El otro hijo de Pujol

“50.000 personas se han concentrado ante el Parlament, para vitorearle y rechazar la querella presentada contra Jordi Pujol por el asunto de Banca Catalana. El Gobierno central ha hecho una jugada indigna”, exclamó Pujol desde el balcón de la Generalitat al referirse a la querella que contra él y otros 24 exdirigentes de Banca Catalana ha interpuesto el fiscal general del Estado. “En adelante -añadió- de ética y moral hablaremos nosotros. No ellos, con Cataluña no se juega y que no vale el juego sucio”.

¿Les suena? Así entonaba la pluma de Antich en 1984 una melodía que hoy volvemos a escuchar como esas canciones insultantemente actuales que parecen haber sido escritas antes de ayer, pero que en verdad fueron compuestas en la pubertad de nuestros padres.

“Hoy he visto al espíritu absoluto a caballo”, apeló Hegel en un ataque de bonapartismo. Y es que la historia se encarna de tanto en cuanto en personajes únicos. Sin embargo, en el previsible relato separatista las coincidencias están escritas en el testamento y Artur, el hereu, como aquellos hijos aplicados que miran antes el retrato de su padre que su propio reflejo, aprendió rápido las técnicas de su padre político.

Disparar artillería como “jugada indigna”, “Madrid”, “moral”, “ellos”, “nosotros” que ya empleaba el pujolismo, son la herencia de un diccionario nacionalista que ha pretendido y pretende juntar a unos cuantos contra el resto. La vieja fórmula orweliana de invocar al enemigo externo común al que echarle las culpas de todas nuestras desgracias al son del “España nos roba”.

Seguro que algún iluminado también dijo en aquellos años que se estaba “judicializando la política” por abordar el caso Banca Catalana. Afortunadamente en democracia cuando alguien no cumple las leyes democráticas se judicializa la cuestión; si no fuese así, los políticos seríamos semidioses privilegiados a los que las leyes mundanas no se nos podrían aplicar. Y hasta que el señor Artur Mas llegue a Ítaca y tenga una jurisdicción a medida, no le queda otra, mientras tanto, que ir de juicio en juicio como cualquier hijo de vecino.

Por cierto, a la defensa de la llamada “judicialización de la política” le sale estos días novias que se suman a la teoría de que juzgar a los que se saltan las leyes “atenta contra el debate político”. Qué poca memoria tienen los que olvidan que si existe libertad en el debate político es precisamente porque existe la democracia. De todas formas, estos son los mismos que califican de “debate constructivo” pelearse de tuit en tuit por el control de sus 40 partidos en uno. Ya saben, el viejo truco populista de disfrazar de “debate de ideas” los navajazos entre camaradas.

Performance aparte, este es el primero de los muchos juicios en los que Artur Mas y los suyos deberán rendir cuentas. Porque la corrupción y Convergència es como el dilema del huevo o la gallina: no se sabe quién estaba ahí primero. Y en este invierno judicial no habrá estelada tan grande para tapar tanta porquería. No sé si estarán tan contentos cuando tengan que explicarnos a todos aquello del 3% y del Palau.

Por cierto, un tema, el de la lucha contra la corrupción, que importa poco en su hoja de ruta por la secesión que cada vez se parece más a un laberinto del que ni ellos mismos saben salir. Un laberinto donde el procés, como el Minotauro, va devorando hombres que hablan más de la cuenta y donde el ovillo de lana de Teseo se ha quedado sin hilo para encontrar el camino de vuelta. Y es que en este callejón sin salida sólo hay dos opciones: elecciones o elecciones. Espero que esta vez socialistas y conservadores no se equivoquen y que Inés Arrimadas sea la primera presidenta de la historia de la Generalitat de Cataluña.

Mientras, seguiremos defendiendo que lo liberal no quita lo progresista y que la mejor forma de solucionar lo que pasa en Cataluña es cambiando lo que no funciona en toda España. Que unir es mejor que romper, que reformar es mejor que separar y que abrir es mejor que cerrar. Afortunadamente la realidad nunca se equivoca y los años situarán a cada uno en su sitio. Y como han hecho con el padre Pujol, lo harán también con el hijo.

Fernando de Páramo es Secretario de Comunicación de Ciudadanos y diputado en el Parlamento de Cataluña.

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