El periodismo español…y Orwell (2)

No me cabe duda de que George Orwell, de volver a España, y no para tomar, al fin, el imposible café en Huesca que la derrota republicana no le permitió, sino para tomarle el pulso al país, haría unas crónicas espléndidas sobre nuestro periodismo cotidiano. Empezando porque estarían bien escritas y tendrían ese humor sarcástico del que gozan los lectores.

El periodismo español que estamos viviendo es el mundo al revés. Si se cuenta un suceso, da igual que sea en digital que en papel, se dan los nombres de las víctimas, no de los culpables. En Berga, Catalunya, unos fascistas con barretina o sin ella, apalearon salvajemente a dos gais. Se llaman, lo dicen los medios de comunicación con descaro, Andy Aguilar, 28 años, y Jorge García, 23. Al principal detenido por la agresión, ya en libertad, se le cita como “presunto”; así, a secas. Cada vez me convenzo más que España es un país de presuntos delincuentes lleno de ciudadanos afectados v anónimos. A veces me tienta exigir que los medios de comunicación pasen a ser escritos y hasta dirigidos por los grandes bufetes de abogados. Nos evitaríamos la vergüenza ajena.

La Policía Nacional “interviene” un arsenal de 11.000 armas, de ellas 9.000 fusiles. “Arrestaron” a cinco personas, ignotas para nosotros salvo que debían vivir en Bizkaia, Cantabria y Girona. No hace falta haber leído a Clausewitz para saber que nueve mil fusiles hacen un ejército. ¿Y qué quiere decir “intervenir” v “arrestar”? Incluso en lenguaje jurídico son expresiones que admiten varias interpretaciones. En periodismo están prohibidas, o deberían estarlo. Ni un solo nombre, quizá por la presunción de inocencia. ¡Si a mí me pillan con 9.000 fusiles, lo de la presunción de inocencia sólo aparecería en el juicio y en palabras de mi abogado!

Esto de las armas sucedió, de creer al diminuto recuadro y a la descomunal fotografía, casi cuatro veces superior a la información, la pasada semana. ¿Es posible que nadie haya preguntado nada ni en los diversos parlamentos, ni en los medios de comunicación? Es el mundo al revés. La nueva izquierda está molesta por una misa que emiten los domingos en TVE. Desde mi condición de ateo, me parece una chorrada monumental y ganas de tocar los cojones. A mí me molestan mucho más las sesiones paranormales de fútbol en todas las cadenas y no se me ocurre decir que eso está formando idiotas en mayor medida que una misa, que es más breve que un partido de fútbol, y que ve quien le da gana. Lo otro lo hemos de ver todos, nos guste o no, porque lo piden las masas y la publicidad, y lo copan todo, las públicas y las privadas.

El periodismo en España tiene una larga y brillante historia que se quebró con la Guerra Civil. Incluso nuestra literatura contemporánea empieza con un periodista, Larra, que acabó pegándose un tiro sin cumplir los 28, y todos tan contentos porque, al fin y al cabo, la culpa se la echaron a una amante frívola. Sin embargo, además de gloriosos antecedentes tenemos otros que han dejado mayor poso social. Nuestra invención democrática más importante pasada la dictadura de 40 años no ha sido la creación de unos medios de comunicación más libres-nuestros quioscos, en clara disminución y bancarrota, son los más pobres de la Europa de nuestro entorno, Portugal incluido-, ni tampoco una prensa de izquierda que no sea digital, que de esos hay como champiñones, la mayoría incomestibles. Calculan 200, sin contar las redes sociales de aquí estoy yo porque tengo unas ideas que te cagas.

Nadie se pregunta por qué en España se fueron muriendo los semanarios. ¿Quizá porque había que esforzarse y leerlos, o porque eran una mierda, o por ambas cosas? No me canso de decir que en este país no hay opinión pública, todo lo más minorías tertuliares. Y aquí llegamos a nuestra gran aportación al mundo: el periodismo tertuliano. La transformación de la tertulia de café en acontecimiento para aprendizaje de los bobos y gran negocio de los trepas. En todo el mundo hay grupos de debate sobre tal o cual tema. Nosotros hemos llegado más lejos. Pones media docena de periodistas que hablan de lo que quieran, y cuanto más peleen entre lo patético y lo ridículo, más subirá la audiencia y se harán famosos.

El vivir de la lengua-la de la boca, me refiero- lo introdujo hace muchos años uno de los personajes más despreciables de nuestra historia periodística. García San-chiz, valenciano, el único español que según frase histórica de Valle-Inclán “vivía del sudor de su lengua”. La invención del periodista tertuliano como profesión define una época, la nuestra, donde cualquier chivato, marrullero, sicario económico de los grandes, pronuncia las más soberbias tonterías ante una audiencia que le escucha. Oficio bien pagado y por partida doble; el promotor y el medio de comunicación. Tienen la impunidad de decir lo que les dé la gana y ejercer de perros de presa de la víctima que sus jefes les han designado.

No somos una sociedad sana. Venimos de donde venimos y las fórmulas que durante cuarenta años fue inoculando el franquismo sigilen latiendo, aunque atenuadas por nuestra ingenuidad y porque a una sociedad que ha asumido la corrupción, el desprecio al otro, la desvergüenza política, le viene como un guante ese tertuliano gruñón que parece saberlo todo, que pasma a la gente ante su desbordante conocimiento de una realidad que desconoce, polla cuenta que le trae. El periodista tertuliano, como oficio, debería tener un castigo social: en primer lugar, el desprecio, y, en segundo, que tuviéramos el valor de explicar quién es quién detrás de ese micro pegado a una mesa.

Pero no, la Asociación de la Prensa de Madrid ha hablado en boca de Victoria Prego, cuya historia durante la transición merecería unos párrafos, no más, en lo que fue construir la mentira y cobrarla a buen precio. Sería difícil encontrar alguna falacia en el manejo de esa falsa leyenda sobre la transición que no llevara el marchamo de Victoria Prego.

La Asociación de la Prensa de Madrid, con el silencio cómplice de buena parte de sus miembros, ha capitaneado una protesta por el mal trato que reciben de Podemos. Algo inaudito cuando el poder se orina, literalmente, en los periodistas que asisten a las sesiones catárticas del Gobierno, no digamos de Mariano Rajoy, que además hace chistes, muy reídos por buena parte de la chusma de plumillas acreditados. “Hoy declaración de Mariano Rajoy (o de cualquier mindundi gubernamental; porque la cosa se ha convertido en hábito). No se admitirán preguntas”. ¿Y para qué van?, pregunto yo. Que mande el comunicado y así se evitan pasar por la humillación. No protesta nadie, si no es con la boca pequeña, en la estricta intimidad.

A mí me pareció un detalle de ingenio el de Pablo Iglesias cuando Ana Romero le interpeló con todo derecho al líder de Podemos, veste empezó su respuesta con gracejo: “¡Qué bonito abrigo de pieles lleva usted!”.

¿Ustedes creen que en un momento en que el periodismo se desangra entre la miseria y la soberbia, hay derecho a protestar por el mal trato de la izquierda hacia sus señorías los lacayos? Ni en peores épocas habíamos pasado por tanta vergüenza y amenazas de señoras con patrimonio. No se hubieran atrevido ni aquellos caballeros antiguos de la Asociación de la Prensa, que llevaban Obigote recortado, a lo González Ruano.

Gregorio Morán

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