El pregón y el pregonero

Asistí por segunda vez en mi vida barcelonesa a uno de esos festejos del Ayuntamiento, en este caso por la Mercè, para escuchar de viva voz y entre el personal egregio y variopinto que suele asistir a estos actos como quien va al Liceu o al Palau. La primera vez que fui, tuve un incidente con el servicio de protocolo por el trato despreciativo que mostraban hacia unos brigadistas, más que ancianos, que habían venido de EE.UU. y Canadá, para ver Barcelona por última vez. Ellos que habían arriesgado su vida por la democracia, se encontraban a unos desdeñosos funcionarios.

Creo que Javier Pérez Andújar es un espécimen de la Barcelona no institucional, es decir, ni heredero de Pujol ni de Maragall, máximos prebostes de la decisión trascendental de ser considerado ciudadano de Barcelona, o un anexo –antiguamente los llamaban charnegos, pero hoy es palabra nefanda–. Ahora hay ricos y pobres, a secas.

Reconozco mi estupor ante el pregón de Pérez Andújar sobre un mundo que jamás, que yo sepa, alcanzó a expresarse fuera de su obra creativa, que no le lloró a nadie y que jamás recibió subvención de la Generalitat, algo insólito. Había un mundo en Barcelona que la cultura oficial, tan puesta ella, consideraba fuera de sus cánones, y sin embargo fue quizá el que más influyó en las infancias. No era el Patufet, yo he sido ojeador del Patufet durante años, porque mi voluntariosa y encantadora suegra de entonces, que merecería un homenaje por su constancia y benevolencia, María Teresa Huguet, del Baix Camp (Alforja) lo enviaba a Madrid regularmente para que mis hijos lo leyeran, cosa que no hicieron jamás. Por supuesto Patufet no tenía la calidad, la ironía, y ese toque republicano emboscado que se entretejía en los tebeos; ahora se llaman cómics. Las revistas de Catalunya, ya fueran para niños o para adultos, despedían siempre un inconfundible olor a sacristía.

¡Qué triste fue en el fondo el pregón de Pérez Andújar! Me evocaba a esos buscadores de restos de los asesinados en las cunetas de la Guerra Civil. Pero tan necesario como ellos. ¿Quiénes hicieron los tebeos y sus personajes que alcanzan hoy la categoría de clásicos? En definitiva, Cervantes fue un lector ansioso de tebeos, los de su época, las novelas de caballerías, con sus personajes atrabiliarios y sus aventuras alucinantes.

Un texto brillante y benévolo. Pérez Andújar es una persona sin saña, para suerte de la basurilla de sus denostadores, capitaneados por una tunante que debe tener la lengua arpillada de tanto excederse en lengüetear a quienes la pagan desde aquel PI (Partido Independentista), donde volaron los dineros; y un caricato, chistosete para barbianes, que aparece en escena como Toni Albà –probablemente se llame Antonio Álvarez, o cosa parecida–.

¿Cuándo empezaremos a escribir nuestra propia historia? Confío que el maestro Josep Fontana, al fin salido del armario y gay confeso, y con pareja estable, de lo que me alegro, porque eso alivia las tensiones y las imposturas, después de tantos años de emboscadura, le eche un poco de valor y ayude a retirar el cartón piedra.

Viví intensamente en la comunidad vasca durante su etapa de sociedad enferma; aún sigue en cuidados intensivos. Aquello entraba de lleno en el alto riesgo porque se jugaba con la vida y con la muerte, pero quiero decir que la sociedad catalana, de un tiempo a esta parte, se desliza a la intemperancia, primer paso de la intransigencia y las paranoias. De ahí el valor que tiene el pregón de Pérez Andújar y la desmesura de las reacciones. Gente que jamás ha leído un libro suyo, es más, que ni siquiera sabe de él más que las charlotadas de faramalla independentista, anónima. ¡Una República catalana los colocaría a todos, suponen! Imagínense que el inefable Homs ha tenido la desfachatez de hablar en nombre del pueblo de Catalunya y él representa menos de un tercio; que abarca poco más allá del funcionariado. Tenemos un patán que dice representarnos, sin rubor, a la llana. Y nadie dice nada. Nuestros rigurosos intelectuales patriotas atisban cierto rubor ante la desmesura, pero en silencio.

Esta sociedad está enferma y una de las primeras cosas que debería hacer es poner un anuncio en los grandes diarios de Buenos Aires solicitando que una mesnada de psicoanalistas (ya tenemos entre nosotros un puñado) se instalaran aquí y trataran de poner la sociedad catalana en relación con la realidad.

¿Alguien que no forme parte del comedero es capaz de entender la situación política catalana? Hay un presidente de la Generalitat que se presenta en las listas en el puesto 4, para ser sustituido por un alcalde de Girona, que va de uno. Pierden las elecciones y aún no sé qué carajo hace el 4 y aún menos el 1, o el 2, porque no entiendo si el beato Junqueras es quien tiene el poder o lo es el 1. Tenemos de presidenta del Parlament a una especie de teresiana señorita, cuyos conocimientos y experiencia política me desconciertan como si entrara en una guardería. Los aliados del poder, no sé cual, pero el que aparece en los papeles, es una colla denominada CUP, la izquierda más radical, aseguran, que proponen derribar el monumento a Colón. La otra izquierda, que no sé ni cómo se llama últimamente, quiere un referéndum.

Hay más. El partido que rigió los destinos de este país durante veintimuchos años decidió ser independentista, abandonar a sus socios, que eran como una pareja de amantes mal avenidos pero que disfrutaban del mismo patrimonio, que es de lo que se trata. Rompen el trato, y se cambian de nombre, pero no saben cuál ponerle y al inventarse se encuentran que ya está registrado y añaden “europeo”, como quien pone “viva Cartagena”.

Si no escribo sobre política catalana no es sólo porque me aburre sino porque no entiendo nada. Lo de Colón sería digno de El Papus y un homenaje a Pérez Andújar. Lo de la teresiana señorita y el partido que busca nombre es digno de Jardiel Poncela. Solicito a TV3, que debería ser un servicio público, pero no como los váteres de antaño, dedicara unos minutos, entre lambetada y lambetada a los jefes, para explicar a los legos que no estamos en la pomada quién es quién.

Me he perdido. Creía que tenía suficiente con la tormenta en vaso de agua de la política madrileña, pero eso lo entiende cualquier analfabeto. No hay personaje más simple que Rajoy, que sería capaz de matar de aburrimiento incluso a un avezado psicoanalista porteño. Por eso considero que el pregón de la Mercè de Javier Pérez Andújar es un prodigio de claridad y de tristeza. Ya no tenemos tebeos, los viejos autores de nombres exóticos, recién salidos de la cárcel por rojos y que escribían novelas de vaqueros o policíacas, están muertos o fuera de onda. ¿Qué hacemos, mentes privilegiadas? Nos queda escribir de gastronomía o instruir sobre la ensaladilla rusa (que nunca fue rusa). Hay algo en lo que estamos peor que durante el franquismo. Y es que entonces pensábamos que todo iba a cambiar cuando lo derribáramos. ¿Usted cree que si tuviera hijos en edad de formarse les metería en una de las escuelas de fútbol que llenan la ciudad? Antaño había escuelas de música, de dibujo, de danza, incluso de artes marciales… ¡pero una escuela de fútbol! Primera lección, el balón es redondo. 200 euros.

Gregorio Morán

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