El Partido Nacionalista Vasco ante la crisis poselectoral

En el momento en que escribo estas líneas, es el actual líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien tiene la responsabilidad inmediata de formar un Gobierno que se asegure el respaldo suficiente de las Cortes. El PSOE ya ha dejado claro que no es partidario de una gran coalición a la alemana y el PP de Rajoy –cada vez más tocado por los casos de corrupción– parece que no cuenta con el apoyo ni siquiera de Ciudadanos. Pero no está claro que Pedro Sánchez pueda encontrar dentro de su partido el consenso necesario para formar gobierno en coalición con un exigente Podemos y con los dos diputados de Izquierda Unida. Además, aunque lo lograra, necesitaría todavía para gobernar del voto positivo a su investidura como presidente del Gobierno de los seis diputados del Partido Nacionalista Vasco y de la abstención, como mínimo, de los independentistas catalanes de CDC y ERC.

En dichas circunstancias, la postura del más que centenario Partido Nacionalista Vasco vuelve a cobrar una relevancia que hace muchos años que no tenía. ¿Y qué están diciendo los dirigentes del partido jeltzale estos días? Desde Sabin Etxea, el presidente del partido, Andoni Ortuzar, expuso unas reivindicaciones políticas contundentes: «Reconocimiento nacional de Euskadi, reconocimiento del derecho a decidir».

Es verdad que el portavoz nacionalista en el Congreso, Aitor Esteban, aseguró después que «estaban por la labor de facilitar la gobernabilidad»; pero también que para el PNV el nuevo escenario político «ha abierto de par en par las puertas a un nuevo tiempo en el que los navarros no vivan de espaldas a sus vecinos de la CAV y de Iparralde». En víspera de su nuevo Congreso, el PNV va incluso más allá que el proyecto de nuevo Estatuto para Euskadi del lendakari Ibarretxe en 2004.

Como se sabe, el derecho a decidir no aparece en ninguna Declaración de los Derechos Humanos. Otra cosa es el derecho de autodeterminación, que la «Carta» de la ONU solo reconoce para las colonias respecto a sus antiguas metrópolis, lo que ni históricamente ni en el momento actual es el caso del País Vasco.

Aunque en el pasado algunos hayamos defendido fórmulas como la acuñada por Anselmo Carretero –España, nación de naciones–, esta solución no tiene ningún recorrido político porque en definitiva no es sino un oxímoron. En este punto no caben posiciones «híbridas»: o España es una nación –una de las más antiguas naciones de Europa, como han mantenido tantos historiadores– o es, como sostienen Pablo Iglesias y los nacionalismos periféricos, un Estado que no permite el desarrollo de la libertad de las naciones vasca, catalana, gallega, etcétera.

Para entender en la larga duración la postura del PNV hay que tener en cuenta que a pesar del paso del tiempo, el PNV sigue siendo fiel a su fundador Sabino Arana, esto es, un partido que tiene como objetivo último la independencia de «Euzkadi» –neologismo sabiniano– respecto al «Estado español». «El PNV, afirma el historiador José Luis la Granja, sigue siendo un partido aranista, porque nunca ha celebrado el equivalente al Congreso de Bad-Godesberg (1959) en el que el Partido Socialdemócrata Alemán aprobó la supresión del marxismo como base ideológica (lo mismo que hizo el PSOE en 1979). El PNV continúa rindiendo culto a Sabino, aunque el aranismo ya no sea, como en el primer tercio del siglo XX, una especie de segunda religión, yuxtapuesta a la religión católica».

Ahora bien, ¿existe en el País Vasco una mayoría de ciudadanos favorable a la independencia de Euskadi? Todos los sondeos de opinión –los famosos euskobarómetros– lo niegan. Y si, como pretenden los nacionalistas vascos, hubiera que tener en cuenta la opinión de los navarros y de los vascos de Francia, el independentismo vasco estaría aún más cuestionado. Por todo ello, no creo que ninguna concesión sobre el «derecho a decidir» y sobre la relación «bilateral» de Euskadi con el Estado español contribuya a resolver un problema que requiere diálogo racional y no sentimientos esencialistas propios del siglo XIX.

Ignacio Olábarri, catedrático emérito de Historia Contemporánea.

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