El ‘peterpanismo’ político

Por Jordi García-Soler, periodista (EL PAÍS, 23/06/06):

Tocó a su fin la tan deseada y esperanzadora experiencia del primer Gobierno de la Generalitat catalanista y de izquierdas desde la recuperación de la democracia. Después de dos años y medio en que se han sucedido un cúmulo de tensiones y crisis de todo tipo, el cese de los consejeros de ERC certificó el fin de una experiencia en la que gran parte de la ciudadanía catalana había puesto su confianza. La decisión de ERC de defender el no en el referéndum de aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña hizo imposible la continuidad de la coalición de gobierno presidida por Pasqual Maragall, nacida del Pacto del Tinell, que suscribieron el PSC-CpC, ERC e ICV-EUiA. Era inviable mantener una coalición cuando un socio difería de forma radical de los otros dos en un asunto tan importante. No obstante, el fin del Gobierno tripartito estaba ya escrito desde hace mucho tiempo.

Y el fin del tripartito ha comportado tanto la convocatoria electoral anticipada como la retirada de Pasqual Maragall como candidato socialista a la presidencia de la Generalitat.

No es lo mismo estar en la oposición que ejercer responsabilidades de gobierno. Sin tener que renunciar a ningún principio, estar en un gobierno comporta la asunción de importantes dosis de pragmatismo. De alguna manera, asumir responsabilidades de gobierno es algo así como dejar atrás la infancia y la adolescencia para pasar a ser adultos. No es fácil. No lo fue, sin duda, para los partidos que vivieron en la clandestinidad durante el franquismo y que, con la recuperación de la democracia y a partir de las primeras elecciones municipales de 1979, comenzaron a asumir responsabilidades de gobierno, primero a nivel municipal, más tarde a nivel autonómico y después, con el primer triunfo electoral del PSOE en los comicios legislativos de 1982, también a nivel estatal.

Es evidente que ERC no ha sido capaz de pasar de la oposición al gobierno. El comportamiento de algunos de los representantes de ERC en el Gobierno de la Generalitat -desde la entrevista que Carod tuvo en Perpiñán con dirigentes etarras hasta la imposición de Xavier Vendrell como consejero y sus explosivas declaraciones cuando acababa de tomar posesión del cargo, pasando por las aún más intempestivas declaraciones de su antecesor, Joan Carretero, sin olvidar sus reiteradas muestras de insolidaridad gubernamental- ha sido una muestra de despropósitos y conductas impropias de políticos con responsabilidades de gobierno.

La actitud final de ERC en el referéndum estatutario confirma esta línea de actuación. Es una demostración muy clara de peterpanismo político. ERC fue uno de los impulsores principales de la reforma del texto estatutario de 1979. Lo fue desde la firma del Pacto del Tinell hasta que se produjo el acuerdo entre José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas. Aunque no se mostraban plenamente satisfechos con el texto final, al que ya no dieron su apoyo en el Congreso de los Diputados, entonces los dirigentes de ERC estaban dispuestos a dar su crítico. Pasaron a defender el voto nulo o en blanco. Carod Rovira declaraba a la cadena SER el 22 de marzo: “Nadie en ERC, comenzando por su presidente, se imagina defendiendo el no al Estatuto”. El 23 de abril, el mismo Carod Rovira decía: “El no al Estatut es patrimonio exclusivo del españolismo del PP”. Poco después, tras la rebelión de sus bases, ERC apostaba por el no.

¿Cómo se explica un cambio de posición tan radical en tan pocos días y sin que se introdujera ningún nuevo cambio en el texto sometido a consulta? ¿Cómo se explica que, incluso cuando ERC ya se había decidido por el no, la abstención de sus senadores hiciera posible la definitiva aprobación del proyecto de reforma estatutaria en las Cortes? ¿Qué coherencia política hay en esta sucesión de despropósitos, que llevó a ERC a defender, aunque fuera desde una posición radicalmente opuesta, el mismo voto que el PP en el referéndum, aunque la mayoría de sus votantes no siguieran esta consigna?

Con la única excepción del PP, ya nadie discute ahora que el texto estatutario aprobado el pasado día 18 en referéndum es mucho mejor que el actual. Está claro que reconoce mucho mejor la identidad nacional de Cataluña, que da a la Generalitat nuevas e importantes competencias, así como una financiación mucho mejor. Si todo esto es así, si así lo reconocen incluso muchos dirigentes de ERC, ¿cómo pudieron recomendar votar no desde el catalanismo? ¿No es esto infantilismo o peterpanismo político? ¿Cómo podrán querer gestionar un Estatut que han descalificado hasta la saciedad?