El periodismo en la era de internet

El fantástico mundo de internet con su variada enredadera de terminales está conformando la nueva civilización de las comunicaciones, que afecta profundamente al periodismo tal como lo hemos conocido y lo reconocemos. Ante el diluvio de informaciones y opiniones que desaguan las redes sociales se ha producido una verdadera inundación de noticias y otros sucedáneos. Y, ya saben, está ocurriendo lo que ocurre con las inundaciones, donde lo primero que falta es el agua potable. En esta inundación informativa lo que falta es la marca de fiabilidad y credibilidad que da el sello del periodismo. De ahí que el periodismo y los periodistas sean más necesarios que nunca, pero reconociendo también que las nuevas tecnologías lo están revolucionando hasta el punto de encuadrarlo en un determinismo tecnológico.

LAS NUEVAS artes de la comunicación están perturbando el paisaje de una manera visible. Gran parte del dinero ya no está en los bancos, sino que circula de una manera histérica por las redes manejado por las oscuras manos de lo que llamamos mercados. Las altas competiciones deportivas ya no tienen lugar en los estadios sino en las pantallas, como nos demuestra el hecho de que las disciplinas más espectaculares en los próximos Juegos Olímpicos de Londres se hayan programado en función del número potencial de televidentes. La justicia ya no se desarrolla en juzgados discretos sino que se escenifica en los espacios mediáticos. E incluso la religión ya no programa sus solemnidades para el interior de las catedrales sino para que sus ritos provoquen grandes movimientos de masas.

Se está produciendo una verdadera revolución, en el sentido más profundo y clásico de la palabra. Pero volvamos al periodismo para analizarlo desde su definición esencial, como una actividad que consiste en recolectar y sintetizar información relativa a la actualidad o que pueda interesar en el arco del presente. Y después jerarquizarla, valorar su importancia y editarla en el medio que sea, porque las circunstancias del medio (ideología, especialización y cercanía) influyen en la jerarquía de las noticias sobre los hechos y los acontecimientos concretos. También conviene decir que las variadas circunstancias jamás deben servir de coartada para falsificar la realidad sustancial de los hechos, aunque puedan contemplarse y contarse desde distinta perspectiva. Una montaña no es lo mismo cuando se la ve al anochecer o con las luces del amanecer, desde una cara o desde la otra. Pero nunca hay que cambiar la montaña por un río.

Las nuevas tecnologías no han cambiado el objeto de comercio del periodismo, que es la información, pero sí la forma de presentarlo. Durante un largo periodo histórico la información fue un bien escaso. Hoy es un bien sobreabundante y constante y la tecnología permite a todos ser transmisores y receptores, y de ahí viene la confusión al pensar que todos somos periodistas, que hemos llegado al periodismo total y, por tanto, al fin del periodismo. Por esa misma razón es básico el papel del verdadero periodismo, porque solo un periodismo responsable evitará que lo importante se diluya en la trivialidad y el sensacionalismo sustituya al análisis responsable.

Las redes han cambiado la forma de comunicación de los gobiernos, de las empresas, de las instituciones y de las personas con proyección pública. En el decorado de las redes sociales, Twitter ocupa un lugar destacado, en el que puede servir de fuente periodística, ya que es utilizado por los emisores como propaganda, publicidad y adorno de la propia imagen. A los periodistas les corresponde separar el trigo de la paja. El periodismo tiene que servir de conciencia crítica ante el poder, y basarse en dos elementos sustanciales, que son la credibilidad y la fiabilidad, y para lograrlo hay que partir de la objetividad, ya que las personas que desean estar verdaderamente informadas quieren tener garantías sobre la ética, la honestidad y la deontología de los medios que les informan. Aquí se puede abrir el debate sobre el amarillismo de ciertos medios que son capaces de retorcer el cuello a la realidad en aras de sus objetivos conspiranoicos. Pero ese es otro debate.

Para mí, el disco duro de referencia de lo que entendemos por periodismo sigue siendo el periódico diario, por una razón práctica: es el que nos da una visión global, con las noticias jerarquizadas y articuladas en sus secciones y apartados, así como los análisis explicando las raíces de ciertos acontecimientos. Creo que los periódicos nos dan las claves para entender mejor lo que se mueve por las redes y se proyecta en las pantallas.

EL HECHO DE de que el periódico permanezca inmóvil durante un día permite consultarlo y ver cómo sobre los escenarios de la víspera se sigue moviendo la historia con los nuevos acontecimientos y las actuaciones de los diversos personajes. Los periódicos, si se adaptan al imperativo de los cambios, sobrevivirán a las crisis para convivir con las nuevas tecnologías como referentes necesarios.

Alfonso S. Palomares, periodista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *