El Presidente está desnudo

Por Florentino Portero (ABC, 23/10/08):

No era verdad. Por más que altos cargos del Gobierno o del Partido Socialista repitieran que José Luis Rodríguez Zapatero estaba representando un papel protagonista en la gestión de la crisis económica internacional, resultaba evidente que tampoco en este tema nuestro presidente tocaba balón. Lo suyo es la Alianza de las Civilizaciones con el Islam, no la «alianza de los civilizados», en oportuna expresión de Tony Blair.

El presidente apareció crispado e incómodo ante las cámaras de la televisión desautorizando a su vicepresidente económico, que oportunamente le había echado un capote restando importancia a la cumbre acordada por la Unión Europea y Estados Unidos. ¡Qué más daba estar si no era para tanto! Pero lo era, vaya que si lo era. El presidente comprendió que Nicolás Sarkozy y George Bush estaban poniendo en evidencia ante la opinión pública española e internacional el hecho de que España había dejado de ser actor relevante. En el momento en el que había que negociar las nuevas reglas del sistema económico ¿qué más daba lo que dijera el presidente español? Al fin y al cabo en España no hay crisis y nuestra economía está a punto de superar a la italiana e incluso a la francesa.

El argumento, repetido hasta la saciedad, de que la política exterior no trata de gustos sino de intereses y que la defensa de los nuestros requería disponer de una posición de autoridad en Washington no caló en quien venía acorazado de prejuicios ideológicos. Para Rodríguez Zapatero la diplomacia es sólo un instrumento al servicio de la política interior. En esta lógica España ha tenido un comportamiento con Estados Unidos impropio de un aliado, incumpliendo acuerdos y buscando el enfrentamiento. Rodríguez Zapatero ha recogido sus frutos: votos desde los sectores más radicales y «ninguneo» desde la primera potencia mundial. En más de cuatro años no ha conseguido tener una sola entrevista con Bush ¿Por qué razón iba el presidente norteamericano a invitarle ahora a una reunión en Nueva York de la que es anfitrión?
Rodríguez Zapatero no entiende de intereses nacionales. Si la Nación es «concepto discutido y discutible», pero inequívocamente conservador, si a lo que aspira nuestra renovada, postmoderna y relativista izquierda es a disolver este rancio resquicio de un mundo en vías de superación en una Europa definitivamente unida, ¿qué sentido tiene reivindicar un papel relevante en el mundo? José María Aznar creía en la nación española, luchó para que fuera reconocida y lo consiguió. Tanto en Bruselas como en Washington, España contaba. Rodríguez Zapatero enterró conscientemente ese legado y nos devolvió al «corazón de Europa». Pero no era verdad. No lo podía ser porque nunca antes habíamos estado tan dentro. No lo podía ser porque lo que en realidad se buscaba era disolvernos en esa Europa unida virtual a la que aspira nuestra izquierda. Con Rodríguez Zapatero desaparecimos de Washington, pero también, aunque en menor medida, de Bruselas. Cuando no se cree en la nación difícilmente se puede aspirar a tener una gran política. En Bruselas, como en Washington, los acuerdos son el resultado de las negociaciones entre los presidentes y de sobra es conocido que ni Nicolás Sarkozy ni Angela Merkel, para qué hablar del nunca olvidado Tony Blair, sienten gran respeto por quien se ha comportado en distintos momentos con frivolidad e inconsistencia.

Poco a poco vamos recibiendo más información sobre cómo se gestó la cumbre. Parece ser que Sarkozy sugirió a Bush una reunión del G-8 y que éste apuntó a que sería más apropiado incluir a las potencias emergentes. De ahí las dudas sobre el formato final. No había uno cerrado. Sencillamente las presidencias europea y norteamericana trataban de establecer la lista de estados a los que habría que invitar para que el proceso de toma de decisión fuera más representativo y eficaz. Lo que está en la mente de todos, lo que incomoda sobremanera a Zapatero, es la pregunta de qué hubiera ocurrido si el tándem Aznar-Rato estuviera al frente de la economía española ¿Hubiera quedado España fuera de la convocatoria? O, por el contrario, ¿no habría estado nuestro Gobierno en la cocina de la propia convocatoria, como seguro lo ha estado la diplomacia británica con la discreción debida?

La cumbre de Nueva York no sólo ha desvelado lo que ya sabíamos pero el aparato mediático al servicio del Gobierno trataba de ocultar: que el gobierno de Rodríguez Zapatero ha llevado a España a una situación internacional que de menguante pasó a irrelevante. Además, ha puesto de manifiesto, gracias a los nervios del presidente, las mentiras orquestadas sobre el protagonismo español en las recientes cumbres europeas. Con la falta de pudor que caracteriza a esta nueva hornada de socialistas, hemos tenido que escuchar un concertado coro de voces henchidas de orgullo patrio que nos explicaba el formidable papel jugado por Zapatero en las últimas cumbres. Se trataba de hurtar el mérito a quien sí lo había tenido y que además, como suele ocurrir, no lo había reclamado. Es el mundo virtual del socialismo español, donde todo se reduce a controlar el discurso político y establecer cuantas «realidades» convenga.

Rodríguez Zapatero se descompuso al saber que su presencia había sido descartada y su orgullo le jugó una mala pasada. En esta ocasión no supo controlarse y él mismo nos comunicó, como aquel niño inocente, que el presidente estaba desnudo, que los ropajes con los que había revestido su figura internacional no eran más que palabras, un burdo engaño ejecutado por su entorno y amparado por su corte mediática. Posiblemente no actuó con patriotismo, porque en el nuevo diccionario de lo políticamente correcto patriótico es aquel comportamiento que se caracteriza por ocultar la realidad con el fin de garantizar el bienestar común. Pero nos ha permitido constatar cuál es el papel que ocupamos en la sociedad internacional gracias a su gestión.

No le quitemos todo el mérito. Rodríguez Zapatero pidió a Sarkozy que en la nueva convocatoria se incluyera a alguna nación árabe. Aquí sí que la influencia de nuestro Gobierno se ha hecho patente. Arabia Saudí estará en Nueva York junto con otros estados que no se encontraban entre los elegidos cuando Zapatero perdió los papeles, pero que finalmente han sido invitados: Argentina, Australia, Indonesia, Corea y Turquía. Un refuerzo de última hora que hará más representativa la cumbre, pero que no hace sino poner aún más en evidencia la ausencia de España.