El panorama de nuestro sistema educativo

La publicación del informe Panorama de la Educación 2012 nos permite ahondar todavía más en las razones de una crisis tan profunda y en las dificultades que España va a encontrar para salir de ella. A pesar de que líderes mundiales como Mandela afirman que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo, preferimos priorizar cuestiones de rédito cortoplacista, que poco aportan al verdadero fortalecimiento económico y social de un país.

El informe, referido a 2010, viene a confirmar que los niveles educativos en España están mejorando muy poco. Aunque el porcentaje de titulados en educación superior es similar a la media de la OCDE, sólo el 65% de nuestros jóvenes tiene estudios de secundaria, una cifra alarmantemente baja si la comparamos con la media del 82% alcanzada por el conjunto de los países analizados.

Y no es de extrañar que, tras el derrumbe de nuestra economía, nuestro país duplique la tasa media de la OCDE en cuanto a población que ni estudia ni trabaja, la generación ni-ni. El abandono de los estudios obligatorios es un problema urgente, cuya solución pasa por cambiar el enfoque de nuestra educación, flexibilizar el paso a la formación profesional, formar mejor al profesorado y redistribuir los recursos entre los distintos niveles. Y no tanto por implantar un sistema de reválidas.

La situación de la generación ni-ni es complicada, especialmente cuando el desempleo juvenil en España supone más del 50% de nuestro paro. Organismos como la OCDE reclaman nuestra atención sobre las consecuencias que este problema puede ocasionar para el futuro del país y el de sus jóvenes.

Las estadísticas confirman que el nivel educativo ejerce un efecto directo en la empleabilidad de cualquier profesional, insistiendo en que cuanto mayor es su cualificación, menor es su índice de paro. Pero la falta de oferta hace que el título universitario no siempre sea garantía de empleo. Sí lo será si las universidades cambian sus formas de hacer y se orientan a formar titulados emprendedores y capaces de aportar valor a su profesiones desde el momento en que comienzan a trabajar.

El informe corrobora que el rendimiento de nuestros estudiantes es de los más bajos de la OCDE, pese a que el gasto por alumno es muy superior al de la media. Todo gasto educativo debe ser considerado como una inversión. Para ello hay que aplicar formas de enseñanza-aprendizaje exitosas, que se adapten a las necesidades de la sociedad y respondan las demandas del sistema productivo. La innovación y la gestión eficaz de los centros educativos son imprescindibles en este sentido.

Tenemos que enfrentarnos a este reto para encontrar un camino que nos ayude a seguir apostando por una formación permanente, de calidad, internacional y afín a las demandas del mercado laboral para que nuestros profesionales sean realmente competitivos y deseados por las empresas en un entorno globalizado. Una opción que nos permita salir de la crisis, generar empleo para nuestra sociedad y asegurar un futuro próspero.

Nuestro objetivo es dar paso a la generación sí-sí, jóvenes que trabajan y estudian y que representan el motor de nuestro progreso. Jóvenes que ya existen, que derrochan responsabilidad y esfuerzo y están comprometidos con su futuro como proyección del de su país. Jóvenes conscientes de las dificultades pero con una gran determinación. No permitamos que la situación económica estigmatice a toda una generación, esforcémonos en apoyarles. No nos detengamos aquí, avancemos hacia una sociedad que apueste por la formación continua y en la que las universidades sean punto de encuentro para estudiantes, investigadores y profesionales, a lo largo de toda su vida.

La crisis económica tampoco debe impedirnos seguir mejorando el nivel educativo. Aprovechemos la ocasión para valorar el coste de la educación y sus resultados. Ofrezcamos a nuestros graduados una formación que les reporte beneficios en el plano económico, social y de empleo.

Águeda Benito es la rectora de la Universidad Europea de Madrid.

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