El presupuesto militar indefendible de Rusia

El 9 de mayo, Rusia llevó a cabo su mayor desfile militar desde la era soviética. En la tradición de esa era, la Plaza Roja estaba colmada con el último equipamiento del ejército, incluido el nuevo tanque T-14 «Armata». Y, también en la tradición de esa era, la gente común no perdió tiempo para hacer bromas cuando el tanque se quedó parado durante el ensayo del desfile: «El Armata verdaderamente tiene un poder destructivo sin precedentes; un batallón puede destruir todo el presupuesto ruso».

La broma, aunque exagerada (cada tanque cuesta unos 8 millones de dólares), resaltó otro retroceso a la vida soviética: un gasto excesivo en el ejército. Hoy no cabe ninguna duda de que el gasto militar del Kremlin está amenazando la posición fiscal de Rusia, que ya se vio afectada por los bajos precios mundiales del petróleo y por las sanciones económicas de Occidente. Y esta oleada de gastos no da señales de desaceleración. En los últimos meses, el crecimiento en el gasto militar se aceleró rápidamente, excediendo los planes ya ambiciosos de las autoridades.

El presupuesto de 2015 que Rusia desarrolló el verano pasado estaba basado en la presunción de que los precios del petróleo se mantendrían en 100 dólares por barril, con un crecimiento anual del PIB y una inflación de alrededor del 2% y el 5% respectivamente. Luego los precios del petróleo se derrumbaron, la economía se contrajo y la inflación alcanzó los dos dígitos. El gobierno de Rusia tardó en aceptar la realidad, y el presidente Vladimir Putin recién firmó un presupuesto revisado el mes pasado.

La buena noticia es que el nuevo presupuesto es mucho más realista, ya que recorta el gasto aproximadamente un 2% en términos nominales. Considerando que la inflación anual es de por lo menos un 11%, esto representa aproximadamente una reducción real del 8% en el gasto planeado.

Sin embargo, en tanto los precios más bajos del petróleo y la contracción económica minan los ingresos presupuestarios, el déficit se incrementará del 0,5% al 3,7% del PIB. Este es un problema importante, ya que Rusia, a pesar de su minúscula deuda soberana de sólo el 13% del PIB, no puede endeudarse en los mercados financieros globales, debido a las sanciones occidentales.

En consecuencia, la única opción del gobierno ruso para financiar su déficit es recurrir a su fondo de reserva, que está destinado a proteger a la economía de las sacudidas. El fondo representa apenas alrededor del 6% del PIB, por lo que Rusia puede mantener un déficit del 3,7% durante menos de dos años antes de tener que retirarse de Ucrania para que aflojen las sanciones occidentales o implementar un ajuste fiscal importante -y, para Putin, políticamente peligroso.

Pero incluso este escenario puede ser demasiado optimista. Según datos presupuestarios recientemente publicados, durante los primeros tres meses de 2015, el gasto no vinculado representó el 16,5% del PIB trimestral, como estaba planeado. Pero el gasto militar excedió el 9% del PIB trimestral –más del doble de la cantidad presupuestada.

En otras palabras, Rusia ya gastó más de la mitad de su presupuesto militar total para 2015. A este ritmo, su fondo de reservas quedará vacío antes de fin de año.

El hecho de que el fondo de reserva se esté consumiendo de esta manera representa un paso decisivo en un largo debate sobre el gasto militar de Rusia. Ese debate comenzó en 2011, cuando el entonces presidente Dmitri Medvedev propuso aumentar el gasto militar en 600.000 millones de dólares, llevándolo de menos del 3% a más del 4% del PIB, en el lapso de diez años. Cuando el entonces ministro de Finanzas Alexei Kudrin –que había presidido los excedentes presupuestarios, ayudado a crear el fondo de reserva y recortado considerablemente la deuda estatal- sostuvo que Rusia no podía hacer frente a este incremento, fue despedido. El plan fue adoptado poco tiempo después.

Sin embargo, el alejamiento de Kudrin no cambió los hechos. El objetivo del Kremlin era extremadamente ambicioso, en función de los estándares rusos y también globales. La mayoría de los países europeos hoy gastan menos del 2% del PIB en defensa; China gasta apenas por encima del 2%, y Estados Unidos gasta alrededor del 3,5%. Según el Banco Mundial, sólo nueves países en el mundo, entre ellos Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos e Israel, gastan más del 4% del PIB en sus ejércitos.

Rusia simplemente no puede sustentar la asignación de un porcentaje tan grande de su presupuesto al gasto de defensa. Es más, su industria de defensa carece de la capacidad para producir equipos modernos con la velocidad que preveía el plan.

Desde la adopción del plan, los escándalos que implican sobreprecios y corrupción se han multiplicado, y muchos ejecutivos de defensa perdieron sus empleos. Y aun así, hasta este año, el gasto real en defensa se mantuvo en alrededor del 3% del PIB.

En este contexto, la reciente ola de gasto militar de Rusia resulta mucho más sorprendente, ya que sugiere que el gobierno, desesperado por retener el respaldo popular en medio de un desempeño económico en caída, está menos interesado en invertir en equipos más modernos que en mostrar su respaldo por los rebeldes en el este de Ucrania, inclusive si esto implica una mayor penuria económica. El Kremlin, inclusive, podría estar preparando una ofensiva importante para los próximos meses. Tal vez otra alternativa sea que no tiene ninguna estrategia y que el gasto militar inusualmente alto simplemente refleja los costos más altos de lo esperado del conflicto.

Como sea, la lógica económica y financiera de Kudrin es aún más válida hoy que cuando fue desvinculado de su cargo. Si Rusia no puede afrontar un presupuesto de defensa de 4% del PIB en tiempos buenos, posiblemente no pueda hacer frente a un gasto militar tan alto hoy, cuando enfrenta precios del petróleo en mínimos récord, sanciones occidentales y recesión económica. Por supuesto, el gobierno podría estar apostando a una recuperación del precio del petróleo; después de todo, los precios históricamente se recuperaron cuando Rusia lo necesitó. Pero, al igual que el T-14 en la Plaza Roja, la suerte de Putin tal vez también esté a punto de parar.

Sergei Guriev, a former rector of the New Economic School in Moscow, is Professor of Economics at Sciences Po.

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