El PP ante su tormenta perfecta

Los resultados obtenidos por el Partido Popular en las últimas elecciones catalanas han puesto de manifiesto, una vez más, las dificultades que atraviesa la formación política que todavía hoy representa mayoritariamente al centro-derecha español.

El Partido Popular no está en su mejor momento, si no en el peor. Si nos atenemos a los malos resultados que está concatenando elección tras elección, la lógica nos invita a pensar que las próximas elecciones generales no se presentan nada fáciles para el partido que sustenta al Gobierno de España. Los resultados de las elecciones catalanas son además los primeros en los que los dirigentes del PP ni siquiera pueden refugiarse, como en elecciones pasadas, en ser la fuerza más votada. En Cataluña nunca lo fue, cierto, pero nadie puede negar que estos resultados no son buenos y que relegan al PP a ser la quinta fuerza más votada en un Parlamento formado por seis grupos políticos.

A ello, además, hay que sumar, en primer lugar, el claro desplazamiento hacia la izquierda de una parte significativa del electorado; en segundo, el desgaste, sobre todo en términos de credibilidad, como consecuencia de la corrupción y del viraje ideológico en las políticas que ha desarrollado el Gobierno de la Nación y, en tercer y último lugar, la aparición de un partido como Ciudadanos, indefinido ideológicamente pero atractivo para algunos sectores de la sociedad por su juventud y capacidad discursiva para canalizar un proyecto nacional ante los ojos del elector. En resumen, el PP se enfrenta a su “tormenta perfecta”.

El PP ante su tormenta perfectaSi bien es cierto que las encuestas vaticinan una leve mejoría en intención y estimación de voto, esta es insuficiente y no debería maquillar la enorme pérdida de poder que supone para el PP. En lugar de intentar disfrazar lo obvio con juegos numéricos, el mejor modo de alcanzar la meta dejando atrás al adversario pasa por un análisis crítico de la situación que atraviesa el centro-derecha y actuar en consecuencia para mejorarla. Se han acometido cambios, sí. Pero son claramente insuficientes y pueden dar la sensación de que son gestos de forma, que no de fondo, destinados a complacer a los desencantados. ¿Podría ser que el análisis de los errores no se haya realizado o haya sido parcial?

¿Existe verdadera voluntad de cambio? Si es así, ¿Qué se puede hacer? En lo ideológico, un back to basics que refleje la casa común del centro-derecha (liberales, conservadores, centristas y demócrata cristianos) fijando posiciones de fondo y rehuyendo del discurso vacío y cambiante en función de las circunstancias o la conveniencia política. Llegar a un consenso ideológico sin las consecuentes tensiones propias de la confrontación de ideas puede ser percibido como un riesgo de debilidad interna, pero a largo plazo permite disponer de un corpus ideológico coherente, que no cerrado, que puede servir para renovar de nuevo los vínculos de identidad con los simpatizantes desencantados. En definitiva, se debe trabajar en construir un proyecto claro, coherente e identificable.

En cuanto a la corrupción, introducir a nivel organizacional instrumentos de fiscalización, de rendición de cuentas y de transparencia que deben ir unidos a cambios de funcionamiento interno que van desde la selección de personal hasta el modelo de elección para los distintos órganos de dirección y de elaboración de las listas electorales.

Con la cercanía de las elecciones generales, lo dicho anteriormente puede parecer una boutade ya que no hay tiempo, o no el tiempo deseable y necesario para iniciar una transformación de esas características. Sin embargo, si no hay tiempo material para llevar a cabo esa labor, sí que lo hay para aprovechar las oportunidades que se presentan e ir transmitiendo a la sociedad, y a los propios, que hay un interés real por iniciar una renovación motivada por una profunda reflexión.

¿Cómo? La primera oportunidad de emprender esta ardua tarea de renovación sería a través de la elaboración de las próximas listas electorales para las elecciones generales. A través de las listas se pueden trasmitir muchos mensajes y pueden servir de punto de partida para impulsar una serie de cambios que reconcilien al electorado -además de a los militantes y simpatizantes- y transmita que el compromiso del PP va más allá del discurso de las intenciones.

¿Cuáles son los criterios que aplica el Partido Popular para la elaboración de las listas electorales? ¿Se implica a la militancia en la elección de sus candidatos? ¿Cómo se fiscaliza la idoneidad y veracidad de la trayectoria de los seleccionados? ¿Se está trabajando en fichar a los mejores para atraer al talento?

En conclusión, desde Floridablanca creemos que el Partido Popular debe identificar como una gran oportunidad la elaboración de las próximas listas electorales. Que asuma ante los ciudadanos el compromiso de establecer mecanismos de participación de la militancia, fiscalización de la veracidad de los perfiles y la aplicación de criterios claros de idoneidad que permitan así la selección de los mejores, sean de la edad que sean, para representar el proyecto político del PP a la vez que se establecen las bases de una renovación de capital humano tan necesario para el proceso de renovación al que tarde o temprano deberá enfrentarse.

Isabel Benjumea es directora de Red Floridablanca.

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