvo «Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle», publicado en el diario Madrid, en el que alababa la retirada del general francés y lo presentaba como ejemplo a imitar. El Gobierno clausuró temporalmente el periódico presidido por Calvo y dirigido por Fontán. El Madrid siguió cosechando multas y cierres, hasta que en 1971, a raíz de la aparición de un artículo en Le Monde contra Franco y Carrero, fue cerrado definitivamente por decisión gubernamental. Para más detalles sobre estos y otros hechos se puede ver mi libro (coautor junto a Fernando de Meer) Rafael Calvo Serer. La búsqueda de la libertad.

Calvo se enfrentó en dos ocasiones a Franco, y las dos veces salió derrotado políticamente, aunque a la larga sus ideas favorables a la monarquía triunfaron tras la muerte del general. Para unos, Calvo fue un luchador en favor de causas perdidas, un intelectual perdedor. Para otros, Calvo fue un ejemplo de hombre de ideas por las que valía la pena dar la cara, a pesar del alto precio pagado, un intelectual soñador.

Onésimo Díaz Hernández, historiador Universidad de Navarra.

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