El mundo perdido del Brexit

Varios cambios radicales han barrido el mundo desde que el electorado británico decidiera en 2016 dejar la Unión Europea. Ninguno de ellos habría sido fácil de prever en 2016, pero su surgimiento hace que evitar un Brexit sin acuerdo se convierta en un asunto de seguridad nacional urgente para el Reino Unido.

En particular, tres cambios han generado un ambiente más hostil para un país osado que desee izar sus propias velas. Primero, el sistema global basado en reglas se ha debilitado seriamente. Segundo, China ya no parece tan buen socio para el Reino Unido. Y, en tercer lugar, las plataformas tecnológicas han hecho que la democracia británica –y en otros países– sea cada vez más vulnerable a la interferencia extranjera.

En junio de 2016, el Reino Unido podía fiarse de múltiples acuerdos comerciales, de seguridad y diplomáticos que, con el apoyo de Estados Unidos, ofrecían una alternativa a la Unión Europea. Como lo expresara el entonces Presidente estadounidense Barack Obama, EE.UU. “movilizaría al mundo para colaborar con nosotros” en temas de dimensión global, como el programa nuclear iraní. En el frente comercial, la administración Obama estaba comprometida a usar los procesos de la Organización Mundial de Comercio en lugar de imponer sanciones unilateralmente.

Las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2016 cambiaron radicalmente las opciones del Reino Unido. Bajo el gobierno del Presidente Donald Trump, Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear con Irán, ha impuesto sanciones comerciales unilaterales (también a sus aliados) y ha anunciado su intención de salirse del acuerdo climático de París. Trump ha proclamado su disposición a romper acuerdos comerciales existentes y está socavando la OMC al rehusarse a nombrar jueces para los entes de resolución de disputas de la organización. Y, sin consultar a sus aliados, ha anunciado de manera unilateral la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán y Siria.

Este nuevo Estados Unidos que va por libre desestabiliza las alianzas, normas e instituciones mundiales de las que el Reino Unido dependerá incluso más si abandona la UE sin acuerdo. Tiene intereses económicos y de seguridad en todo el mundo, pero no puede hacer ni imponer reglas por sí mismo. Sin Estados Unidos, el Reino Unido necesita amigos potentes y afines con los que poder colaborar todavía más estrechamente. Sus vecinos de la UE son los candidatos más obvios.

Un segundo cambio es la relación del Reino Unido con China. En la época del referendo del Brexit, China parecía un nuevo socio prometedor y potente. La fastuosa y muy publicitada visita de cuatro días del Presidente Xi Jinping al Reino Unido en 2015 se consideró un gran éxito tras la firma de acuerdos comerciales y de inversión equivalentes a unos £40 mil millones ($52,1 mil millones). El RU vislumbraba una nueva “década de oro” en las relaciones bilaterales.

Hoy la relación es mucho menos reluciente. China está inquieta por su guerra comercial con Estados Unidos, un menor crecimiento económico, los crecientes retos para desplegar su ambiciosa Iniciativa Belt and Road, y los problemas mundiales que enfrenta el gigante de las telecomunicaciones Huawei. Si el Reino Unido no es parte del mercado único o la unión aduanera de la UE, su prioridad para China sería mucho menor. Cuando la Primera Ministra Theresa May visitó el país a principios de 2018, la recepción tuvo un perfil bajo. Se dice que la décima reunión del Diálogo Económico y Financiero entre el Reino Unido y China se ha pospuesto indefinidamente. Y aparentemente se ha cancelado una próxima visita a China del Ministro de Finanzas Phillip Hammond.

Cuando el Reino Unido abandone la UE, se verá obligado a negociar con los chinos por sí solo, sin apoyarse en Alemania, que tiene vínculos comerciales bilaterales mucho más sólidos con China. Peor todavía, si el Brexit es sin acuerdo, necesitará urgentemente firmar tratados comerciales con otros países. Probablemente reciba fuertes presiones para abrir áreas de infraestructura críticas como la energía o las telecomunicaciones a un mayor nivel de inversiones chinas, en los términos que plantee China. En un mundo cada vez más definido por la competencia y el enfrentamiento entre EE.UU. y China, al Reino Unido le conviene mucho más hacer frente común con sus vecinos de la UE.

Finalmente, cuando en junio de 2016 una ligera mayoría del electorado votó a favor de proteger la democracia británica de los “extranjeros”, pocos sospechaban que Rusia y otras potencias extranjeras estaban infiltrando e influyendo de manera encubierta la política británica a través de las plataformas de redes sociales. Y todavía no había estallado el escándalo de filtración de datos que involucraba a Facebook y Cambridge Analytica.

Ahora sabemos que Rusia utilizó cuentas falsas de Twitter para tuitear #ReasonsToLeaveEU (#RazonesParaDejarUE), incluso en el mismo día del referendo. Sin embargo, detener esa interferencia no es nada de fácil. Tras la infiltración de las elecciones estadounidenses de 2016, el Comité Permanente sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes de EE.UU. documentó más de 3000 anuncios de Facebook adquiridos por la Agencia de Estudios de Internet de Rusia. Facebook se comprometió a abordar el asunto, pero las autoridades estadounidenses han informado que la interferencia rusa continuó en las elecciones de mitad de mandato de 2018.

Para el Reino Unido es incluso más difícil tomar medidas defensivas porque las grandes compañías de redes sociales no tienen su sede allí. Aunque el Parlamento británico unió fuerzas con sus contrapartes de Australia, Argentina, Canadá e Irlanda para invitar al Director Ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, a dirigirse a ellos en una audiencia conjunta, este declinó asistir. Y el 18 de febrero un comité parlamentario británico publicó un informe que critica fuertemente a Facebook y a otras grandes compañías tecnológicas por no contrarrestar lo suficiente la propagación de la desinformación y las “noticias falsas”.

Actualmente, la UE ofrece las mejores defensas para la democracia británica. Fue la presión de la UE lo que impulsó a Google a publicar reglas de transparencia antes de las elecciones al Parlamento Europeo, que obligarán a los anunciantes a demostrar que son ciudadanos de la UE o entidades con sede en Europa. La Fuerza de Trabajo East StratCom de la UE está colaborando para contrarrestar campañas de desinformación procedentes de Rusia y otros actores. Y un código de conducta para las empresas tecnológicas las ha impulsado a eliminar más rápido el lenguaje del odio ilegal.

En el mejor de los casos, dejar la UE sería un reto de gran envergadura para el Reino Unido. Pero los grandes cambios mundiales ocurridos desde 2016 han convertido al Brexit sin acuerdo, en particular, en una decisión incluso más riesgosa. En un mundo hostil, el Reino Unido necesita más que nunca a sus vecinos europeos.

Ngaire Woods is Founding Dean of the Blavatnik School of Government at the University of Oxford. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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