El poder transformador de la juventud africana

Hace unos años, conversando con jóvenes de algunos de los lugares más pobres de Senegal, dos emprendedores sociales me hablaron acerca de proyectos de ayuda comunitaria en los que estaban trabajando. Uno de ellos me dijo que quería llevar más computadoras a las escuelas primarias; el otro había creado una red para trabajadores rurales en busca de empleo en el caos urbano de Dakar, la capital de Senegal.

Cuando terminaron de contarme sus planes, los felicité, y les dije que sus padres debían estar muy orgullosos. Pero ambos rechazaron el cumplido casi al unísono: “Mis padres se oponen a lo que hago”. Luego me explicaron que las familias presionan a los jóvenes para que consigan un puesto en el Estado o usen su conocimiento del inglés para trabajar como guías turísticos, no que asuman riesgos volviéndose emprendedores.

Para los jóvenes africanos con ambiciones, los obstáculos son muchos. El camino hacia el empleo (sea formal o informal, de tipo emprendedor o tradicional) suele ser solitario. Muchos jóvenes carecen de acceso a capacitación, o tan siquiera un entorno social propicio a la experimentación. Ese día en Senegal fue para mí un recordatorio de que ayudar a los jóvenes a encontrar un empleo provechoso es lo más importante que puede hacer la comunidad internacional para colaborar con el desarrollo de África.

África tiene la población juvenil más grande del mundo. En unos 25 años, esos jóvenes integrarán la mayor fuerza laboral del planeta: más de mil cien millones de personas en edad de trabajar. Según algunas proyecciones, en la próxima década el mercado laboral africano crecerá en unos once millones de personas al año, en su mayor parte, en busca de su primer empleo.

Si los países africanos impulsan la creación de empleo y preparan a los jóvenes capacitándolos en habilidades útiles para el trabajo, esta oleada juvenil podrá generar un crecimiento económico veloz, inclusivo y sostenible para el continente, y millones de personas tendrán la oportunidad de salir por sí mismas de la pobreza.

Pero África no podrá hacerlo sola. En la Fundación Mastercard, creemos que para hacer realidad el potencial de África es necesario subsanar falencias en dos áreas fundamentales.

La primera es el acceso a productos y servicios financieros, algo de lo que según el Banco Mundial, carecen unos dos mil millones de personas en todo el mundo. En el África subsahariana, sólo el 34% de los adultos tiene cuenta bancaria, lo que dificulta a la gente reservar dinero para imprevistos (por ejemplo, una mala cosecha) o ahorrar para educación. Esto debe cambiar; los africanos no sólo deben obtener un mejor acceso a los sistemas bancarios, sino también más alfabetización financiera.

El segundo gran desafío que es preciso resolver es la falta de inclusión en la educación secundaria y superior. Si bien en algunas regiones ha habido avances, sólo un tercio, aproximadamente, de los jóvenes africanos termina la escuela secundaria. El problema afecta especialmente a las mujeres; la UNESCO estima que en África subsahariana unos nueve millones de niñas de hasta once años nunca fueron a la escuela, contra seis millones de niños.

En pos de resolver estos problemas, la Fundación Mastercard ha establecido alianzas con organizaciones locales para diseñar programas educativos y de alfabetización financiera que ayuden a los jóvenes a encontrar empleo y conservarlo. Mediante la creación de una fuerza laboral más capacitada, los programas de la Fundación colaboran con el empoderamiento de la próxima generación de miembros y líderes de las comunidades africanas para que puedan ayudar a sus familias, comunidades y países a alcanzar un futuro más venturoso.

Ya se ve en África el surgimiento de una nueva generación de emprendedores con formación y valores éticos, como los que conocí en Senegal, profundamente comprometidos con la creación de un África más fuerte. Por ejemplo, cuando pregunto a jóvenes que participan en nuestro Programa de Becarios cómo piensan aplicar los conocimientos obtenidos, casi siempre responden que una vez conseguido empleo, quieren ayudar a otras personas, regresando a sus escuelas secundarias a hacer de tutores para los estudiantes más jóvenes.

Algunos de los graduados de nuestro programa han creado en sus aldeas proyectos comunitarios para enfrentar el VIH/SIDA o construir refugios para huérfanos y niños pequeños. Cada uno de esos brillantes jóvenes africanos (ejemplos de lo que la Fundación Mastercard denomina “liderazgo transformador” en acción) tiene potencial para impulsar el cambio en sus países y comunidades.

Quienes trabajamos en el ámbito del desarrollo internacional podemos facilitar la tarea igualando el acceso de todos los jóvenes africanos a oportunidades de liderar la transformación. Si lo logramos, los soñadores africanos de hoy serán los catalizadores de cambios positivos del mañana.

Reeta Roy is President and CEO of the Mastercard Foundation. Traducción: Esteban Flamini.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *