El partido nicaragüense del KGB

K. Lloyd Billingsley es miembro permanente del Pacific Research Institute de la Dra. Sally Pipes y ha sido delegado de periodismo del Centro David Horowitz para el Estudio de la Cultura Popular. Sus artículos aparecen en el Washington Post, el Wall Street Journal y USA Today, tras haber sido corresponsal durante varios años para la revista Spectator y el Washington Times (GEES, 20/06/06):

Los Estados Unidos no son el único país que acudirá a las urnas en noviembre. Nicaragua también, y Daniel Ortega se presenta a presidente. Los nicaragüenses conocen a Ortega como un comandante del FSLN con gafas de diseño, miembro de la Junta marxista sandinista que oprimió y saqueó su país. Según sus antiguos patrocinadores, hoy hay mucho más en el hombre y su presunto movimiento independentista. Una cosa que no ha cambiado, no obstante, es que aún es apreciado por la izquierda americana, que desea que gane casi tanto como quiere que Nancy Pelosi se convierta en Portavoz de la Cámara.

Desde que la izquierda americana bostezase cuando los Documentos Venona demostraron que Alger Hiss, los Rosenberg, y otros de sus héroes eran realmente traidores, el hecho de que Daniel Ortega, su hermano Humberto y muchos de sus camaradas del FSLN aparezcan mencionados en los archivos del KGB descubiertos recientemente probablemente no provocará ninguna reevaluación agónica. Pero estas revelaciones importantes, aunque obviadas, muestran el motivo por el que un nuevo Régimen Ortega debería preocupar a los legisladores americanos. Esto es especialmente cierto con el ascenso del populista de Venezuela Hugo Chávez, que apoya a Ortega y a quién le gustaría incluir en su emergente eje de extrema izquierda a una Nicaragua encabezada por el candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

El FSLN empezó con Carlos Fonseca Amado, autor de Un nicaragüense en Moscú y agente de confianza del KGB de nombre en código GIDROLOG, “hidrólogo”. Esa información procede de los documentos del KGB pasados de contrabando a Occidente por Vasili Mitrokhin, el funcionario encargado de mudar los documentos extranjeros del KGB a una nueva ubicación. El Archivo Mitrokhin, publicado conjuntamente con Christopher Andrew, de Cambridge, es el descubrimiento de Inteligencia más completo procedente de fuente alguna. El segundo volumen recientemente publicado, El mundo salía como queríamos: el KGB y la batalla por el Tercer Mundo, arroja luz sobre sucesos clave, incluyendo la manipulación por parte del KGB del Chile de Salvador Allende y el control del FSLN, que destacaba prominentemente en la estrategia soviética.

Un punto clave de esa estrategia en las Américas implicaba a Cuba, de nombre en código AVANPOST o “cabeza de puente”. En los designios del director del KGB Aleksandr Shelepin, Nicaragua iba a convertirse en una segunda cabeza de puente trabajando hombro con hombro con los cubanos. En 1959, Tomás Borge, del FSLN, y un grupo de sandinistas llegó a La Habana para reunirse con Fidel Castro. Los documentos revelan que el KGB también reclutó al exiliado nicaragüense Edelberto Torres Espinosa, de nombre en código PIMEN, cirujano y amigo de Carlos Fonseca. Los archivos oficiales del KGB acerca de Torres revelan que V.P. Nefedov y V.V. Kostikov le clasificaban como agente valioso y de confianza. Un agente, según las normas del KGB, significa que uno recibe órdenes y lleva a cabo lo que se le asigna.

En 1961, Shelepin hablaba a Nikita Khrushchev acerca de estos agentes junto con uno de nombre en código LOT que permanece en el anonimato, y asignaba fondos para ellos. Lo que el KGB tenía en mente para el FSLN era “un grupo de terrorismo-sabotaje” encabezado por Manuel Ramón de Jesús Andara y Úbeda, un cirujano nicaragüense exiliado residente en México. Su nombre en código era PRIM, y seleccionaba los candidatos para el entrenamiento.

Las guerrillas Andara y Úbeda constituyeron la base de una agrupación oculta diversionnye razvedyvatelnye, o DRG, un grupo de sabotaje e Inteligencia con el nombre en código de ISKRA, “chispa”, que también era el nombre del diario de Lenin. Los archivos revelan que el KGB tenía gran interés en utilizar el FSLN para sabotaje en el sur de Estados Unidos. En 1966, el KGB desplegó el grupo de Andara y Úbeda a lo largo de la frontera americana con México, con bases en Ciudad Juárez, Tijuana y Ensenada. Los objetivos incluían bases militares americanas, enclaves de misiles, instalaciones de radar y el oleoducto petrolero procedente de El Paso, Texas, hasta Costa Mesa, California. Los archivos revelan que los agentes seleccionaron tres lugares para el aterrizaje, con pesos muertos para almacenar minas y explosivos. El KGB también gestionaba un grupo de apoyo, de nombre en clave SATURN, que según el Archivo Mitrokhin “estaba encargado de utilizar los movimientos de los empleados inmigrantes (braceros) para ocultar el paso de agentes y municiones a través de la frontera“.

Bajo el mismo nombre en clave de ISKRA, el KGB también entrenaba a las guerrillas nicaragüenses que secuestraron el Congreso Nacional en agosto de 1978. Vladimir Kryuchkov, director del FCD, el departamento de Inteligencia exterior del KGB, fue informado de las operaciones. Las guerrillas volaron a La Habana, donde Castro se reunió con Tomás Borge, Humberto Ortega y Daniel Ortega. El Departamento América (DA) de Cuba les ayudó a montar una base en Costa Rica, vital en su expulsión del hombre en el poder Anastasio Somoza en 1979.

El jefe del DA, Julián López, se convertía convenientemente en el embajador de Cuba en Nicaragua. El primer funcionario soviético en la escena fue Nikolai Sergeyevich Leonov, el principal experto del KGB en Latinoamérica, que había sido destacado en México en 1953 y que se convirtió en el representante del FCD a cargo de las operaciones del KGB en Norteamérica y Sudamérica.

Según los informes, Daniel Ortega contó a Leonov que la estrategia del FSLN era “arrancar a Nicaragua de la órbita capitalista“. Leonov contó a sus superiores que los Ortega convertirían el FSLN en un partido marxista leninista, lo que sólo permitiría partidos centristas y “burgueses” porque no amenazaban el poder sandinista y servían como fachada de cara al mundo exterior. El FSLN, informaba Leonov, también llevaría la lucha de clases a América Central.

A tal fin, los sandinistas solicitaron a Moscú ayuda militar. Según los informes, querían actuar mientras Jimmy Carter fuera aún presidente. En 1981, Humberto Ortega y el Ministro soviético de Defensa Dimitri Ustinov firmaban un acuerdo armamentístico. Todo pasó a través de Cuba, y según el Archivo Mitrokhin, más armas soviéticas llegaron a Cuba ese año que en cualquier momento desde la crisis de los misiles de 1962. En 1983, cuando Daniel Ortega visitaba Moscú, los soviéticos acordaron enviar un escuadrón de cazas MiG-21.

El KGB y la batalla por el Tercer Mundo también revela que el KGB y el DA de Cuba jugaron un papel significativo a la hora de alimentar las protestas en Estados Unidos acerca de lo que la izquierda llamaba “la guerra de Estados Unidos en América Central“. El Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador (CISPES), una operación de desinformación lanzada por los comunistas salvadoreños Farid y Skafik Handal, difundieron un documento del Departamento de Defensa falsificado por el servicio FCD del KGB. Entre los engañados estaba Anthony Lewis, del New York Times. También durante los años 80, el KGB lanzó la campaña de desinformación de que los americanos ricos se estaban haciendo con los cuerpos de niños latinoamericanos para trasplantes de órganos. Esto fue difundido a través de la Asociación Internacional de Abogados Demócratas, un frente soviético, y continuó en vigor mucho después de quedar demostrado como propaganda del KGB.

Bajo el mandato del FSLN, Nicaragua se convirtió, en palabras del escritor Paul Berman, en el centro del mundo para la Nueva Izquierda. Fue el lugar donde los aparatchiks se dejaban caer una vez que Vietnam estuvo con seguridad en manos estalinistas. El himno del FSLN aludía a “el yanqui, enemigo de la humanidad“. Pero el pueblo nicaragüense, que no podía alcanzar Berkeley o San Francisco, no compartía el entusiasmo de la izquierda americana por la vanguardia del FSLN y votó en su contra en 1990. La victoria de Violeta Chamorro asombraba a la National Public Radio, entre muchos otros. Antes de abandonar el poder, los sandinistas saquearon el país a una escala desconocida por Somoza.

Ahora Daniel Ortega quiere cortar el bacalao de nuevo. Sus entrenadores y mentores soviéticos ya no están a la vista. Fidel Castro aún ronda, pero su régimen ya no impone respeto como modelo. Pero Ortega ha descubierto un nuevo patrocinador que llama a la lucha contra el enemigo yanqui de la humanidad. Hugo Chávez, que también ha estado entrometiéndose en Perú, apoya a Ortega con algo más que retórica. En abril firmaba un acuerdo con los alcaldes nicaragüenses del partido FSLN de Ortega para venderles petróleo venezolano a precios especiales.

Stephan Kinzer, que cubrió América Central para el New York Times durante los años 80, cita encuestas que demuestran que el 69% de los nicaragüenses no votaría a Daniel Ortega bajo ninguna circunstancia. Pero Ortega posee una base política que le convierte en “un candidato formidable”. Ortega, escribe Kinzer, “ya ha demostrado su poder sobre el sistema judicial colocando a jueces pro-sandinistas para absolverle de las acusaciones de que abusó sexualmente de su hijastra durante años“. El candidato “ahora quiere utilizar ese poder para dar forma al resultado electoral de noviembre“.