El olvido que seremos

Por Jordi Borja, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (EL PAÍS, 14/12/07):

Un título robado al periodista colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de un hermoso libro-biografía de su padre, el doctor Héctor Abad, impulsor de la pacificación y asesinado en Medellín por los paramilitares. Un libro contra el olvido. Contra el olvido que amenaza con frecuencia a aquellos que por su trayectoria, actitud vital y pensamiento merecen ser recordados. Para confrontarnos con el pasado y con el futuro.

Dos personajes que han marcado con sus ideas y su acción la vida intelectual y política del último medio siglo en Europa occidental desaparecieron a finales del verano, con pocos días de diferencia. Distintos y complementarios, mantuvieron una especial vinculación entre ellos. El más conocido, el francés de origen austriaco André Gorz consideraba al otro un maestro, el sindicalista italiano Bruno Trentin. Fueron despedidos discretamente, especialmente Trentin. En Les Temps Modernes (revista fundada por Sartre), Gorz lo dio a conocer en Francia y en los medios culturales europeos en los años sesenta. Diversos monográficos sobre movimiento obrero y neocapitalismo, y especialmente los textos de Trentin, causaron sensación. Era 1962, y recién llegado a París, leer el Informe de Trentin sobre las ideologías del capital y la introducción de André Gorz al número de septiembre-octubre de los TM fue una revelación. Entendí mejor la sociedad del presente, sus conflictos y sus actores, sus aspectos novedosos, que en las clases de la Sorbonne.

Trentin, nacido en 1926, ha sido el intelectual orgánico del sindicalismo italiano. Su padre, catedrático de Derecho Administrativo antifascista, se exilió con su hijo en Francia. En 1941, Trentin se incorpora a la Resistencia contra la ocupación nazi. Regresa a Italia en 1943 y toma el mando de una brigada de partisanos. Al terminar la guerra, ingresa en el Partido d'Azione (liberal progresista). Tiene 20 años, y realiza estudios de Derecho y Economía en Italia y en Harvard. Regresa a Italia y se integra en el departamento de estudios de la Confederación Sindical. En 1950 adhiere al PCI. Como escribe Rossana Rossanda, es recibido con admiración y desconfianza, por su perfil aristocrático de intelectual brillante y por su visión de la centralidad del trabajo y del sindicalismo. En 1960 es elegido miembro del Comité Central. Se mantendrá toda su vida fiel a este compromiso partidario, pero raramente ejercerá de dirigente del PCI o de sus sucesores (ahora, el Partido Democrático). De 1962 a 1977 es secretario general de la poderosa Federación Metalúrgica y se convierte en uno de los más influyentes pensadores y estrategas del movimiento obrero europeo. Miembro del núcleo dirigente de la Confederación General Italiana del Lavoro (CGIL) asume la secretaría general en 1988 y dimite en 1994, después de haber firmado un acuerdo con las otras centrales sindicales que significaba eliminar el carácter automático de la escala móvil, que garantizaba el aumento inmediato de los salarios con relación al incremento del coste de la vida.

Supo tomar decisiones aun sabiendo que debería pagar un alto coste político y personal por ello. Trentin argumentó que no se podía mantener el automatismo de la escala móvil si se oponía al "interés nacional". No era sumisión a la política partidaria, sino una concepción no corporativa del sindicato, al cual atribuye la capacidad de proponer un proyecto de país. Uno de los objetivos del sindicalismo moderno para él era intervenir en la definición de categorías profesionales y en la dignificación del trabajo en todas sus dimensiones, y no aceptaba que se privilegiaran a unos sectores sobre otros. Para Trentin, la calidad y el valor del trabajo no se reducían al aumento salarial.

Volvió a su lugar originario en el sindicato y se hizo cargo de la dirección del gabinete programático. No quiso cargos políticos; solamente aceptó ser parlamentario europeo. En esta época de teorías inciertas, ideologías equívocas y políticas dudosas, recuperar las trayectorias humanas parece el camino más apropiado para creer en algo, importa a veces más quién lo dice que lo que se dice. Su discurso sobre el valor del trabajo en una época en que se ha naturalizado la precariedad del mismo, parece más necesario que nunca. En 1994 publica Lavoro e libertá y es coautor de Il coraggio della utopia, sobre el papel del sindicato en la sociedad "postindustrial". Unos años después publica La città del lavoro. Entonces le conocí en una reunión convocada por Rutelli, entonces alcalde de Roma, en la que expuse el uso del planeamiento estratégico como instrumento de corrección de los desequilibrios y desigualdades generadas por el capitalismo en el territorio. Me expresó su preocupación por el sentido del trabajo en nuestra sociedad y la pertinencia del ámbito territorial.

En Trentin encontramos una concepción de la política poco habitual hoy: la confrontación entre proyectos de sociedad. No era un "izquierdista", pero despreciaba el "transformismo" de la política, su reducción a las luchas por el poder, a las alternancias sin principios, al discurso adaptativo sin otro objetivo que obtener votos. Sólo le valía la política práctica que impulsaba cambios que hicieran progresar los principios de libertad e igualdad.