El oscuro futuro de la negociación con el ELN

Errores de parte y parte

Con mucha expectativa, pero a la vez con bastante pesimismo, el país recibió el anuncio de la instalación de la mesa formal de negociaciones entre el gobierno nacional y el ELN el próximo 7 de febrero.

La expectativa se debe a los muchos esfuerzos realizados para llegar a este momento y a la posibilidad de tener una paz completa en Colombia.

El pesimismo tiene su origen en varios aspectos de la organización y del contenido de la negociación que se ha propuesto, así como en la desconfianza entre las partes y la de la opinión nacional acerca del ELN.

El gobierno cometió tres errores que han afectado el desarrollo del proceso:
• Aunque el presidente Santos no necesariamente tenía que buscar a esta guerrilla para negociar al mismo tiempo que lo hizo con las FARC, el efecto de no haberlo hecho fue dar pie a que el ELN se sintiera tratado como el “hermano menor” de las FARC.
• Durante algún tiempo después de presentarse la agenda en marzo de 2016, cuando Frank Pearl encabezaba la delegación del gobierno, no hubo un líder público claro de la delegación estatal, lo cual sembró dudas en el ELN sobre el compromiso real de su contraparte.
• Aunque el gobierno tenía razón en exigir a esta guerrilla que liberara a todos los secuestrados para garantizar la legitimidad de la negociación, lo hizo demasiado tarde. A pesar de eso, es difícil pensar que el ELN no haya previsto esta solicitud, considerando la importancia de este asunto en intentos de negociación anteriores y que el gobierno le pidió lo mismo a las FARC.

Por otro lado, el ELN también ha cometido errores que demuestran su falta de madurez política en el momento de negociar. El principal de estos errores consiste en partir de una posición demasiado intransigente de “suma cero”, como si el grupo creyera que si cede algo el gobierno gana y viceversa, lo cual no necesariamente es cierto. Hay escenarios donde ambas partes pueden beneficiarse de una fórmula conjunta, incluso cuando esta implique acciones unilaterales para poder darle cumplimiento.

Tal es el caso de la liberación de los secuestrados. El ELN cree que estaría cediendo indebidamente si no hay una acción recíproca por parte del gobierno, pero en realidad al dejar libres a las personas en su poder aumentaría la legitimidad de toda la negociación así como su propia credibilidad.

División, desconfianza y dificultad para tomar decisiones

Según distintas fuentes, dentro del ELN sigue habiendo división frente al tema de la negociación, aunque con frecuencia lo niegan públicamente. Una parte del grupo apoya los diálogos; otra argumenta que la paz hay que negociarla, pero no ahora; y otra dice que no se debe negociar en absoluto.

El proyecto de la resistencia armada sigue vigente para buena parte de esta organización guerrillera, y su expansión implica que está buscando fortalecerse para la negociación y/o por si los diálogos fallan.

Además de esto, la guerrilla admite que hay problemas de confianza en la mesa, en gran parte porque duda de la voluntad de paz del gobierno. En una entrevista en diciembre de 2015, Antonio García, miembro del Comando Central del ELN (COCE), afirmó que el gobierno de Santos representaba a la oligarquía con los mismos intereses de siempre; esta guerrilla duda seriamente de que el gobierno pueda cumplir con lo que se logre acordar.

Esta actitud del ELN está parcialmente justificada por el incumplimiento reiterado de las reformas acordadas con grupos guerrilleros en gobiernos anteriores. No obstante pasa por alto el hecho de que el gobierno actual y las FARC se han vuelto socios alrededor del acuerdo de paz. Además, el ELN sigue creyendo en “certezas” – acciones realizadas que pueden llegan a crear confianza. Así las cosas, no está claro si el ELN podrá llegar a tener la confianza suficiente en el gobierno para firmar un acuerdo definitivo.

Por otra parte, el ELN no ha podido entender que la organización y la fortaleza militar que lo ayudó a sobrevivir durante estos años de guerra ha terminado por obstaculizar su vocación de paz. El poder que esta guerrilla les da a los frentes regionales y la toma de decisiones por consenso que lleva a desacuerdos y divisiones han impedido que el grupo se decida unánimemente en contra de la continuación del conflicto armado.

Por ejemplo, el hecho de que los indultados fueran propuestos por el Bloque de Guerra Occidental (BGO), que tiene a Odín Sánchez en su poder, implicó más demoras para instalar la mesa oficial porque las personas propuestas no fueron indultadas por estar condenadas por crímenes graves. Los ataques violentos en Arauca también minan la confianza pública en el proceso. Estos dos hechos muestran que la organización descentralizada del ELN puede producir retrasos y tropiezos en la mesa de negociación.

Esto, sumado a la falta de confianza, a las diferencias de opinión dentro del ELN y a la capacidad limitada de este grupo para leer la política nacional alrededor de la paz, genera dudas sobre la estabilidad y representatividad de las posiciones de esta guerrilla en la mesa de negociación.

Una carrera contra el tiempo

En cerca de 18 meses Colombia tendrá un nuevo presidente, que podría ser parte de la oposición de derecha. No hay garantía de que el próximo gobierno quiera seguir negociando con el ELN y se agota el tiempo para que el diálogo pueda avanzar y consolidarse.

Con una agenda poco clara, una metodología imprecisa y con el reciente rechazo del ELN a la aplicación de la Jurisdicción Especial para la Paz a sus miembros, las posibilidades de alcanzar un punto de estabilidad en el diálogo antes del cambio de presidente son cada vez más reducidas.

Finalmente, el ELN con sus acciones y actitudes ha socavado su propio discurso sobre “humanizar” el conflicto. Por ejemplo, el grupo va a liberar a Odín Sánchez, la última persona secuestrada por ellos, pero no ha realmente renunciado al secuestro. La declaración de Pablo Beltrán de que nadie en Chocó reclama a Sánchez hace pensar que el ELN sigue justificando su secuestro, aunque de hecho fue canjeado por su hermano en abril del año pasado. Además, la reciente revelación de Beltrán acerca del pago hecho por la familia de una parte del dinero pedido por su liberación le quitó aún más legitimidad al grupo guerrillero.

La sociedad colombiana entendió que lo que se había acordado era la liberación de Sánchez a cambio del indulto de dos guerrilleros para empezar las negociaciones de paz, lo cual fortalecería el proceso y podría aumentar la confianza entre las partes. Sin embargo, que el ELN revelará que recibió dinero de la familia de Sánchez hace dudar de las intenciones reales de esta guerrilla y de su interés en lograr la paz.

El proceso de paz con el ELN está en un momento clave y a punto de arrancar. Se ha esperado tanto que la expectativa es alta. Sin embargo, al observar la actitud del ELN y el tiempo que queda para negociar, parece cada vez más difícil que el proceso llegue a feliz término. Aunque espero equivocarme.

Kyle Johnson is Crisis Group’s Senior Analyst for Colombia since January 2016. He has over 10 years of experience studying the Colombian armed conflict and related issues, and has lived in Bogotá for more than 6 years. Kyle has extensive field experience in the country and has focused on conflict dynamics and peacebuilding at a local level.

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