El ‘no’ silencioso se impone en Escocia

A las cuatro y media de la mañana, el resultado de la ciudad de Aberdeen, el núcleo económico más dinámico de Escocia, capital del petróleo, ha marcado tendencia. A esa hora, el No ha consolidado unos ocho puntos de ventaja. El No gana el referéndum de Escocia , con clara ventaja. El Sí ha obtenido una notable victoria política y moral en Glasgow, la ciudad más poblada del país, una de las grandes capitales de la Revolución Industrial. .

A las seis de la mañana el resultado podía darse por confirmado. El No gana con mayor ventaja que la señalada por casi todos los sondeos, que pueden haber movilizado a una ‘mayoría silenciosa’. En Edimburgo también ha ganado el No. El diferencial será de unos diez puntos.

Ha votado el 80% de la población con derecho al sufragio. Se podía votar a partir de los 16 años. El 97% se inscribió para votar. Una mobilización electoral sin precedentes. El Sí ha ganado en la calle, el Sí ha sido el vector político más dinámico y el que ha propagado mayor entusiasmo. El sí ganaba en ventanas y balcones, pero como recordaba ayer el diario francés ‘Le Figaro’, “las ventanas no votan”.

Ayer por la noche, un sondeo efectuado con una muestra de Internet, daba una ventaja de ocho puntos de al No sobre el Sí. La votación masiva, con un 80% de participación, ha sido decisiva. Los abstencionistas crónicos, la gente menos politizada, seguramente han decidido el referéndum que ha puesto en juego al Reino Unido. Un ejercicio democrático impecable.

Este era el paisaje de Edimburgo antes de un recuento largo, antiguo y ajeno a toda presión mediática.

A las seis de la tarde, la iglesia de Barclay Viewforth, en el sur de Edimburgo, recibía a los electores con un mantel a cuadros en las mesas de votación. Sólo faltaban el té y las pastas. En la puerta, los activistas del sí y del no departían educadamente, sin furor en la mirada. La parroquia de Barclay, gótica como una aventura de Harry Potter, pertenece a la presbiteriana Iglesia de Escocia, rama principal del protestantismo en este país. La Iglesia de Escocia está adscrita a la Comunión anglicana, pero es totalmente independiente del Estado, a diferencia de la Iglesia de Inglaterra. También en el reclinatorio, ingleses y escoceses son distintos. Cuando la reina viaja a las tierras altas es un miembro más de la Iglesia de Escocia, no su jefe espiritual.

La parroquia de Barclay ofrece servicios sociales, acoge una comunidad cristiana china, imparte clases de taichi y es colegio electoral. Frente a la iglesia, un tapiz verde, ayer envuelto por la bruma: el parque de Brunstfield Links, uno de los primeros campos de golf de Escocia, abierto a todos los ciudadanos. Un lugar de paseo y de juego. El campo tiene cinco hoyos y el sexto está en una cercana taberna donde aún son leyenda las cervezas a dos peniques.

Una parroquia gótica; la niebla que desciende del castillo y envuelve todos los torreones de Edimburgo; un parque en el que Michelangelo Antonioni podría haber rodado una nueva versión de ‘Blow up’ –película sobre los misterios que puede contener una fotografía ampliada–; la lejana melodía de unas gaitas y la mirada tranquila de los activistas del sí y del no, una vez agotados todos los argumentos. Un paisaje entrañable. Una manera de vivir el mundo.

Un inédito ejercicio democrático, ante la perplejidad de medio continente y el más que evidente enojo del grupo dirigente español. Madrid se ha puesto de los nervios, muy de los nervios, y su mirada ceñuda ha llegado hasta el castillo de Edimburgo. Vista desde los torreones de la Castellana, la realidad es siempre una fortaleza asediada. Y la ‘línea correcta’ se halla en el Aranzadi. No hay llamada al orden sin invocación severa al Estado de Derecho. Una concepción vertical de la política. Una manera de vivir el mundo y de ejercer el poder.

Edimburgo se levantó ayer vestida de fantasma escocés. Cielo cerrado, niebla y una noche electoral en forma de lago Ness: larga y misteriosa. La pasión iba por dentro. El ajetreo y el colorido estaban en la Royal Mile, con más banderas ‘estelades’ que enseñas de Escocia. La fe de los soberanistas catalanes que han viajado estos días a Edimburgo ha sorprendido a los activistas del ‘Yes’, apasionados, abnegados, tenaces, pero, al final del día, socios de la flema británica. La pasión va por dentro y cuentan que esta última semana las conversaciones familiares han subido de voltaje en toda Escocia. La flema barniza la tensión. Es una manera de amar la realidad, Una manera de vivir el mundo. Las portadas de los diarios británicos, ayer. La Unión en juego y nadie perdió la compostura. Ningún insulto en portada. Ninguna diatriba excesiva. “El día del destino”. Una manera de estar en el mundo.

Los catalanes, sean ilergetas o layetanos, también necesitan una mayor expansión de las emociones. A media mañana, unos jóvenes venidos de Lleida, mirada viva, Twitter ágil, se enfundaron unas camisetas azules con el lema ‘Catalans for yes’ y le dieron marcha al Grassmarket, una de las plazas más céntricas de Edimburgo. Los escoceses sonreían. Más arriba de Grassmarket, subiendo hacía el castillo, un apunte del humor popular escocés, de un calibre algo más grueso que el inglés: unas bragas de talla grande colgadas de un tendedero, junto a una sábana con el lema “Vota con las bragas limpias”. Última munición de la campaña del ‘yes’, después de unas cuantas pintas de cerveza

Durante toda la noche, vigilia popular en la colina de Carlton Hill, esperando el amanecer y los resultados del escrutinio oficial, lento, antiguo y sin concesiones a la compulsión mediática. El sol sale en Escocia a las 6 horas y 52 minutos y los resultados definitivos llegarán con las luces del alba. Alba es el nombre de Escocia en gaélico.

La clave sociológica de la jornada: la participación electoral. Se ha inscrito el 97% de la población con derecho a voto, un porcentaje nunca visto. Ha ido a votar el 80%. La apuesta es alta, altísima, y no deja indiferente a nadie. Han ido a votar muchos abstencionistas crónicos; gentes que hace tiempo desconectaron. Ese voto habrá decidido el referéndum. En Catalunya ya se tuvo cierta noticia de este fenómeno en las elecciones de noviembre del 2012. Cuando dices que nos vamos, la gente va.

Enric Juliana

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