El poder de las lenguas

Si el chino será o no la primera lengua mundial en el futuro es un interrogante que se asocia a la repercusión que puede ejercer cualquier cambio en la geografía lingüística actual y corresponde a un conjunto de variables dinámicas incontrolables. El análisis lingüístico que aborda tanto el espacio poblacional de una lengua como los factores determinantes de la circulación actual de las lenguas más habladas del planeta se vincula no sólo al número de hablantes de una lengua sino también a su mercado potencial y su expansión; este último factor es crucial, porque la movilidad de una lengua es la que garantiza a corto y largo plazo su poder en el mundo.

La velocidad de los medios de comunicación en la sociedad de la información ha favorecido la aceleración de los intercambios comerciales y culturales globales, así como la expansión del monolingüismo social que desempeñan algunas lenguas como el inglés, que siendo la tercera lengua más hablada del mundo ocupa el primer puesto en el ranking. ¿Por qué este interés en saber qué lengua dominará el paisaje lingüístico de las próximas generaciones, si no es porque el lenguaje es la tecnología más sofisticada, más compleja e imprescindible para la comunicación, que exige un duro aprendizaje desde que nacemos? La pregunta que encabeza el artículo coincide con la hipótesis de que EE.UU. deje de ser la primera potencia económica mundial y su lugar sea ocupado por China, que ha conseguido elevarse a segunda potencia. Las lenguas son construcciones colectivas que crean una cultura, sobre la base de un territorio que preserva la identidad de sus hablantes y de una economía que tiende a extender sus fronteras. Forma parte de su naturaleza defenderse de aquellos actores o agentes sociales contaminantes que aprovechan su porosidad para infiltrarse en el tejido lingüístico de una lengua alterando o distorsionando sus límites hasta reemplazar unos usos por otros o desvirtuar las reglas gramaticales y sintácticas que la costumbre consolida. Ninguna lengua se puede librar del contacto ni de la hibridación medioambiental.

Las lenguas se desplazan con sus portadores y establecen rutas de una parte a otra del mundo. Pero también se dejan invadir estratégicamente por lenguas dominantes como el chino y el español en sus respectivas modalidades, el chinglish y el spanglish. El primero se extiende no sólo en las ciudades más cosmopolitas de China, donde se identifica con el mal uso del inglés, sino también en países del Sudeste Asiático. La geografía del spanglish, entendido como una fusión morfosintáctica y semántica del español con el inglés, ocupa comparativamente un territorio más amplio desde la frontera norte de México con la Baja California hasta Nueva York y Puerto Rico. Estos fenómenos refuerzan el poder del inglés como lengua dominante pese a vislumbrarse el declive del inglés angloamericano como lengua hegemónica, entre otras cosas, a causa de la actual crisis económica de Occidente y el auge de la economía china.

¿Es posible que el chino llegue a desplazar al inglés como lengua mundial dominante? En un planeta habitado por 6.950 millones de hablantes y 6.900 lenguas, la demografía y sus variables no se puede ignorar, aunque no sea decisivo: con más de 850 millones de hablantes, el chino mandarín es una lengua menos fuerte que el inglés, cuyos 328 millones de hablantes se hallan distribuidos en 57 países, y que el español con 329 millones de hablantes repartidos en 37 países. La dispersión geográfica, aunque letal para las lenguas débiles, garantiza la vitalidad de las más habladas. El inglés sigue dominando el terreno de los intercambios internacionales, el mercado editorial, la publicidad, los media, la edición y las publicaciones científicas, al igual que su distribución. A esto cabe sumar, su predominio en la era de internet: si en el 2009 el número de usuarios rondaba los 1.600 millones, 464 millones de internautas lo hacían en inglés, 321 millones eran chinos y 131 millones españoles. Si hacemos pensable la posibilidad de que el chino usurpe al inglés el poder que aún posee es porque esto podría llegar a suceder.

Para predecir cuál será la deriva del chino hay que tener en cuenta que es una lengua tonal como todas las siníticas –hay entre seis y doce modalidades, la que tiene mayor peso demográfico es el chino mandarín con 850 millones de hablantes, el wu con 77 millones, el min con 70 millones y el cantonés con 55 millones– y una estructura gramatical altamente analítica. El chino estándar es el mandarín basado en el dialecto de Pekín, idioma oficial en la República Popular de China y Taiwán, una de las cuatro oficiales de Singapur y una de las seis lenguas oficiales de la ONU. La dificultad del aprendizaje aumenta con la escritura que destaca por el uso de los sinogramas que reemplaza el alfabeto latino por un sistema logosilábico, en el que cada carácter es un concepto, cuya combinación permite formar palabras y oraciones.

Por Menene Gras Balaguer, directora de cultura y exposiciones de Casa Asia.

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