El ‘oro de Moscú’

Por Daniel Reboredo, historiador (EL CORREO DIGITAL, 15/09/06):

La Guerra Civil de 1936 fue el acontecimiento más traumático de la historia contemporánea de España, con repercusiones que llegan claramente a nuestros días, a la par que el enfrentamiento civil más grande de la Europa del siglo XX y el campo de pruebas occidental en el que libraron trágico combate la democracia, el fascismo y el comunismo. De las mil y una situaciones, acontecimientos y anécdotas que en el mismo se produjeron, cabe recordar, hoy día 15, el setenta aniversario del inicio del traslado del oro del Banco de España a la Rusia de Stalin. Los albores de esta ‘aventura’ los encontramos en los fracasos de la expedición a Baleares, la toma de Irún por el general Mola y la caída de Talavera de la Reina acaecidos en los días 3 y 4 de septiembre de 1936, hechos que el Gobierno republicano tuvo que asumir con gran preocupación. En esta penosa coyuntura nació el Gobierno de concentración (claramente revolucionario) presidido por Largo Caballero, quien sabía que el principal problema de la República era en aquel momento rentabilizar su aplastante superioridad material, coordinando los mandos y sustituyendo progresivamente a los milicianos por algo similar a un ejército regular. Para ello contaba con un recurso que estaba depositado en los sótanos del Banco de España, el cuarto depósito de oro más grande del mundo, acumulado gracias al comercio derivado de la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial.

El 15 de septiembre de 1936 salieron de Atocha 10.000 cajas de oro con destino a Cartagena, donde llegaron dos días más tarde. Una quinta parte fue embarcada con destino a Marsella y el resto (7.800 cajas) fueron embarcadas del día 22 al 25 de octubre con destino a Moscú. Este día se inició la segunda fase de la Operación X por la que la URSS se convertía en el principal aliado de la República suministrando a ésta armas y pertrechos. El envío fue de 510 toneladas de oro (gran parte en monedas de altísimo valor numismático y muy raras -soberanos, reales, escudos, maravedíes-) y numerosos objetos de plata, vajillas, cuberterías, joyas y de tesoros artísticos de valor incalculable y, por supuesto, no equivalente a la ayuda militar soviética al Frente Popular. Gracias al ‘oro de Moscú’, la República pudo estabilizar una situación militar que amenazaba ruina en pocos meses, y su ejército fue recibiendo material de mayor o menor calidad, pero imprescindible para equilibrar los envíos de armas que los franquistas recibieron a crédito del Tercer Reich y de la Italia fascista y que pagaron después de finalizada la guerra. El contexto internacional determinó de modo directo y crucial tanto el curso de la guerra de España como su desenlace final. Por una parte, sin la constante ayuda militar, diplomática y financiera prestada por Hitler y Mussolini, el bando liderado por el general Franco no habría podido obtener una victoria absoluta e incondicional y, por otra, sin el asfixiante embargo impuesto por la política de no intervención y la inhibición de las democracias occidentales, la República no habría sufrido una derrota militar total.

La República fue abandonada por todos, incluso por muchos de los que decían defenderla como los comunistas, y por eso fue aplastada. Enemigos exteriores, amigos interesados como Stalin, abulia de los aliados naturales de la misma (Francia e Inglaterra) y el cáncer interno que la corroía, por otra parte tan español, dieron al traste con un experimento político aplastado además por lo pusilánime de muchas actitudes frente a la intransigencia. La mentira oficial de que Stalin quiso ayudar a la República debe rebatirse desenmascarando sus intereses, que lo fueron al igual que los de otros actores del conflicto bélico. Bajo la apariencia de socorrerla, pretendió evitar una revolución de signo en gran parte anarquista y contraproducente tanto para sus intereses imperialistas de gran potencia, como para su imagen de patria de los trabajadores del mundo. El Gobierno soviético estaba convencido también de que un triunfo rápido de Franco daría a Alemania e Italia un impulso que implicaría seguramente mayor beligerancia en Europa central y oriental. De ahí que cuando los nazis mostraron interés por llegar a un acuerdo con la URSS, Stalin abandonara «la justa causa del pueblo español». La leyenda de la URSS como gran país antifascista cuya aportación solidaria a la Guerra Civil española y más tarde a la Segunda Guerra Mundial fue decisiva, se vio favorecida por la rápida violación de Hitler del pacto nazi-soviético, ya que así se hizo pasar por un simple acuerdo táctico y circunstancial lo que fue una colaboración profunda entre dos totalitarismos. A la República no la salvó, no podía hacerlo, ni el oro del Banco de España. Demasiados enemigos, demasiados pseudo defensores, demasiado odio contenido y muy pocos republicanos.