El primer espacio político transnacional del mundo

Por Jeremy Rifkin, autor de El sueño europeo: Cómo la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano (Ediciones Paidós). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 24/03/07):

Mañana, 25 de marzo, la Unión Europea (UE) celebra el 50º aniversario de la firma del Tratado de Roma, por el que se estableció la Comunidad Europea. La UE es una extraordinaria estructura de gobierno sin paralelo en la historia. Quinientos millones de seres humanos en 27 países, desde el Mar de Irlanda hasta las puertas de Rusia, se han agrupado en menos de tres generaciones para crear el primer espacio político transnacional del mundo.

Tengo que decir, ante todo, que no soy ingenuo respecto a Europa, sobre todo en cuanto al lado oscuro de su historia. Soy consciente de que se ha derramado más sangre en Europa que en ninguna otra región del mundo. Sin embargo, tras dos mil años de luchas y conflictos, Europa salió de la Segunda Guerra Mundial decidida a empezar un nuevo capítulo en las relaciones entre los seres humanos. Y lo ha conseguido.

A diferencia de otras formas de gobierno en el pasado, cuya razón de ser siempre era la extensión del poder y la expropiación de personas, recursos y territorios, la UE se concibió con un objetivo distinto: el deseo de aunar los intereses colectivos, ampliar la reciprocidad y crear una paz duradera basada en la confianza entre los pueblos.

Lo que ha cambiado es que, por primera vez en la historia, un colectivo determinado de la raza humana se atreve a pensar como especie. En este sentido, el experimento de gobierno de la Unión Europea es tanto un vuelco revolucionario en la conciencia como un cambio en la imaginación política.

Desde mi punto de vista, el de un observador estadounidense que ha pasado gran parte de su vida en Europa, lo que está claro en medio de la ciénaga cotidiana de peleas mezquinas, restos de prejuicios e hipocresías vergonzosas, es que poco a poco va saliendo a la superficie una nueva visión del sentido de la vida, al menos entre los europeos con formación universitaria.

En primer lugar, el Sueño Europeo es muy distinto del Sueño Americano que marcó la pauta en el mundo durante los siglos XIX y XX. El Sueño Americano habla de oportunidades individuales. Definimos nuestra libertad en función de la autonomía y la movilidad; por eso estamos enamorados del automóvil. Nos enseñan que la lucha para lograr nuestros propios intereses, a solas, en el mercado, es la mejor vía hacia la felicidad personal y el progreso de la sociedad. Y, hasta hace poco, el Sueño Americano gozaba de buena salud.

Los jóvenes europeos, en cambio, tienen otro sueño. Cuando se les pide que digan qué visión tienen del futuro, inevitablemente responden que sueñan con una “buena calidad de vida”, que es un interés más colectivo.

A pesar de las numerosas diferencias que existen en la que es, sin duda, la región con más diversidad cultural del mundo, hay ciertos denominadores comunes que comparten casi todos los europeos jóvenes y con educación. Facilitar la buena calidad de vida, asegurar el desarrollo sostenible, propugnar los derechos humanos y sociales, hallar el equilibrio entre trabajo y ocio, responsabilizarse de los que son menos afortunados y construir puentes hacia la paz: éstos son los rasgos determinantes del incipiente Sueño Europeo y lo que de verdad se celebra en el 50º aniversario de la Unión.

Como es natural, los sueños son lo que a la gente le gustaría ser, no lo que es. Los europeos tienen que recorrer todavía mucho camino hasta que sus sueños se hagan realidad. Pero lo que es más interesante del experimento europeo, a pesar de todos los fallos humanos, es que una parte significativa de la raza humana esté intentando -aunque sea débilmente- aspirar a una “conciencia global” en una era interconectada a escala mundial.

Los aniversarios son una oportunidad, no sólo de reflexionar sobre los logros del pasado, sino también de fijar futuros objetivos. Me gustaría sugerir cuatro prioridades fundamentales para los próximos 50 años de integración europea.En primer lugar, los europeos deben sentar un ejemplo para el mundo transformando las relaciones internacionales y abandonando la lucha geopolítica tradicional que ha dominado las relaciones entre pueblos y naciones desde la Paz de Westfalia de 1648 para iniciar una “política de la biosfera”. En años venideros, nuestro bienestar individual y colectivo va a depender cada vez más de nuestra capacidad de entender que la biosfera del planeta es nuestro hogar común. El cambio climático, la pérdida de ecosistemas y hábitats, la extinción de especies y la disminución de las reservas de agua dulce son una amenaza para la mera supervivencia de la civilización, y exigen un cambio de paradigma en nuestra forma de pensar sobre la tierra.

Segundo, los europeos tienen que mostrar al mundo que los seres humanos pueden vivir juntos en esta tierra, con toda su diversidad. De hecho, el apodo de la UE es “unidad y diversidad”. En la práctica, los europeos todavía tienen que demostrar que Europa puede ser verdaderamente una plaza pública mundial, un lugar en el que las diásporas culturales del mundo puedan vivir juntas respetándose mutuamente y en un espíritu de tolerancia. La creciente xenofobia y el ascenso de los movimientos políticos ultranacionalistas están sembrando las semillas de un nuevo y violento sentimiento en contra de los inmigrantes en algunas regiones de Europa. La prueba de fuego del Sueño Europeo será su capacidad de acoger e integrar a millones de inmigrantes procedentes de fuera de la UE, sobre todo las minorías musulmanas del norte de África y Oriente Próximo. Por su parte, los nuevos inmigrantes tienen que encontrarse con sus anfitriones europeos a medio camino y convertir el Sueño Europeo en parte de su propio sueño.

Tercero, los Estados miembros de la Unión Europea necesitan encontrar una forma de racionalizar y equilibrar su modelo social y su modelo de mercado para asegurarse de que las virtudes de cada uno complementan los puntos débiles del otro. Fomentar la iniciativa personal, recompensar el espíritu emprendedor y promover el desarrollo del mercado, sin dejar de garantizar el reparto amplio y justo de los frutos del progreso económico, son pasos fundamentales para el futuro de una Europa social.

Por último, los europeos deben tener un papel mucho más importante en el escenario mundial y convertir su modelo de paz y cooperación transnacional en un modelo para todo el mundo. En Asia, Latinoamérica y África están en marcha intentos de crear espacios políticos internacionales como la Unión Europea. La UE puede facilitar el proceso si comparte sus “mejores prácticas”, actúa como espuela y como conciencia y construye relaciones de cooperación con otras regiones que estén disponiéndose a emprender su propio recorrido hacia una era mundial transnacional.

Por ahora, es suficiente con que todos los que procedemos de otras partes del mundo digamos feliz 50º aniversario a la Unión Europea y a nuestros amigos europeos. Vuestros logros son una fuente de inspiración y un reto que nos empuja al resto a aspirar también a más.